domingo, 30 de septiembre de 2018

Embolia pulmonar: una puesta al dìa en profundidad
La embolia pulmonar (EP) es causada por émbolos que se originan a partir de trombos venosos que se dirigen hacia las arterias pulmonares y las ocluyen.Autor: Huisman MV, Barco S, Cannegieter SC et al Fuente: Nature Reviews Disease Primers volume 4, Article number: 18028 (2018) Pulmonary embolism
Resumen
• La embolia pulmonar (EP) es causada por émbolos que se originan a partir de trombos venosos que se dirigen hacia las arterias pulmonares y las ocluyen.
• La EP es la forma más peligrosa de tromboembolia venosa. La EP no diagnosticada o no tratada puede ser mortal. La EP aguda se asocia con disfunción del ventrículo derecho (VD), que puede generar arritmia, colapso hemodinámico y shock.
• Las personas que sobreviven a la EP pueden sufrir el síndrome post EP, caracterizado por restos trombóticos crónicos en las arterias pulmonares, disfunción persistente del VD, disminución de la calidad de vida y/o limitaciones funcionales crónicas.
• Hubo importantes mejoras en el diagnóstico y el tratamiento de la EP aguda en los últimos años, como algunos estudios de fase III que demostraron el valor de los anticoagulantes orales directos para el tratamiento de la tromboembolia venosa.
• Las investigaciones a futuro deben estudiar nuevas opciones terapéuticas y mejores métodos para pronosticar las complicaciones alejadas y definir los parámetros para el tratamiento anticoagulante óptimo en cada paciente y saber más sobre el síndrome post EP.
La tromboembolia venosa aguda (TVA), que incluye la trombosis venosa profunda (TVP) y la embolia pulmonar aguda (EP), es una causa importante de muerte, sobrepasada solo por el accidente cerebrovascular (ACV) y el infarto de miocardio. La EP se produce cuando un émbolo se desprende de un trombo venoso y ocluye los vasos sanguíneos del árbol arterial pulmonar.
La trombosis está regulada por una cascada de coagulación de múltiples pasos, que involucra a numerosos factores y se puede desencadenar por hipercoagulabilidad del plasma, cambios en el flujo sanguíneo y disfunción de las células endoteliales. Sin tratamiento, la EP tiene alta mortalidad, especialmente en presencia de disfunción del ventrículo derecho (VD).
En una EP aguda, la arritmia o la insuficiencia masiva del VD o la combinación de ambas, puede causar un colapso hemodinámico agudo que conduzca a insuficiente flujo sanguíneo arterial a los órganos y, por último a la muerte. Incluso tras el tratamiento exitoso, hasta el 10% de los supervivientes de una EP morirá en el curso de un año.
Los pacientes que sobreviven a una EP pueden sufrir el síndrome post EP, con mayor riesgo de EP recurrente PE y deterioro funcional. Dentro del síndrome post EP se mencionaron dos trastornos específicos: enfermedad vascular tromboembólica crónica (EVTEC) e hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTEC).
La EVTEC es una alteración funcional debida a restos tromboembólicos crónicos en el árbol arterial pulmonar sin hipertensión pulmonar, es decir una presión sistólica pulmonar media <25 mm Hg.
La HPTEC es una presión arterial pulmonar media ≥25 mm Hg, con presión de capilar pulmonar ≤15 mm Hg y la presencia de múltiples trombos oclusivos crónicos u organizados en el árbol arterial pulmonar después de por lo menos tres meses de tratamiento anticoagulante.
En este artículo, la EP y la HPTEC se presentan como un continuum, pero es importante señalar que el 25–30% de los pacientes con HPTEC no refiere ningún episodio de TVA sintomática.
Dada la prevalencia de esta enfermedad, es notable que, en contraste con el infarto de miocardio y el ACV, haya poca conciencia de la TVA.
Tres pasos son esenciales en el tratamiento de la EP:
1) El pronóstico de los pacientes depende de un diagnóstico rápido, sencillo y accesible;
2) El triage preciso de la EP según el riesgo de complicaciones agudas, como la insuficiencia VD, permitirá el tratamiento apropiado;
3) Estimar la duración óptima del tratamiento exige la evaluación precisa de los riesgos a largo plazo de TVA recurrente y/o de hemorragia asociada a la anticoagulación para el paciente con EP.
A pesar de los grandes progresos en estos pasos en los últimos años aún persisten problemas sin resolver, entre ellos la prevención o la detección temprana de la HPTEC.
Epidemiología
Incidencia y mortalidad
La tasa de recidiva de la embolia pulmonar es de ~22% tras 5 años
En los E.E.U.U. y Europa la incidencia de TVA es de 1–2 casos por 1000 habitantes por año, cifra que aumenta exponencialmente con la edad. Aunque la incidencia de TVA ha permanecido más o menos estable, la contribución de la EP a esta cifra está en aumento, mientras que la TVP está disminuyendo, lo que posiblemente se debe en parte al aumento del hallazgo incidental de EP detectado con la tomografía computarizada (TC) torácica.
Además, la calidad de la imagen obtenida por TC mejora continuamente, lo que permite diagnosticar un número creciente de pequeños émbolos pulmonares (subsegmentarios) y por lo tanto el aumento de la incidencia.
La tasa de recidiva de la EP es de ~22% tras 5 años. En estudios de observación, los pacientes con EP inicial son aproximadamente tres veces más proclives a sufrir EP recurrente que los pacientes con TVP inicial. Además de TVP recurrente los pacientes que sobrevivieron a la EP aguda tienen mayor riesgo de enfermedad cardiovascular arterial, cáncer y disminución crónica de la calidad de vida debido a limitaciones funcionales duraderas.
Varios estudios indican que hasta la mitad de las personas que sobrevivieron a una EP refieren síntomas de intolerancia al ejercicio que corresponden a un puntaje de insuficiencia cardíaca de la New York Heart Association (NYHA) ≥11 tras el seguimiento de 6 meses. La incidencia a dos años de HPTEC tras la EP aguda sintomática es del 0,6% en todos los pacientes con EP y del 3.2% en los que sobrevivieron a la EP.
Factores de riesgo
• Factores de riesgo para TVA. Se identificaron muchos factores de riesgo para la TVA y se pueden dividir en factores de riesgo de origen genético, adquirido y mixto (por ejemplo, altos niveles de factores procoagulantes). Los factores de riesgo genéticos más importantes son de dos clases.
La primera clase comprende mutaciones de pérdida de la función en genes que codifican para anticoagulantes naturales, como PROCPROS1 SERPINC1 (codifican respectivamente para la proteína C, proteína S y antitrombina).
Las mutaciones de estos genes son muy heterogéneas y las familias afectadas tienen una mutación específica que es relativamente rara en la población general. La heterocigosidad para un alelo de riesgo puede aumentar el riesgo de TVA hasta 10 veces en las familias afectadas.
La segunda clase abarca mutaciones más comunes de aumento de la función en genes que codifican para proteínas procoagulantes, como F5 F2 (codifican respectivamente para el factor V de coagulación y la protrombina), y FGAFGB FGG (codifican colectivamente para el fibrinógeno).
Entre los factores adquiridos de riesgo de TVA, los más fuertes son los factores relacionados con otras morbilidades, como la cirugía y la hospitalización prolongada. Además, entre los pacientes ambulatorios diversas enfermedades aumentan el riesgo de TVA, entre ellas el cáncer, trastornos inflamatorios como la enfermedad intestinal inflamatoria, infecciones como la infección respiratoria o urinaria, el hipertiroidismo y las nefropatías.
Los anticonceptivos hormonales y el tratamiento de reemplazo hormonal producen estados hipercoagulables leves y aumento del riesgo de TVA en mujeres por lo demás sanas, al igual que el embarazo y el puerperio.
Por último, la obesidad se asocia con aumento del riesgo de TVA, aunque no se sabe bien si se debe a un estado de hipercoagulación o a otros mecanismos, como disminución de la movilidad, compresión venosa u otras causas.
• Factores de riesgo para EP versus TVP.
La mutación del factor V de Leiden y factores de riesgo hormonal aumentan el riesgo de TVP al inducir resistencia a la proteína C activada (un anticoagulante); un mecanismo similar se propuso para la obesidad. La resistencia a la proteína C activada puede aumentar preferencialmente el riesgo de TVP y no el riesgo de EP a través de la disminución de la fibrinólisis y por lo tanto disminución de la embolización.
Otros factores de riesgo generan mayor riesgo de EP que de TVP - por ejemplo, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la neumonía y la drepanocitosis. Estos factores tienen poco o ningún efecto sobre el riesgo de TVP.
En la drepanocitosis, los drepanocitos tienen tendencia a formar coágulos, que son atrapados con facilidad en las arterias pulmonares pequeñas; puede aparecer un síndrome torácico agudo en el que la hipoxia aumenta aún más la coagulación, llevando a la larga a coágulos en las arterias pulmonares más grandes.
El rasgo drepanocítico tiene gran prevalencia en la raza negra, lo que podría explicar en parte el mayor riesgo de EP que de TVP en las personas negras que en las blancas. Por último, la fibrilación auricular podría estar relacionada con la EP.
Estudios epidemiológicos mostraron mayor riesgo de EP que de TVP en pacientes con fibrilación auricular, especialmente en las semanas posteriores al diagnóstico de fibrilación auricular. Un posible mecanismo de esto es que el flujo sanguíneo anormal en la aurícula derecha podría producir formación de un coágulo y embolia.
• Factores de riesgo para el sindrome post EP. Varios factores se han asociado con el síndrome pos EP.
1) El desacondicionamiento que se produce tras el ingreso al hospital y el efecto cardiovascular de la EP aguda son probablemente importantes para la recuperación física del paciente, así como la presencia de otros trastornos comórbidos cardiopulmonares, como EPOC o enfermedad coronaria.
2) Los defectos persistentes de la perfusión pulmonar se mencionaron en el 20–30% de los pacientes con EP a pesar del tratamiento anticoagulante adecuado.
3) La disfunción persistente del VD se detectó en hasta el 44% de los pacientes 6–12 meses después de una EP aguda. La disfunción grave del VD al inicio de la enfermedad, las comorbilidades cardiovasculares conocidas, los defectos de perfusión persistentes y la ancianidad se asociaron con mayor riesgo de alteración funcional persistente del VD en estos pacientes.
Por último, como ya se mencionó, la HPTEC es una enfermedad crónica asociada con síndrome pos EP. Los factores de riesgo de HPTEC se resumen en el cuadro siguiente.
Cuadro 1 |

