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jueves, 21 de febrero de 2019

Asma y supresión del eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal

Asma y supresión del eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal
Se creía que la supresión del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal era infrecuente cuando se trataba a niños asmáticos con corticosteroides inhalados o esteroides nasales. Las pruebas de tolerancia a la insulina y metirapona no confirman esta creencia.Autor: Dres. Ekkehard Werner Zöllner, Carl J. Lombard, Ushma Galal, F. Stephen Hough, Elvis M. Irusen and Eugene Weinberg Pediatrics 2012; 130; e1512
Se creía que la supresión del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (SHPA) era infrecuente cuando se trataba a niños asmáticos con corticosteroides inhalados (CCIs) o esteroides nasales (ENs). Las pruebas de tolerancia a la insulina y metirapona no confirman esta creencia.
En cuanto a lo primero, un estudio de cohorte reveló que cuando los niños asmáticos son tratados con un inhalador de clorofluorocarbono de dosis medida (IDM) con dipropionato de beclometasona (DPB) sin un espaciador en una dosis de 250 a 600 µg/m2 por día, se puede esperar que todos los niños tengan una supresión del eje pituitario hipotalámico (EPH) después de 6 a 42 meses.
Cuando se realizó la prueba de metirapona en niños asmáticos tratados con budesonide, clorofluorocarbono, o  IDM hidrofluoroalcano (con o sin espaciador), así como con DPB nasal, la prevalencia de SHPA fue del 35%  (intervalo de confianza del 95% [IC]: 17-56). Hay muchas explicaciones posibles para la diferencia en los resultados de estos 2 estudios, 1 de los cuales se pone de relieve más adelante.

La supresión del hipotálamo y la pituitaria debido a corticosteroides exógenos precede a la inactividad y atrofia de las glándulas suprarrenales. Al retirar los corticosteroides, la recuperación central precede a la recuperación periférica, que a menudo requiere niveles plasmáticos “supernormales” de hormona adrenocorticotrópica (ACTH).La función adrenal puede tardar un mínimo de 9 meses en normalizarse.
La prueba de metirapona es ideal para distinguir entre los diferentes niveles de supresión del EPH. En niños atópicos, la omisión de esteroides por parte del niño o el cuidador puede activar la recuperación del hipotálamo y la pituitaria (HP). Esto podría llevar a que algunos niños se presenten con insuficiencia suprarrenal (aumento insuficiente del 11-desoxicortisol [11DOC] en la prueba de metirapona) y no con deterioro de la función HP (aumento inadecuado de ACTH en las pruebas de metirapona).
Los pacientes con hipopituitarismo responden de manera diferente. En estos pacientes, las glándulas suprarrenales no han perdido aún su función, porque el deterioro HP no se produce el tiempo suficiente o es leve. Por consiguiente, se puede esperar que muchos pacientes tengan supresión hipotalámica pituitaria (SHP) sin disfunción suprarrenal concomitante.

En el estudio piloto recientemente publicado, los autores identificaron el uso concomitante de ENs, dosis acumulativa de CCIs, y el tamaño corporal como factores que contribuyen al desarrollo de SHPA en niños asmáticos tratados con CCIs. Es necesaria la confirmación con  estudios más grandes. Los autores, por lo tanto, realizaron un estudio para determinar la prevalencia y los factores predictivos para los diversos grados de SHPA en niños asmáticos tratados con corticosteroides en las unidades de alergia de los hospitales infantiles académicos en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.
Métodos
Se reclutaron 143 niños asmáticos, de 5 a 18 años de edad que utilizaban CCIS con o sin tratamiento adicional con corticosteroides, en las unidades de alergia del Hospital de Niños Tygerberg, el Hospital de Niños de la Cruz Roja, y el Instituto de Neumonología durante un período de 2 años.
Fue incluido cada paciente elegible ≥11 años y cada segundo paciente elegible < 11 años, y se obtuvo el consentimiento informado. Los niños que tenían disfunción del EPH, hipotiroidismo no tratado o enfermedad hepática, y aquellos que fueron tratados con fenobarbital, fenitoína, rifampicina, amitriptilina, clorpromazina, neomercazole, o terapia de reemplazo hormonal fueron excluidos.
Se documentaron los síntomas compatibles con SHPA en el pasado (hipoglucemia, shock, disminución del nivel de conciencia y convulsiones) y en el presente (anorexia, náuseas, vómitos, diarrea, debilidad, cansancio, y mareos).
Se registraron la dosis diaria y acumulada de CCIs, ENs, esteroides tópicos (ET) y corticosteroides orales (CCOs). Las dosis de CCIs, de ENs, y de CCOs se corrigieron por área de superficie corporal (ASC) y se convirtieron en equivalentes de hidrocortisona. Todos los ETs fueron convertidos, en peso para base de peso, a los equivalentes de potencia de hidrocortisona.
La adherencia al tratamiento con corticosteroides se evaluó por 2 investigadores diferentes en distintos momentos preguntando cuántas dosis omitieron la semana anterior. Se registró el mayor número de omisiones. Se administró el cuestionario de control del asma, se determinó la función pulmonar (volumen espiratorio forzado en 1 segundo (VEF1), capacidad vital forzada (CVF), y tasa de flujo espiratorio máximo), y se determinó la puntuación de asma. Se registraron altura, peso, y cambio de la presión arterial sistólica, medida con un dispositivo electrónico de medición de presión arterial.
Se calcularon la velocidad de crecimiento anualizada (VC) y la velocidad de peso (VP) extrayendo de los registros los datos de altura y peso de ~1 año antes. Se utilizaron los siguientes estándares de crecimiento: las normas del Reino Unido 1990 de peso, talla e índice de masa corporal; las normas del Reino Unido 1966 de VC para la VC; y las normas de Gerver 2001 de VP para VP.
Las medidas antropométricas y las velocidades se registraron como puntajes de DE (PDEs). Se tomó una muestra de sangre en ayunas entre las 8 am y las 9 am para cortisol y ACTH. Se realizó la prueba de metirapona durante la noche (PMN) si el cortisol sérico en ayunas por la mañana era >83 nmol/L. Una respuesta adecuada fue definida por un aumento de ACTH desde la línea de base a >106 pg/mL (23,3 pmol/L), un aumento de 11DOC a >208 nmol/L, o un 11DOC+ aumento de cortisol a >400 nmol/L.
Estudios
El cortisol sérico se midió con el estudio automatizado quimioluminiscente ADVIA (Bayer, Dublín, Irlanda). La sensibilidad analítica fue de 5,5 nmol/L. En 107,05 nmol/L, el coeficiente intraestudio de variación (CV) fue del 3,69%, mientras el CV interestudio fue de 5,45%. No se conoce reactividad cruzada a la fluticasona, budesonida, beclometasona, o prednisona.