Factores de riesgo de HPTEC• Tratamiento de reemplazo tiroideo
• Tumor maligno
• Tromboembolia venosa (aguda o recurrente)
• Anticuerpos antifosfoslipídicos
• Valores plasmáticos aumentados de factor VIII
• Grupo sanguíneo no 0
• Comunicación ventriculo-auricular shunt
• Infección de los catéteres del marcapaso
• Cánulas venosas permanentes
• Esplenectomía
• Trastornos inflamatorios crónicos
Mecanismos de no resolución de trombos implicados en la fisiopatología de HPTEC
• Angiogénesis defectuosa
• Inflamación sistemática
• Alteraciones del fibrinógeno y /o alteraciones de la fibrinólisis
• Respuesta inmunitaria equivocada a los coágulos venosos
• Activación de las células endoteliales y mesenquimatosas inducida por hipoxia

HPTEC, hipertensión pulmonar tromboembólica crónica.
 
Mecanismos/fisiopatología
>  Etiología de la EP aguda
La EP se define por un proceso de trombos venosos fuera de su origen (habitualmente las venas profundas de las piernas) y que se desplazan como émbolos a través de la vena cava y el lado derecho del corazón hacia las arterias pulmonares.
Después de este desplazamiento, los trombos se pueden romper y alojarse en las arterias pulmonares periféricas o, si son muy grandes, permanecer en la bifurcación arterial pulmonar principal, que genera una “embolia en silla de montar”.
Esto puede causar grave compromiso hemodinámico, colapso y disnea intensa. Si los trombos se desplazan a las arterias más pequeñas y a las arterias terminales, pueden causar infarto pulmonar, provocando intenso dolor que aumenta con la respiración.
> Fisiopatología de la insuficiencia del VD
• Importancia de la insuficiencia del VD. La disfunción e insuficiencia del VD es la causa principal de muerte en la EP. En condiciones normales, el sistema vascular pulmonar tiene baja resistencia, lo que explica las propiedades del VD (pared delgada y menor contractilidad que el ventrículo izquierdo).
Además, la reserva de contractilidad del VD a la sobrecarga de presión o volumen es pequeña debido a su baja masa, lo que hace que el VD sea vulnerable al aumento repentino de la poscarga, como puede suceder en la EP aguda.
• Mecanismos de la insuficiencia del VD. El aumento de la poscarga del VD en la EP aguda se debe a la obstrucción mecánica de la vasculatura pulmonar por émbolos y, en menor grado, por vasoconstricción que se asocia a la obstrucción desencadenada por mediadores vasoactivos liberados por las células endoteliales y las plaquetas (tromboxano A2 y serotonina).
El aumento repentino de la presión arterial pulmonar aumenta la dilatación del VD. Ambos contribuyen al aumento de la elongación de los miocitos del VD, que se refleja por aumentos del propéptido natriurético cerebral N-terminal (NT-proBNP) y de la troponina en la EP aguda.
Para equilibrar el aumento de la poscarga, la contractilidad del VD debe aumentar por el aumento de la activación neurohumoral (aumento de la actividad del sistema renina-angiotensina, el sistema nervioso simpático, la vasopresina y el péptido natriurético auricular) y la dilatación del VD (mecanismo de Frank–Starling).
Si este aumento de la contractilidad no se equilibra, el aumento de la poscarga disminuirá, provocando la disminución sistémica de la presión arterial, que desencadena la producción de catecolaminas y el sistema neurohumoral.
El mecanismo de la dilatación del VD, según el mecanismo de Frank–Starling, aumentará al máximo la contractilidad al optimizar la relación longitud–tensión de las fibras del músculo cardíaco solo hasta cierto umbral. La dilatación más allá de este punto provocará la insuficiencia
En la EP aguda, el aporte de oxígeno al VD es limitado y lleva a más alteraciones de la contractilidad. Dos factores se asocian con disminución del aporte de oxígeno: disminución de la perfusión coronaria e hipoxemia.
Como consecuencia del aumento de la tensión de la pared del VD, la reducción del aporte de oxígeno al miocardio y el aumento de la demanda de oxígeno, se producirá más activación neurohumoral a nivel sistémico e intracardíaco.
La sobrestimulación neurohumoral puede inducir una respuesta inflamatoria- hipótesis apoyada por estudios de tejidos de pacientes muertos por EP aguda que mostraron entrada extensa de células inflamatorias al VD, imitando el cuadro de miocarditis inducida por catecolaminas.
Otro mecanismo importante de insuficiencia del VD es la interdependencia ventricular - el concepto de que el tamaño, la forma y la distensibilidad de un ventrículo afectan las propiedades del otro ventrículo debido a interacciones mecánicas. Como consecuencia del aumento de la tensión de la pared del VD, el tiempo de contracción de este aumenta y continúa mientras el ventrículo izquierdo ya está en el comienzo de la fase diastólica.
Esto genera un desplazamiento del tabique interventricular hacia la izquierda, comprometiendo así el llenado y el gasto cardíaco del ventrículo izquierdo y agregando ineficiencia mecánica al VD. La progresión de la insuficiencia del VD llevará al corazón a un bucle de retroalimentación mortal donde el aumento de la demanda y la disminución del aporte de oxígeno desencadenan la inestabilidad hemodinámica y las taquiarritmias que son responsables de la muerte en la EP aguda.
En el caso de aumento gradual de la presión de la arteria pulmonar como en la HPTEC, el VD se puede adaptar. El primer paso en el proceso es la hipertrofia del VD, que disminuye la tensión de la pared y aumenta la contractilidad del VD (hasta cinco veces más). Pero si el aumento de la carga tensional supera la capacidad de adaptación del VD, este entrará en un bucle de retroalimentación de insuficiencia caracterizado por dilatación progresiva del VD, disminución del volumen sistólico y aumento de la frecuencia cardíaca.
> Síndrome post EP
El síndrome pos EP abarca los trastornos crónicos EVTEC y HPTEC. El mecanismo del deterioro funcional en la EVCEC es heterogéneo e incluye el espacio muerto ventilatorio pulmonar, la disfunción del VD, la hipertensión pulmonar inducida por el ejercicio y las dinámicas de flujo pulmonar anormales.
En la HPTEC, que es la forma más grave, el estado proinflamatorio en el marco de enfermedad autoinmune o cáncer, variantes de fibrinógeno alteradas, aberraciones en la angiogénesis y activación de las células mesenquimatosas fueron implicados en una resolución insuficiente del trombo pulmonar. Además de los coágulos sanguíneos crónicos, los pacientes con HPTEC en general tienen microvasculopatía pulmonar diseminada
Diagnóstico, pesquisa y prevención
> Diagnóstico de EP aguda
• Signos y síntomas
La signo-sintomatología no es lo suficientemente sensible ni específica como para diagnosticar o descartar la enfermedad en la mayoría de los casos
 Los síntomas de EP aguda son dolor torácico, disnea, palpitaciones, síncope (lipotimia) y hemoptisis, así como síntomas de DVA, como edema de las piernas, con dolor y rubefacción. Los signos clínicos son taquicardia, taquipnea, aumento de la presión yugular y, en los casos más graves, signos de shock con cianosis e hipotensión.
La EP comparte síntomas y signos con otras enfermedades, entre ellas el síndrome coronario agudo, la disección de la aorta torácica, el neumotórax y la neumonía.
La signosintomatología de EP no es lo suficientemente sensible ni específica como para diagnosticar o descartar la enfermedad en la mayoría de los casos. El empleo de una combinación de factores de riesgo, signos y síntomas podría ser mejor.
Por ejemplo, la regla Pulmonary Embolism Rule-out Criteria (PERC), consistente en ocho criterios (edad ≥50 años, frecuencia cardíaca ≥100 lpm, saturación de oxígeno <95%, TVA previa, cirugía o traumatismo recientes, hemoptisis, empleo de estrógeno y edema unilateral del miembro inferior.
• Evaluación de la probabilidad de EP previa a las pruebas
Es el primer paso en la evaluación de pacientes con presunta EP. En el cuadro 2 se resumen las reglas de decisión clínica más validadas (escalas de Wells y de Ginebra). Esta evaluación se emplea principalmente para seleccionar a los pacientes para la prueba no invasiva con dímero D. Los pacientes con puntajes bajos o intermedios se derivan para la prueba con el dímero D, mientras que aquellos con puntajes altos se podrían enviar directamente para estudios por imágenes.
Cuadro 2
Reglas de decisión clínica para el diagnóstico de EP aguda
Criterios de Wells
• Presencia de tumor maligno activo: +1
• Hemoptisis: +1
• Antecedentes de TVP o EP previas: +1,5
• Frecuencia cardíaca >100 lpm: +1,5
• Cirugía o reposo en cama ≥3 días en 1 mes: +1,5
• Signos y síntomas clínicos de TVP: +3
• Ausencia de un diagnóstico alternativo tan probable o más probable que EP: +3

Probabilidad previa a la pruebaPuntosPrevalencia de EP (%; IC del 95%)
Baja<25,7 (3,7–8,2)
Intermedia2–623,2 (18,3–28,4)
Alta>649,3 (42,6–56,0)
Poco probable≤48,4 (6,4–10,6)
Probable≤434,4 (29,4–39,7)
Puntaje de Ginebra revisado
• Edad > 65 años: +1
• Presencia de cáncer activo: +2
• Hemóptisis: +2
• Antecedentes de TVP venosa o de EP: +3
• Cirugía o fractura de miembros inferiores en el último mes: +2
• Edema unilateral y dolor a la palpación: +4
• Dolor espontáneo en la pantorrilla: +3
• Frecuencia cardíaca entre 75 y 94/minuto: +3
• Frecuencia cardíaca ≥ 95: +5

Probabilidad de EP previa  PuntajePrevalencia de EP (%)
Baja0-3    9
Intermedia4-10 26,2
Alta≥ 11 75,7
• Prueba del dímero D
Los dímeros D son productos de degradación de la fibrina generados por el proceso fibrinolítico. La prueba del dímero D es muy sensible para la presencia de trombosis aguda. Una prueba negativa (dímero D en plasma < 500 μg l –1) permite descartar la EP en pacientes con baja probabilidad de enfermedad previa a los estudios . El dímero D carece de especificidad y tiene una alta tasa de falso-positivos.
• Estudios por imágenes. Se deben efectuar a los pacientes con prueba positiva del dímero D y a aquellos con alta probabilidad previa los estudios por imágenes torácicos con arteriografía pulmonar por TC. Esta técnica permite detectar coágulos en las arterias pulmonares y se puede emplear para diagnosticar la EP aguda.
Mientras que el diagnóstico de EP se basa sobre la identificación de coágulos en las arterias pulmonares, la funcionalidad del VD es el principal determinante del pronóstico a corto plazo de los pacientes con EP.
• Diagnóstico de insuficiencia del VD en la EP aguda
Se debe evaluar para insuficiencia del VD a todos los pacientes con EP aguda confirmada por arteriografía pulmonar. La frecuencia cardíaca y la presión arterial son los parámetros clínicamente más importantes para evaluar la función del VD en la EP aguda porque ambos reflejan insuficiencia anterógrada (gasto cardíaco insuficiente) y aumento de la actividad del sistema nervioso simpático.
El grado de dilatación del VD y la desviación hacia la izquierda del tabique observado con estudios radiográficos son fuertes indicadores de elongación miocárdica del VD. La evaluación de la función del VD se puede efectuar por la evaluación volumétrica de los ventrículos derecho e izquierdo, ya sea por arteriografía por TC o ecografía transtorácica.
Por último, el aumento de los biomarcadores plasmáticos de distensión miocárdica (como el NT-proBNP) o de daño miocárdico (como la troponina T) indica que los mecanismos normales de adaptación del VD están fallando y confiere a los pacientes aumento del riesgo de descompensación hemodinámica.
Diagnóstico de HPTEC
Todos los pacientes que sobrevivieron a la EP aguda y tienen síntomas de deterioro funcional se deben evaluar para HPTEC. El diagnóstico de HPTEC comienza con el ecocardiograma (para evaluar la velocidad pico de la insuficiencia de la válvula tricúspide) y la detección de signos indirectos de hipertensión pulmonar. El paso siguiente es una gammagrafía de ventilación-perfusión pulmonar, cuyo resultado normal descarta la HPTEC.
En casos de hallazgos ecocardiográficos y resultados de la gammagrafía de ventilación-perfusión pulmonar (V/Q) compatibles con el diagnóstico de HPTEC, se debe evaluar la hemodinamia pulmonar por cateterismo del VD a fin de confirmar el diagnóstico. También es necesaria la arteriografía pulmonar para confirmar el diagnóstico de HPTEC.
A fin de obtener un diagnóstico más rápido de la HPTEC los médicos deben tener un umbral bajo para efectuar los estudios correspondientes en pacientes con síndrome post EP que refieren disnea persistente.
• Prevención
La muerte súbita puede ser el primer signo de EP. La EP no mortal puede tener impacto considerable sobre la calidad de vida a corto y a largo plazo. Por esto, la prevención primaria es y debe ser un componente clave de las estrategias para reducir la carga global de TVA. Las medidas preventivas son las mismas que para la prevención de la TVA.
La tromboprofilaxis farmacológica con anticoagulantes es el tratamiento principal para la prevención de la EP. Otras estrategias son disminuir la inmovilización, adaptar los anticonceptivos orales o el tratamiento de reemplazo hormonal a medida de la paciente, sobre la base del riesgo de EP y estar más alerta ante los síntomas de EP para poder diagnosticarla y tratarla con rapidez.
La desventaja principal de la tromboprofilaxis farmacológica es que su empleo se asocia con aumento del riesgo de hemorragia.
Los candidatos ideales para la prevención primaria son aquellos expuestos a un factor de riesgo importante, como cirugía, traumatismo con fractura y/o inmovilización o ingreso al hospital por alguna enfermedad aguda.
Las heparinas de bajo peso molecular, administradas por vía subcutánea, han sido la piedra angular de la prevención de la EP durante las últimas décadas. La heparina no fraccionada subcutánea se emplea en algunos en algunas situaciones, sobre todo en pacientes con insuficiencia renal grave, debido a que las heparinas de bajo peso molecular están contraindicadas en esos pacientes.
Los antagonistas orales de la vitamina K (AOVK), como la warfarina, se pueden emplear para pacientes que necesitan tromboprofilaxis prolongada, ya que las inyecciones con heparinas de bajo peso molecular durante mucho tiempo pueden generar menor cumplimiento terapéutico. Más recientemente se autorizaron los anticoagulantes orales directos (ACOD).
Cuando el tratamiento antitrombótico está contraindicado se pueden emplear métodos mecánicos, como medias elásticas o dispositivos de compresión intermitente, aunque su eficacia no está tan bien determinada como la profilaxis farmacológica.
La prevención se debe centrar en mejorar la identificación de los pacientes de alto riesgo y en la adherencia estricta a las recomendaciones de tromboprofilaxis en estos pacientes. La prevención es especialmente difícil, ya que actualmente no se ha identificado ningún factor de riesgo importante para la mayoría de los pacientes con TVA.
Tratamiento
> Estratificación del riesgo
La estratificación adecuada del riesgo de los pacientes con EP aguda confirmada es importante para personalizar su tratamiento inicial. Las características de las manifestaciones iniciales, entre ellas la anamnesis del paciente y sus enfermedades concomitantes y la presencia y gravedad de la disfunción del VD son los principales determinantes pronósticos.
Según las recomendaciones de la European Society of Cardiology (ESC), los pacientes con disfunción del VD que produce reducción del gasto cardíaco, hipotensión arterial persistente y signos de hipoperfusión, se clasifican dentro de la categoría de alto riesgo de mortalidad (<5% de todos los pacientes con EP) . Estos son los pacientes que más se beneficiarán con el tratamiento de reperfusión inmediata.
La mayoría de los pacientes llegan a la consulta sin inestabilidad hemodinámica y se los debe estratificar con dos clases de herramientas: criterios clínicos y detección de la disfunción del VD por estudios por imágenes y/o análisis de laboratorio.
Para los pacientes restantes de riesgo intermedio, se recomienda tratamiento intrahospitalario. Más aún, los pacientes con disfunción del VD y aumento de los biomarcadores de lesión miocárdica se pueden clasificar como de alto riesgo intermedio y podrían necesitar monitoreo hemodinámico precoz y posiblemente tratamiento de reperfusión de rescate en caso de colapso hemodinámico.
> Tratamiento anticoagulante
El tratamiento anticoagulante es esencial para prevenir las complicaciones agudas y crónicas tras una EP aguda, entre ellas la EP recurrente, la TVP recurrente de las piernas (a menudo el origen de la EP) y el síndrome post EP.
Antes de los ACOD, el tratamiento para la EP se inicia con un anticoagulante parenteral, en general heparina de bajo peso molecular, como tratamiento puente junto con un AOVK (Los AOVK solo alcanzan su actividad total tras 5–7 días). Este tratamiento puente es muy eficaz y seguro para pacientes con EP y TVP.
El inconveniente es que son necesarios controles frecuentes del índice normalizado internacional y múltiples ajustes de la dosis para asegurar que el fármaco esté dentro de los márgenes terapéuticos seguros. Además, hay muchas interacciones entre los AOVK y otros fármacos, como los antibióticos y los antiepilépticos, así como con ciertos alimentos, como verduras ricas en vitamina K (por ejemplo, brócoli y coliflor).
 ACOD
La introducción desde 2012 de los ACOD simplificó el tratamiento anticoagulante de la TVA. Los ACOD se pueden administrar en dosis fijas sin necesitar monitoreo y tienen menos interacciones con otros medicamentos.
Los ACOD disponibles para el tratamiento de la EP son: dabigatran, inihibidor específico de la trombina, y tres bloqueantes del factor Xa, apixaban, rivaroxaban and edoxaban. Los ACOD son tan eficaces como el tratamiento tradicional, pero se asocian con menos hemorragias importantes.