La ACTH se midió mediante un procedimiento automatizado quimioluminiscente secuencial inmunométrico (Immulite 2000, Siemens Healthcare Diagnostics, Flandes, NJ). Su sensibilidad analítica fue de 5 pg/ml (1,1 pmol/L), mientras que la precisión a 23 pg/ml (5 pmol/L) varió del 8,7% a 10%.
No se informó reactividad cruzada. Los niveles de 11DOC en plasma fueron establecidos mediante la utilización del radioinmunoensayo competitivo Biosource. Su sensibilidad analítica fue de 0,1 nmol/L; se informó 0,1% de reactividad cruzada con cortisol. El CV intraestudio a 82 nmol/L fue del 7,8%, y el CV interestudio de 95 nmol/L fue del 14,1%.
Análisis estadístico
Las velocidades de crecimiento se analizaron con el Analizador de Crecimiento, versión 3.5 (Rotterdam, Países Bajos). Se calculó la prevalencia de SHPA ajustada por edad, supresión hipotalámica-pituitaria, supresión adrenal, y el correspondiente IC. Se calcularon las correlaciones de Spearman (r) entre la ACTH, 11DOC, 11DOC + cortisol postmetirapona, y cada variable continua.
La prueba exacta de Fisher se utilizó para establecer la significación estadística de las variables nominales. Para modelar el ACTH en los CCIs diarios + EN/m2, se utilizó una regresión cuantil de polinomios fraccionales de orden -2 y -1. También se obtuvo el CI de la mediana de predicción de ACTH. Sobre la base de las correlaciones lineales de Spearman más significativas, se realizó una regresión linear múltiple para probar asociaciones con el ACTH postmetirapona.
Se realizó una transformación de raíz cuadrada de ACTH postmetirapona en el modelaje para mejorar la normalidad de la varianza del modelo. Se realizó regresión logística univariada y multivariada para probar la asociación con SHPA. La regresión lineal múltiple y los modelos logísticos multivariados se ajustaron para las características basales (edad e IMC).
Se ajustaron los modelos lineales y cuadráticos para probar las asociaciones no lineales. No se hicieron correcciones matemáticas para múltiples comparaciones. Excepto la prevalencia ajustada por edad de SHPA, SHP y supresión adrenal (SA), que se llevó a cabo en Stata (Stata Corp, College Station, TX), todos los otros análisis estadísticos se realizaron con R (www.r-project.org).
Resultados
Prevalencia
La prevalencia varió con el grado de supresión del EPH. La hipocortisolemia (cortisol sérico basal <83 nmol/L) fue menos común, y la SA (11DOC postmetirapona <208 nmol/L o 11DOC + cortisol <400 nmol/L) fue más común. Las prevalencias de SHP (ACTH postmetirapona <106 pg/ml [23,3 pmol/L) y SHPA (ACTH postmetirapona <106 pg/mL [23,3 pmol/L] y 11DOC postmetirapona <208 nmol/L y 11DOC postmetirapona + cortisol <400 nmol/L) fueron similares.
La totalidad o parte del eje estaba suprimido en dos tercios de los pacientes. Se produjeron náuseas, vómitos, y diarrea durante el tratamiento en sólo 2 de los 8 pacientes con evidente hipocortisolemia (p= 0,016). Por otra parte, los síntomas de anorexia, debilidad, lasitud, fatiga o mareo, así como un percentil de VC <25, VP<-2 PDE, o hipotensión ortostática (un caída de la presión arterial sistólica ≥20mmHg de pie a yacente), no fueron frecuentes en los niños con supresión.
Predictores de la supresión
Algunas variables fueron débiles, pero significativamente correlacionadas con la ACTH, el 11DOC, y/o 11DOC + cortisol. No se encontró correlación con los CCOs, CCIs, ENs o ETs/m2 acumulados, los ETs/m2 mensuales y la puntuación del asma. No se encontró asociación significativa entre SHPA y el número de cursos de CCOs administrados en el año previo (P=0,355). Tampoco hubo diferencia significativa en el promedio de √ ACTH, √ 11DOC y √ 11DOC + cortisol postmetirapona entre los que recibieron ETs potentes (betametasona) y aquellos que no lo hicieron (los valores de P fueron 0,711, 0,829, y 0,7 respectivamente). 