En relación con los pacientes tratados con AOVK, los tratados con ACOD tuvieron una reducción del 62% de hemorragias importantes en sitios críticos, como el cerebro o el pericardio y una reducción del 64% de hemorragias mortales.
Basadas en estos datos y en que los ACOD son más prácticos, las recomendaciones más recientes del American College of Chest Physicians(ACCP) sugieren el empleo de ACOD en lugar de AOVK en pacientes con EP, pero sin cáncer activo.
El inicio del tratamiento con un ACOD en el paciente con EP en fase aguda depende de la situación clínica y de las enfermedades concomitantes. El paciente de alto riesgo con inestabilidad hemodinámica generalmente recibe heparina de bajo peso molecular o heparina no fraccionada y los ACOD se pueden iniciar cuando la situación hemodinámica se estabiliza.
Solo se deben excluir del tratamiento los pacientes con deterioro renal o hepático grave. Los ACOD están contraindicados en las embarazadas o las que están amamantando, ya que atraviesan la placenta y pasan a la leche materna. También están contraindicados en pacientes con síndrome antifosfolipídico y trombosis arterial y en aquellos con peso >120 kg.
• Riesgo de hemorragia
 Los pacientes con alto riesgo de hemorragia asociada con los anticoagulantes, como los ancianos o aquellos con antecedentes de hemorragia importante, deben suspender el tratamiento con anticoagulantes después de los 3 primeros meses.
Los pacientes con TVA sin ningún factor de riesgo conocido y sin riesgo importante de hemorragia, deben continuar con el tratamiento anticoagulante más allá de los 3 meses, ya que tienen gran riesgo de TVA recurrente. Si la EP fue provocada por un factor de riesgo importante, el tratamiento anticoagulante se debe suspender pasados 3 meses.
> Tratamiento de reperfusión
El tratamiento de reperfusión para la EP aguda comprende la inducción de trombolisis sistémica mediante tromobolíticos intravenosos, como el activador del plasminógeno tisular, para restablecer el flujo sanguíneo.
Las modalidades mecánicas y farmacomecánicas se pueden emplear para los pacientes con EP de alto riesgo, hemodinámicamente inestable, en quienes se considera que el riesgo de hemorragia es demasiado grande para recibir tratamiento fibrinolítico con dosis total.
> Trombolisis sistémica
 Las recomendaciones actuales aconsejan el tratamiento de reperfusión inmediato en pacientes con EP de alto riesgo, siempre y cuando no haya contraindicaciones absolutas, como ACV reciente, hemorragia o cirugía importantes.
Los pacientes de alto riesgo que llegan a la consulta con inestabilidad hemodinámica representan solo una pequeña minoría entre todos los pacientes con EP. En cambio, aquellos hemodinámicamente estables con EP de riesgo intermedio constituyen un grupo mayor en quienes que cabe esperar que la trombolisis sistémica con dosis estándar ejerza efectos clínicos y hemodinámicos positivos.
Sin embargo, un índice riesgo–beneficio desfavorable debido al riesgo de complicaciones hemorrágicas graves y potencialmente mortales impidió que las sociedades científicas recomendaran el empleo habitual de trombolisis sistémica en pacientes de riesgo intermedio-y de alto riesgo intermedio.
En este último grupo, el mayor estudio efectuado hasta ahora, el Pulmonary Embolism Thrombolysis (PEITHO), mostró que la trombolisis intravenosa con tenecteplase, un activador del plasminógeno tisular, produjo menores tasas de muerte o de colapso hemodinámico (2,6% versus 5,6% en el grupo tratado solo con anticoagulación) pero se asoció con tasas significativamente muy altas de ACV hemorrágico y hemorragia extracraneal importante.
No se conocen bien los posibles efectos de la trombolisis sistémica sobre los resultados alejados de los pacientes tras una EP aguda. Se planteó que este tratamiento puede proteger a los pacientes del síndrome post EP. En un estudio prospectivo con 121 pacientes la trombolisis se asoció con tasas reducidas de hipertensión pulmonar a 28 meses.
Sin embargo el seguimiento de los pacientes con riesgo intermedio de EP incluidos en el estudio PEITHO durante una mediana de 38 meses no mostró diferencias en la supervivencia alejada entre el grupo tratado con trombolisis y el que recibió solo heparina.
> Modalidades de reperfusión mecánica y farmacomecánica
Según las guías de ESC de 2014 y las de ACCP de 2016, la embolectomía quirúrgica o las intervenciones con catéter para extraer o disolver el trombo se deben considerar como opciones alternativas a la trombolisis sistémica en pacientes de alto riesgo que necesitan tratamiento de reperfusión, pero tienen alto riesgo de complicaciones hemorrágicas.
Puede ser necesario el apoyo circulatorio mecánico del ventrículo derecho en algunos pacientes con EP de alto riesgo. La oxigenación por membrana extracorpórea, que reemplaza temporariamente a la función cardíaca y pulmonar, se puede considerar para obtener la estabilización hemodinámica inicial, como puente para estabilizar al paciente antes de las intervenciones con catéter o mecánicas o en el posoperatorio.
Cada vez se presta más atención al tratamiento percutáneo con catéter, ya sea la aspiración mecánica del trombo o como trombolisis farmacomecánica de baja dosis (asistida por ecografía).
Tratamiento de la HPTEC
Todos los pacientes con HPTEC deben recibir tratamiento anticoagulante prolongado. Además, el tratamiento de referencia para la HPTEC es la endarterectomía pulmonar, que puede disminuir la mortalidad y mejorar la hemodinamia de la circulación derecha.
Durante este procedimiento se elimina el material tromboembólico de la arteria pulmonar tras una esternotomía mediana y durante el paro circulatorio con hipotermia profunda. En centros con gran volumen de pacientes la mortalidad es <5%. Una cantidad considerable de pacientes con HPTEC son inoperables debido a trombos periféricos o comorbilidades graves y deben recibir tratamiento farmacológico.
Calidad de vida
Los pacientes que sobreviven a la EP aguda y sufren síndrome post EP tienen menor calidad de vida que aquellos con EP con recuperación física total
La HPTEC se asocia especialmente con mala calidad de vida. En estos pacientes la calidad de vida se relaciona con el grado de capacidad funcional pulmonar. Cuando el tratamiento de la HPTEC es exitoso, la calidad de vida mejora, especialmente tras la endarterectomía pulmonar.
Perspectivas
Diagnóstico
El diagnóstico de EP durante el embarazo es especialmente difícil. La prueba del dímero D no se ha evaluado para descartar EP y no hay guías para el diagnóstico de EP en la embarazada. Por lo tanto los médicos deben emplear una arteriografía por TC o una gammagrafía de ventilación-perfusión pulmonar, que a menudo son de difícil interpretación. Ninguno de estos estudios por imágenes es ideal para la embarazada debido a la exposición a la radiación.
Tratamiento
No existen estudios comparativos directos de los ACOD para el tratamiento de la TVA, aunque hay algunos en marcha.
Los ACOD, en relación con los AOVK reducen el riesgo de hemorragia grave intracraneal y extracraneal en pacientes con VTA; pero la hemorragia sigue siendo un problema. Por eso se justifica la búsqueda de anticoagulantes más seguros.
Resultados en estudios aún en marcha sobre varios oligonucleótidos antisentido contra el factor XI o el factor XII indican que es posible inhibir la formación de trombos sin aumentar el riesgo de hemorragia.
Para mejorar la seguridad del tratamiento trombolítico se creó una nueva generación de trombolíticos que actúan sobre otros blancos que no son los activadores del plasminógeno.
Pronóstico alejado
Pacientes y médicos deben tener conciencia de las complicaciones alejadas de la EP aguda. PE. Se necesitan con urgencia investigaciones de calidad a fin de definir mejor la duración y la intensidad óptimas del seguimiento médico después de la EP y también para estrategias terapéuticas para todas las etapas del síndrome post-EP.
La HPTEC se debe incluir en el diagnóstico diferencial de los pacientes con disnea crónica o deterioro funcional en el seguimiento alejado de la EP, independientemente de la presencia de otras comorbilidades cardiopulmonares.
Interrogantes hacia el futuro
Con el tiempo, el diagnóstico y el tratamiento de la EP aguda han progresado mucho. No obstante, aún quedan varios interrogantes para investigar. Por ejemplo:
• ¿Son útiles las nuevas opciones terapéuticas como los potenciadores de la fibrinolisis?
• ¿Puede haber rmejoras en los métodos para pronosticar las complicaciones alejadas y definir la duración y la intensidad óptimas del tratamiento anticoagulante en cada paciente?
• ¿Podrán los investigadores por fin descifrar todo el espectro del síndrome post EP?
Responder estos interrogantes permitirá progresar en el tratamiento personalizado que mejore el pronóstico de los pacientes a corto y a largo plazo.
Resumen y comentario objetivo: Dr. Ricardo Ferreira

martes, 25 de septiembre de 2018

Wolff-Parkinson-White: a propósito de un caso

Wolff-Parkinson-White: a propósito de un caso
Wolff-Parkinson-White. Case report
JC. Parraa, RM. Ramírezb, A. Lópeza, MT. Casadoa
a M??dicos de Familia. Centro de Salud Puerta Blanca. M??laga
b FEA en Pediatr??a. Centro de Salud las Albarizas. Marbella. M??laga.
INTRODUCCIÓN
Wolff, Parkinson y White describieron por primera vez en 1930 un tipo de taquicardia supraventricular que presentaba en el ECG un patrón característico, intervalo PR corto y onda delta. El tipo de preexcitación ventricular que aparece con más frecuencia es el asociado a derivaciones del nódulo AV, formada por conexiones de músculo liso auricular que envuelven al nódulo. El término Wolff-Parkinson-White (WPW) se aplica a pacientes con preexcitación en el ECG y taquicardias supraventriculares paroxísticas. El impulso auricular al ser conducido por una vía accesoria (haz de Kent) no sufre el retraso normal en el nódulo AV antes de alcanzar el haz de His. La despolarización precoz de la región del miocardio ventricular produce, como hemos comentado, un ECG típico, con un intervalo PR corto (< 0,12 s), una rama de ascenso QRS irregular (onda delta) y un complejo QRS ancho AV (fig. 1)1.
Figura 1. Síndrome de WPW. Acortamiento del intervalo PR y onda delta, características de este síndrome.
Cuando la preexcitación del WPW se origina a través de un haz de Kent izquierdo, encontramos una onda delta positiva en V1 y hablamos de síndrome de WPW de tipo A. Cuando la onda delta es negativa en V1 hablamos de síndrome de WPW de tipo B, causada por la preexcitación a través del haz de Kent derecho (fig. 2)2.
Figura 2. ECG realizado a la paciente, donde se observa un acortamiento del intervalo PR, así como ondas deltas (flecha), en precordiales.

Desde el punto de vista etiológico, las vías anómalas auriculoventriculares se presentan con gran frecuencia en cardiopatías congénitas; anomalía de Ebstein, prolapso de la válvula mitral, etc., sin existir asociación con cardiopatías adquiridas3.
EXPOSICIÓN DEL CASO
Mujer de 20 años que consulta por palpitaciones de 3 meses de evolución.
Antecedentes personales
Hace 11 años se sometió a una valoración por "palpitaciones" en consulta externa de cardiología, con estudio electrofisiológico y resultados normales. El resto carecía de interés.
Tratamiento actual
No refiere.
Enfermedad actual
Paciente con un buen estado previo de salud, que en los últimos 3 meses refiere palpitaciones de inicio brusco, sin predominio horario, no coincidente con ninguna actividad física, de entre 15 y 20 min de duración que suelen ceder espontáneamente, presentando entre 5 y 6 episodios diarios. Sin dolor torácico, disnea ni pérdida ponderostatural.
Refiere episodios ocasionales desde los 9 años.
Exploración física
Exploración general. Buen estado general, consciente, eupneica, bien coloreada e hidratada.
Cabeza y cuello. Sin ingurgitación yugular a 45°, pulsos carotídeos simétricos, sin soplos.
Tórax. Rítmico sin soplos audibles a 75 lat/min; murmullo vesicular conservado, sin roncus, ni sibilancias; presión arterial de 135/70 mmHg.
Abdomen. Blando, depresible, sin signos de irritación peritoneal, sin presencia de soplos.
Extremidades. Pulsos periféricos positivos, sin signos de trombosis venosa profunda.
Resto normal.
Pruebas complementarias
El hemograma, la bioquímica y las hormonas tiroideas estaban dentro de la normalidad.
ECG. Ritmo sinusal a 80 lat/min, eje 60°; sin signos de hipertrofia ni isquemia; acortamiento del intervalos PR, así como ondas deltas en QRS (fig. 3).
Evolución diagnóstica
Realizado el diagnóstico de presunción (síndrome de preexcitación; síndrome de WPW), la paciente fue derivada a consultas externas de cardiología, donde se confirmó el diagnóstico. La actitud terapéutica fue la prescripción de un comprimido de amiodarona al día en el período sintomático, acompañada del seguimiento periódico en consultas externas.
DISCUSIÓN
En el 67% de las ocasiones, el WPW se manifiesta con palpitaciones; de ahí la importancia de plantearnos el diagnóstico diferencial con aquellas entidades que provocan este síntoma, como los extrasístoles. En estos casos, la contracción prematura y el latido posprematuro son descritos por el paciente como "un vuelco brusco del corazón" o "un martillazo". Las taquicardias son otra causa de palpitaciones, en las ventriculares de forma infrecuente, en las auriculares sí es característico el inicio gradual y final en minutos. Otras causas son tirotoxicosis, hipoglucemia, feocromocitoma, fiebre y el consumo de estimulantes (café, té, efedrina, etc.). Por último, cabe destacar su presencia en individuos sanos ante determinadas circunstancias (ejercicio, tensión emocional), así como el asociado a los episodios de ansiedad.
Los pacientes asintomáticos con WPW tienen un riesgo del 1,7% por año de desarrollar arritmias, de tal manera que en el 30% de los casos podría desaparecer la preexcitación a lo largo de la vida. El mayor riesgo en estos pacientes se encuentra en la posibilidad de desarrollar una respuesta ventricular rápida (aleteo y fibrilación auricular) que pueda derivar en fibrilación ventricular, debido a la escasa capacidad de la vía anómala en frenar la conducción4.
El estudio electrofisiológico está plenamente establecido tanto en pacientes sintomáticos como en los casos previos a una ablación por radiofrecuencia. Una indicación relativa sería la valoración de la capacidad de conducción por la vía accesoria en pacientes asintomáticos con riesgo asociado5.
El tratamiento del WPW agudo no difiere de una taquicardia de QRS estrecho, de tal manera que en caso de fibrilación auricular rápida o mala tolerancia del paciente, hay que realizar una cardioversión. Alternativamente, puede utilizarse lidocaína o procainamida; el digital o el verapamilo se deben usar con precaución, ya que estos fármacos pueden acortar el período refractario de la vía accesoria, aumentando el riesgo de fibrilación ventricular. La decisión de iniciar un tratamiento en el paciente con síndromes de preexcitación que presenta crisis de taquicardia supraventricular sintomáticas está basada en múltiples factores (edad, cardiopatía asociada, profesión, etc.), de tal manera que la ablación mediante radiofrecuencia es curativa en el 90% de los casos, sobre todo en las asociadas a fibrilación auricular6. El tratamiento oral crónico está basado en la utilización de fármacos antiarrítmicos del grupo Ic (flecaidina y propafenona) y la amiodarona, eficaces pero con múltiples efectos secundarios (toxicidad tiroidea, pulmonar, hepatotoxicidad); por ello, en la actualidad, ante la alta seguridad y la rentabilidad de ablación con catéter de radiofrecuencia, debe siempre contemplarse frente al tratamiento farmacológico oral7. Por último, cabe señalar la posibilidad de ablación quirúrgica, la cual estaría indicada en los raros casos donde fracase el catéter de radiofrecuencia.