La línea de regresión cuantil basada en polinomios fraccionales, con la adherencia a los CCIs como covariable adicional, en el gráfico de dispersión de ACTH postmetirapona versus los CCIs diarios + ENs/m2 confirma una correlación inversa leve a la dosis de corticosteroides (modelo R2= 0,115).
A dosis fisiológicas (lo que equivale a una tasa de producción normal de cortisol de 3-10,6 mg/m2 por día), la mediana de respuesta de ACTH no fue lineal, mientras que a dosis suprafisiológicas la respuesta fue lineal. El IC alrededor de la mediana predijo que se extienda a ambos lados del nivel de  ACTH de 106 pg/ml (corte entre una respuesta adecuada e inadecuada de ACTH), lo que indica que el efecto de la dosis de ACTH no es significativo en estos niveles.

Un análisis de regresión logística univariado también identificó la dosis diaria por m2  de CCIs + ENs como un determinante significativo de la SHPA (P=0,038). Las dosis acumuladas de CCI + EN por m2 y la dosis de CCI + EN por m2 acumulativa para el año anterior fueron, sin embargo, no significativas (P= 0,450 y 0,380, respectivamente). 

Sólo 84 personas, no tratadas con ETs, se consideraron para los modelos de predicción. Se encontró que un modelo de regresión lineal de  ACTH √ postmetirapona explicaba el 17,6% (R2=0,176) de la varianza. Se identificó baja adherencia a CCI y EN, así como al IMC como factor de protección significativo para una inadecuada respuesta de ACTH.
Como se ha indicado por el tamaño del efecto, un niño que sólo tenía 50% de adherencia al tratamiento con CCI, se puede esperar que tenga un nivel de ACTH postmetirapona de 125 pg/mL (27,5 pmol/L) más alto que un niño que es 100% adherente. De manera similar, el nivel de ACTH postmetirapona de un paciente que pierde la mitad de su terapia de EN sería 116 pg/mL (25,5pmol/L) mayor en comparación con el nivel de uno que cumple totalmente el tratamiento. Además, el nivel de ACTH postmetirapona de un niño con un PDE de IMC de 2 sería 100 pg/mL (22 pmol/L) mayor que el de uno con un PDE de IMC de 0.

Un modelo de regresión logística para SHPA identificó al porcentaje de adherencia al CCI y al registro diario de la dosis por m2 de EN  como predictores significativos de su desarrollo. Un paciente tratado con una dosis de 400 µg de DPB por día es 3 1/2 veces más probable que  presente SHPA en comparación con un niño que no usa ENs.
Función pulmonar y control del asma 
La única función pulmonar que se encontró asociada significativamente con SHPA fue el VEF1/CVF. Esto fue independiente de las dosis acumulativas de CCI + EN, el porcentaje de CCIs y la adhesión a los ENs, y la puntuación de asma. Un niño con un VEF1/CVF  <80% se encontró que tenía una probabilidad 4 veces mayor de desarrollar SHPA que un niño que tenía un VEF1/CVF >80%. 

La prevalencia de SHPA en niños bien controlados (puntuación de asma <0,75) se encontró que era del 20% (IC95%: 5,7-43,7), mientras que la prevalencia de SHPA en los niños mal controlados (puntuación >1,5) fue del 55% (IC95%: 31,5-76,9). Por lo tanto la prevalencia de SHPA no cambia significativamente con el nivel de control del asma. En los 8 niños que presentaron hipocortisolemia, la diferencia fue acentuada pero no significativa (14% [IC95%: 0,4-57,9] para un buen control versus 43% [IC 95%: 9,9- 81,6] para el control deficiente).
Discusión
La prevalencia de SHP del 22% confirma los resultados del estudio piloto de los autores recientemente publicado. El gran tamaño de la muestra permite la generalización de los resultados de los autores a otras poblaciones de estudio.
Si se utiliza la misma metodología, el 15% al 30% de los niños que asisten a las unidades de alergia pueden tener una respuesta inadecuada de ACTH al estrés. Esto, en sí mismo, puede no ser clínicamente relevante. La SHP severa o prolongada podría, sin embargo, causar la atrofia de las glándulas suprarrenales y responder menos a la ACTH.
Se puede precipitar una crisis suprarrenal si el niño está expuesto a estrés, especialmente si se combina con el cese o una dosificación inadecuada de corticosteroides exógenos. Sin embargo, en la práctica, la crisis suprarrenal es poco frecuente. El estudio de los autores podría explicar por qué.

El punto de corte más adecuado para una respuesta adecuada de ACTH después de una PMN está abierto a debate. Se propusieron niveles tan bajos como 64 (14,1 pmol/L) a tan altos como 200 pg/mL (44 pmol/L). El punto de corte de 106pg/mL (23,3 pmol/L) utilizado en este estudio, estaba basado en el único ensayo publicado que comparaba la respuesta de la ACTH de la prueba de tolerancia a la insulina con la respuesta de la PMN en adultos con función pituitaria normal.
Se encontró que ninguna persona de los dos grupos tuvo una respuesta de ACTH menor de 100 pg/mL (22 pmol/L). Aunque no es el estudio más grande sobre este tema, sigue siendo la mejor comparación de la PMN a la hipoglucemia. El exceso o la falta de diagnóstico se mantiene al mínimo estableciendo el nivel de decisión entre los extremos sugeridos (es decir, en 106 pg/mL [23,3 pmol/L]). Uno sólo puede asumir que el punto de corte establecido para adultos también aplica a los niños.