Correspondencia: Dr. J.C. Parra.Avda. Carlos Haya, 37, 6.o A. Málaga.Correo electrónico: rosaramirez@mixmail.com.Recibido el 11-6-2001; aceptado para su publicación el 21-9-2001
Valoración y diagnóstico del síndrome de Wolff Parkinson White
en Atención Primaria 
S. del Castillo Arrojo, L. Sierra Santos* 


Cardióloga. Hospital Gregorio Marañón. Madrid. 

*Médico de Familia. C.S. Manzanares el Real. Madrid 

Medifam vol.11 no.7  jul. 2001

RESUMEN 

El síndrome de Wolff Parkinson White es una anomalía cardiaca congénita que afecta a un 0,1-3 ‰ de la población general. Se diagnostica de síndrome de Wolff Parkinson White a aquellos pacientes con preexcitación en el electrocardiograma e historia clínica de palpitaciones. 

La presentación clínica más habitual son episodios paroxísticos de palpitaciones, de carácter benigno, aunque en estos pacientes la probabilidad de muerte súbita es superior a la población general. 

El tratamiento de estos pacientes se ha modificado enormemente en los últimos años gracias al desarrollo de la ablación con radiofrecuencia, tratamiento definitivo con alto porcentaje de éxito y algunos riesgos. 

El diagnóstico debe realizarse por el médico de Atención Primaria, así como la derivación al cardiólogo de los casos especiales que puedan precisar pruebas diagnósticas complejas y de aquéllos que por su sintomatología o por su riesgo (ya sea por motivos médicos o laborales), precisan el tratamiento definitivo de la ablación con radiofrecuencia. 
Palabras clave: Síndrome de Wolf Parkinson White. Taquiarritmias. Ablación con radiofrecuencia. Vías cardiacas accesorias. 
INTRODUCCIÓN 
El síndrome de Wolff Parkinson White (WPW) es una anormalidad cardiaca congénita que consiste en la presencia de un haz anómalo (haz de Kent) que salva el sistema normal de conducción uniendo directamente aurículas y ventrículos. Se trata de un síndrome de preexcitación, es decir, de un trastorno en el que los ventrículos se activan, además de por el nodo auriculoventricular (AV), por la vía anómala que conduce con mayor rapidez que el sistema de conducción cardiaco específico. Este hecho puede dar lugar a fenómenos de reentradas aurículoventriculares y a otras arritmias como fibrilación o flutter auricular, que en algunos casos pueden comprometer la vida del paciente1-3

El diagnóstico de los pacientes con esta alteración y la identificación de aquéllos con alto riesgo de muerte súbita son importantes. En estos últimos está indicado el tratamiento definitivo por ablación de la vía accesoria con radiofrecuencia, con excelentes resultados, aunque no exenta de riesgos4-8
PATOGENIA 
El síndrome de WPW es un problema congénito producido por vías accesorias que conectan aurículas y ventrículos a través del anillo fibroso, y son capaces de preexcitar el miocardio ventricular. El tejido que constituye esta vía anómala es habitualmente miocardio normal, ya que embriológicamente la existencia de dicha vía se corresponde con un defecto en el anillo fibroso que separa la aurícula del ventrículo, permitiendo así una continuidad sin obstáculos3

Cuando el haz anómalo, llamado también haz de Kent, conduce de forma anterógrada, el ventrículo se despolariza a través de la vía y el nodo AV, produciéndose las características alteraciones electrocardiográficas del WPW. Cuando el haz de Kent no conduce en sentido anterógrado se denomina vía oculta. Ambos tipos de vías pueden ser causa de taquicardias supraventriculares paroxísticas cuando se establece una reentrada utilizando en un sentido el nodo aurículoventricular y en el contrario la vía anómala9,10
EPIDEMIOLOGÍA 
El síndrome de WPW tiene una prevalencia que oscila entre el 0,1 y el 3‰ de la población general y es más frecuente en varones (2:1)10. El 95% de los casos no presentan cardiopatías asociadas, aunque el WPW parece presentarse con mayor frecuencia en algunas cardiopatías congénitas como la enfermedad de Ebstein y la transposición corregida de los grandes vasos11,12. En pacientes con esclerosis tuberosa el síndrome de WPW también es usual13

Es una patología infraestimada debido a que numerosos afectados permanecen asintomáticos toda su vida y en muchos pacientes la preexcitación en el electrocardiograma no es constante14

El 80-90% de los casos se detecta en menores de 50 años. Los recién nacidos no suelen presentar taquicardias durante su primer mes de vida. A partir del primer año decrece de nuevo la presencia de las mismas y se considera que aproximadamente el 75% de los niños que presentan taquiarritmias por encima de los 5 años de vida las tendrán también en la edad adulta1,9,15
CLÍNICA 
El término síndrome de Wolff-Parkinson-White designa a pacientes que presentan la anormalidad electrocardiográfica característica junto con episodios de taquicardia. En un estudio poblacional se encontró que aproximadamente un 50% de los sujetos con el diagnóstico electrocardiográfico de WPW habían estado asintomáticos hasta el momento de realizarse el electrocardiograma. De ellos un 30% presentarán taquicardias en los 10 años siguientes10. La taquicardia más frecuentemente encontrada en pacientes con el síndrome de WPW es la taquicardia paroxística supraventricular. Su presentación clínica habitual es la de un episodio de palpitaciones rápidas, de inicio súbito y en general sin relación con el esfuerzo ni otros desencadenantes2. Su duración es variable, de unos minutos a horas. El mecanismo que más frecuentemente la provoca en estos pacientes es la reentrada ortodrómica (Fig. 1). Se produce un circuito de reentrada en la cual el impulso se conduce de las aurículas a los ventrículos exclusivamente por el nodo AV y sube de los ventrículos a las aurículas por la vía accesoria. Por este motivo la taquicardia es de QRS estrecho y sin datos de preexcitación. Aproximadamente un 60% de las taquicardias en el síndrome de WPW tienen este mecanismo. Mucho más infrecuente (entre un 1 y un 11 % según las series) es la reentrada antidrómica. El impulso baja por la vía accesoria en este caso y sube de los ventrículos a las aurículas por el nodo AV (Fig. 2)16-18. Por ello el electrocardiograma en taquicardia mostrará un QRS ancho, con preexcitación máxima. La segunda taquicardia en cuanto a frecuencia de presentación es la fibrilación auricular (FA). La presentan entre un 12 y un 35% de los pacientes con síndrome de WPW19,20. Las vías accesorias, y más si son múltiples, favorecen la aparición de FA. Esta arritmia se puede presentar como una taquicardia de QRS estrecho o de QRS ancho, bien sea por preexcitación (conducción por la vía accesoria) o bien por aberrancia o bloqueo de rama en el haz de His19,20. La FA conducida a los ventrículos a través de una vía accesoria puede desencadenar, si la respuesta ventricular es rápida, síncope e incluso fibrilación ventricular y muerte súbita21,22. Un porcentaje no despreciable de pacientes con síndrome de WPW presentan síncope. En un subgrupo de ellos el síncope representa la presencia de arritmias con respuesta ventricular muy rápida y mal tolerada, pero en otros se ha achacado a una anormal respuesta vasomotora durante la taquicardia1,23. Además el síncope puede estar o no en relación con un episodio de taquicardia (recordemos que se trata con frecuencia de pacientes jóvenes, población con una relativamente alta incidencia de síncope vaso-vagal)24. De hecho los estudios no han demostrado un valor pronóstico del síncope en estos pacientes. La muerte súbita puede ser también una forma de debut de la enfermedad aunque el riesgo de muerte súbita en pacientes asintomáticos es menor del 1/100010,25,26. Se considera que la mayor parte de episodios de muerte súbita en pacientes con WPW está en relación con episodios de FA con conducción al ventrículo por la vía accesoria y posterior degeneración a fibrilación ventricular. La presencia de intervalos RR menores de 250 mseg durante la FA o taquicardias preexcitadas espontáneas es el más importante marcador de riesgo de muerte súbita por fibrilación ventricular. En cambio, el mismo dato durante FA inducida durante el estudio electrofisiológico tiene una especificidad muy baja, lo que ha influido en el abandono por parte de la mayor parte de los expertos del estudio electrofisiológico en pacientes asintomáticos27,28. También es mayor el riesgo en pacientes con antecedentes familiares de muerte súbita y con múltiples vías accesorias29. En un estudio realizado por Atié se demostraba que los pacientes con taquicardia por reentrada antidrómica tenían un mayor riesgo de muerte súbita por degeneración de FA preexcitada en fibrilación ventricular. Además estos pacientes tienden a debutar a edades tempranas y con frecuencia presentan síncope o presíncope en su evolución3,18


DIAGNÓSTICO 
Como ya hemos comentado el diagnóstico del Síndrome de WPW es clínico y electrocardiográfico. Podemos encontramos ante un paciente que acude por uno o varios episodios de palpitaciones o pacientes en los que se realiza un electrocardiograma por otro motivo y se descubre la anomalía electrocardiográfíca. En la historia clínica se debe hacer incapié en la presencia de dos síntomas claves: 
1. Episodios paroxísticos de palpitaciones. Es importante definir las características de los episodios de taquicardia: modo de inicio (brusco o progresivo y su relación con el ejercicio, estrés u otros desencadenantes), forma de terminación (brusca o progresiva) y el posible efecto de maniobras vagales o de otro tipo. Se debe tratar de definir si las palpitaciones son rítmicas o arrítmicas y valorar síntomas asociados como mareo, sudoración, dolor u opresión torácica. Será fundamental en la toma posterior de decisiones terapéuticas conocer el tiempo de evolución de la clínica y la frecuencia de los episodios30,31
2. Síncopes. Los pacientes con WPW pueden presentar síncopes en relación con taquicardias rápidas y mal toleradas hemodinámicamente. Estos sujetos tienen mayor riesgo de muerte súbita y precisarán estudio electrofisiológico1,32

La exploración física en estos pacientes suele ser normal. La existencia de soplos cardiacos o datos de insuficiencia cardiaca nos debe hacer sospechar la presencia de enfermedades asociadas (un 7% de los pacientes tienen cardiopatías congénitas)3,10

El electrocardiograma de estos pacientes presenta preexcitación. La preexcitación ocurre cuando a partir de un estímulo sinusal o de cualquier punto de la aurícula la activación ventricular se inicia antes de lo esperable si el impulso se hubiera conducido por el sistema específico de conducción31

Tres son los datos clásicos que permiten el diagnóstico electrocardiográfico de WPW (Fig. 3): intervalo PR menor de 120 mseg, QRS ancho con onda delta (ascenso lento inicial) y cambios secundarios en la repolarización33,34. La aparición de datos de preexcitación puede ser variable en el tiempo, ya sea por conducción intermitente por la vía accesoria o por cambios en las propiedades de conducción del nodo AV. En el síndrome de WPW la activación ventricular se produce por fusión de los impulsos eléctricos que llegan por el nodo AV y por la vía accesoria. El que haya o no preexcitación dependerá de la conducción por ambos caminos. Las vías accesorias suelen tener propiedades de conducción constantes. En cambio, la conducción por el nodo AV varía dependiendo de la frecuencia cardiaca y del estado autonómico. Por ejemplo, si se realiza masaje del seno carotídeo la preexcitación aumentará porque disminuye la conducción por el nodo AV sin alterarse la vía accesoria, con lo que la estimulación ventricular provendrá en una mayor proporción de la vía. En un estudio poblacional en el que se detectaron 113 pacientes con preexcitación en el ECG un 22% tenían un ECG previo en el que no se apreciaba preexcitación y un 17% del total perdían persistentemente la alteración electrocardiográfica en electrocardiogramas seriados10.  
Figura 3. Electrocardiograma típico del síndrome de WPW

La radiografía de tórax es normal en los pacientes sin patologías asociadas. 

Se debe realizar un ecocardiograma a todos los pacientes sintomáticos o con alteraciones en la exploración física. Recomendamos también realizar ecocardiograma a todos los pacientes diagnosticados en edades tempranas por la asociación del síndrome con malformaciones cardiacas congénitas. 

En casos seleccionados estará indicado el holter de arritmias en pacientes con alta sospecha diagnóstica del WPW en los que no se haya podido registrar la taquicardia. En los raros casos en los que la taquicardia se relaciona con el ejercicio físico estaría justificada la prueba de esfuerzo. 
TRATAMIENTO MÉDICO 
Tratamiento crónico 
Los pacientes que presentan la anormalidad electrocardiográfica del síndrome de WPW pero están asintomáticos no precisan tratamiento alguno31. Un caso especial lo constituyen ciertas profesiones de riesgo en las que se excluye al personal con datos electrocardiográficos de WPW. Así ocurre en nuestro país con pilotos y deportistas de élite. El bajísimo riesgo de muerte súbita en estos pacientes por sí mismo no justifica la realización del estudio electrofisiológico y la ablación, aunque sí se puede plantear por exigencia laboral explicando al paciente los riesgos de la intervención25

En pacientes clínicamente sintomáticos debemos distinguir mediante la historia clínica cuidadosa, la frecuencia, duración y número de episodios de las taquicardias: 

--Los pacientes con episodios infrecuentes de taquicardias, bien toleradas, no precisan ningún tratamiento crónico. Se recomienda enseñarles a realizar las maniobras vagales o de Valsalva y en caso de que con ellas no ceda la taquicardia deberán acudir a un centro de urgencias para su tratamiento agudo. Deben seguir revisiones periódicas por su médico de cabecera o cardiólogo para evaluar posibles cambios en la sintomatología30,31

--Los pacientes con episodios frecuentes de taquicardias o que toleren hemodinámicamente mal las mismas deben ser remitidos al cardiólogo, quien valorará de acuerdo con las preferencias del paciente el manejo farmacológico o la indicación de ablación con radiofrecuencia. En general, existe una tendencia global y una recomendación por las Sociedades Españolas (Tabla I) y Americana de Cardiología de aumentar las indicaciones de la ablación por radiofrecuencia por ser en el momento actual curativa en un porcentaje del 95% con un riesgo bajo5,35. Esta recomendación se hace más clara en pacientes jóvenes que no desean tomar medicación de por vida1,32.  

En la práctica, el tratamiento suele comenzarse con fármacos que actúan sobre el nodo aurículoventricular, como los betabloqueantes o el verapamilo, con o sin fármacos antiarrítmicos del grupo I o III (Fig. 4). No hay estudios prospectivos que valoren la eficacia de los fármacos en estos pacientes ni que comparen la ablación con el tratamiento farmacológico. En la balanza hay que situar por un lado los riesgos del tratamiento con ablación. Frente a ello se valorarán los riesgos del tratamiento farmacológico a largo plazo (recordemos que todo fármaco antiarrítmico puede ser también proarritmogénico) y el riesgo de muerte súbita36,37.  

--Los pacientes con fibrilación auricular o flutter paroxísticos se deben remitir al cardiólogo y, si es posible, a la consulta especializada de arritmias. Si el paciente presenta fibrilación auricular u otra arritmia auricular con respuesta ventricular rápida a través de la vía, se recomienda la ablación con radiofrecuencia como primera elección. En el caso de una fibrilación auricular con respuesta ventricular controlada, hay que individualizar cada caso, aunque si la conducción auriculoventricular se realiza a través de la vía accesoria se prefiere la ablación con radiofrecuencia. 

--Los pacientes con síncopes no atribuibles a otra causa (fundamentalmente vasovagal) deben ser sometidos a un estudio electrofisiológico. 

--Los pacientes con muerte súbita resucitada deben someterse al estudio electrofisiológico y a la ablación32
Tratamiento del episodio agudo 

Ante un paciente que acude con palpitaciones al Centro de Salud o a otro Servicio de Urgencias es prioritario realizar una breve exploración física valorando la situación hemodinámica y los posibles datos de insuficiencia cardiaca o bajo gasto. La realización de un electrocardiograma de 12 derivaciones será fundamental para el manejo inmediato y su tratamiento a largo plazo. Las taquicardias que más frecuentemente veremos en el síndrome de WPW se producen por reentrada ortodrómica, es decir, son taquicardias rítmicas de QRS estrecho, menor de 120 milisegundos, que conducen en sentido auriculoventricular por el tejido de conducción normal. La primera medida terapéutica será realizar maniobras vagales, como la maniobra de Valsalva o el masaje del seno carotídeo31. Es recomendable registrar el electrocardiograma de forma continua durante estas maniobras, pues el modo de terminación de la arritmia nos ayudará también al diagnóstico. En caso de fracasar, la siguiente medida será el tratamiento intravenoso con adenosina o ATP o con verapamilo. Se considera de primera elección la adenosina o ATP por su seguridad y cortísima vida media. Es importante asegurarse de que se está administrando la dosis correcta (en el caso de adenosina 6 mg y si no cede una segunda dosis de 12 mg. Para el ATP, 10 mg, 20 mg y hasta 40 mg) y administrarla en bolo muy rápido seguido de suero fisiológico38,39. Este fármaco se puede utilizar en todos los pacientes que no tengan antecedentes de asma o broncoespasmo, incluso en pacientes con disfunción ventricular. Produce efectos secundarios en casi un 100% de los pacientes en forma de opresión torácica, tos y calor facial, lo que se debe advertir al paciente siempre antes de su uso, resaltando que no durará más de un minuto y que se trata de una respuesta normal al fármaco y no una alergia al mismo. 

La efectividad del ATP o adenosina para revertir taquicardias por reentrada que incluya el nodo AV (es decir, las del WPW, vía accesoria oculta y las aún más frecuentes taquicardias intranodales) es cercana al 95%. Este fármaco es especialmente útil en centros de Atención Primaria distantes del hospital de referencia por su eficacia, seguridad y facilidad de uso. En pacientes con WPW a los que se administró ATP por una taquicardia supraventricular se ha descrito que hasta el 12% pasan a FA y en casos aislados a FA rápida con mala tolerancia clínica, por lo que se aconseja tener un desfibrilador cerca en el momento de la administración3

En el caso de presentar contraindicaciones para el uso del ATP se puede administrar una ampolla de verapamilo intravenosa (5 mg) en dos minutos. Este fármaco tiene la ventaja de carecer de los efectos desagradables del ATP o la adenosina y de ejercer un efecto más prolongado por lo que puede prevenir las recurrencias inmediatas. Su desventaja es que tiene un efecto inotrópico negativo, por lo que está contraindicado en pacientes con disfunción ventricular izquierda1

Un porcentaje escaso de pacientes se presentará con una taquicardia regular de QRS ancho. Ante cualquier paciente, de cualquier edad o patología previa que presente una taquicardia de QRS ancho se debe actuar con la máxima prudencia. En este grupo de pacientes la existencia de QRS ancho se puede deber a un bloqueo de rama preexistente, aberrancia de rama o a una taquicardia antidrómica (es decir, que baje de la aurícula al ventrículo por la vía accesoria y suba por el nodo AV). Pero jamás se debe olvidar que el tener un síndrome de WPW no excluye a un paciente de padecer una taquicardia ventricular, que debe ser nuestra hipótesis diagnóstica primera siempre que veamos una taquicardia con QRS ancho. Por lo tanto, si la taquicardia es mal tolerada se recomienda cardioversión eléctrica inmediata y si es bien tolerada se debe remitir a un centro hospitalario en un transporte monitorizado pudiéndose realizar un intento diagnóstico-terapéutico con ATP o adenosina si no hay contraindicaciones. En el caso de ser una taquicardia que incluya el nodo AV en la reentrada, provocará el cese brusco de la arritmia; si es una taquicardia ventricular no afectará a la misma y si es una taquicardia puramente auricular producirá un bloqueo AV transitorio que nos permitirá ver la actividad auricular40

No se recomienda el verapamilo en las taquicardias de QRS ancho por la posibilidad de tratarse de una taquicardia ventricular1

En los pacientes con taquicardia irregular de QRS ancho, la primera sospecha diagnóstica es una fibrilación auricular preexcitada. Se recomienda monitorizar y transladar a un centro hospitalario y, si es mal tolerada, cardioversión inmediata. Es necesario recalcar en este punto que la digital y el verapamilo están formalmente contraindicados en estas taquicardias por la posibilidad de incrementar la conducción por la vía anómala y provocar un deterioro hemodinámico e incluso una fibrilación ventricular. 
PROCEDIMIENTOS INVASIVOS: CIRUGÍA, ESTUDIO ELECTROFISIOLÓGICO Y ABLACIÓN CON RADIOFRECUENCIA 
Desde finales de los años sesenta se utiliza el tratamiento quirúrgico para interrumpir las vías accesorias en pacientes con el síndrome de WPW no controlables con medicación. Tras el inicio y generalización de la ablación con radiofrecuencia la cirugía se ha relegado sólo a casos con síntomas intratables en los que no ha sido posible la ablación percutánea o pacientes que precisan cirugía cardiaca por otro motivo (por ejemplo en la cirugía de la malformación de Ebstein)41

En pacientes seleccionados por su alto riesgo de muerte súbita, frecuencia de los episodios de taquicardia, mal control con medicación e incluso la propia preferencia del paciente que no desee tomar fármacos a largo plazo, está indicada la realización de un estudio electrofisiológico. La técnica consiste en la introducción de catéteres en las cavidades cardiacas con control radioscópico, generalmente por vía femoral, y estimulación eléctrica para valorar o confirmar la existencia de una o más vías accesorias, sus propiedades de conducción y su localización; para en el mismo procedimiento realizar la ablación con radiofrecuencia. 

La radiofrecuencia provoca lesiones en el tejido cardiaco que destruyen la vía o alteran sus propiedades de conducción42. Actualmente casi nunca se realiza el estudio electrofisiológico sin la intención de destruir la vía27. El porcentaje de éxito en la ablación realizada por laboratorios experimentados es del 90-95%, similar al de las técnicas quirúrgicas aplicadas previamente pero con menos complicaciones y costes5,43. Incluso en manos expertas no es una técnica exenta de riesgos. Existen complicaciones mayores en un 3% de las ablaciones realizadas como son: muerte en el 0,3%; infarto en el 0,2; bloqueo auriculoventricular completo en el 1% y taponaniento cardiaco en el 0,6%. Las complicaciones menores ocurren en el 8,2% de los casos, como son: derrame pericárdico en el 1,9%; pericarditis en el 0,38%; hematoma en el 3%; bloqueos cardiacos que no precisan marcapasos permanente en el 2% o hipotensión en el 0,57%5
CONCLUSIONES  
El síndrome de WPW es una patología cardiaca relativamente infrecuente en la población general. Afecta generalmente a personas jóvenes, sin otra sintomatología añadida y puede tener importantes consecuencias sobre su calidad de vida por la aparición de frecuentes episodios de palpitaciones sin un desencadenante previo. Además, el síndrome de WPW provoca un incremento en la probabilidad de muerte súbita, especialmente en pacientes sintomáticos con FA preexcitada con respuesta ventricular rápida y con múltiples vías accesorias. 

El diagnóstico por parte del médico de Atención Primaria se basa en la sospecha diagnóstica ante un paciente generalmente jóven que refiere episodios de palpitaciones y la confirmación mediante un test diagnóstico sencillo: el electrocardiograma de superficie. Tradicionalmente el manejo de los pacientes con este síndrome se basaba en el tratamiento crónico con fármacos antiarrítmicos, no exentos de posibles efectos secundarios. En la última década se ha generalizado el uso de la ablación con radiofrecuencia, técnica curativa en un alto porcentaje de casos y que elimina la necesidad de tratamiento crónico. Incluso en laboratorios muy experimentados la técnica no está exenta de complicaciones; algunas de ellas, como el taponamiento cardiaco o el bloqueo AV, potencialmente mortales. Por ello se debe valorar junto con el paciente los riesgos y beneficios de ambos tratamientos (farmacológico o invasivo). 

La cirugía para la interrupción de las vías accesorias ha sido prácticamente relegada a casos excepcionales en favor del tratamiento con ablación. 
AGRADECIMIENTOS 
Agradecemos al Dr. José Antonio Serrano Sánchez la lectura crítica del manuscrito y su colaboración en el diseño de las figuras. Así como a D. José Ignacio Cuesta Chico su ayuda en el manejo informático. 

CORRESPONDENCIA:  Lucía Sierra Santos 
C/ Maestro Barbieri nº 11 
28100 Alcobendas 
Madrid