Se encontró que dos veces el número de niños asmáticos que tenían SHP tienen supresión adrenal. Ambos niveles de 11DOC y 11DOC + cortisol deben aplicar, indicando una inhibición apropiada de la 11 β-hidroxilasa por metirapona para producir 11DOC con la consiguiente disminución de la producción de cortisol.
El alto número de niños con supresión adrenal sugiere que el eje ya está en proceso de recuperación en estos niños. Sus estructuras centrales se han recuperado totalmente, pero su función suprarrenal sigue afectada. La supresión del eje no es un fenómeno a todo o nada. Está, de hecho, en un estado de flujo constante determinado por la adhesión, el ajuste de la dosis, la técnica y el uso de esteroides suplementarios, así como por factores genéticos y epigenéticos.

Como se muestra previamente y se confirma en este estudio, la insuficiencia suprarrenal, aunque presente bioquímicamente, no suele ser clínicamente aparente. Si se expone al estrés junto con la interrupción brusca del tratamiento con corticosteroides, puede desencadenarse una crisis suprarrenal franca.
La SHPA puede así ser dinámica, presentando un espectro de leve e inaparente a severa y clínicamente evidente. Presumiblemente, este dinamismo reversible se pierde cuando las glándulas se han atrofiado, llevando potencialmente a la muerte, si el cortisol no es adecuadamente sustituido por corticosteroides farmacológicos.

El presente estudio sugiere que el 65% de los pacientes que asisten a las unidades pediátricas de alergia pueden sufrir los efectos supresivos de los esteroides, necesitándose un examen que permita detectar SHPA. Para este fin, los autores propusieron recientemente la ACTH sérica a la mañana. Sin embargo, sería prematuro recomendarlo para uso universal, razón por la cual los autores trataron de identificar predictores de SHPA.

El análisis de regresión logística univariado identificó el CCI + EN/m2 como un predictor significativo para SHPA. Sin embargo, al trazar la ACTH postmetirapona contra CCI + EN/m2, es evidente que la relación dosis-efecto es débil. Además, en dosis suprafisiológicas este efecto se pierde, por lo que es imposible predecir SHP a dosis altas. Es necesaria la confirmación con un estudio más grande porque el número de pacientes con estas dosis es pequeño.

El modelo de regresión lineal de ACTH √ postmetirapona identifica el IMC y el porcentaje de adhesión a CCI y EN como predictores útiles. Una respuesta normal de ACTH al stress debe ser de al menos de 100 pg/mL (22 pmol/L). La diferencia de 100 pg/mL (22 pmol/L) en la liberación de ACTH entre un niño de peso normal y un niño obeso es por lo tanto clínicamente significativa. La probabilidad de que un niño delgado desarrolle SHPA podría ser aún más alta.

Al reducir a la mitad la adherencia a los CCIs o los ENs, se espera que ocurra un aumento de ACTH de 125 a 116 pg/mL (27,5- 25,5 pmol/L) durante el estrés. La mala adherencia, por lo tanto, también ejerce un efecto protector sobre el desarrollo de la SHPA.
El cumplimiento del CCI, determinado mediante los dispositivos de medición electrónica, oscila entre el 63% y el 92%, similar a lo encontrado en el estudio de los autores (79%), usando un cuestionario no dirigido. Debido a que la auto-comunicación de adherencia suele ser una sobreestimación, la adherencia real puede ser incluso menor. 

El modelo de regresión logística para SHPA identifica claramente el registro diario de dosis de ENs por m2 como el predictor más significativo. Esto concuerda con el hallazgo del estudio piloto de los autores. Los ENs evitan los pulmones y entran en la circulación sistémica directamente a través de la absorción en la mucosa nasal y por lo tanto puede tener un mayor efecto sistémico que los CCIs, que ingresan a la circulación pulmonar primero.
El efecto sistémico también puede ser mediado por la inhibición directa de la producción de cortisol adrenal por los ENs a través de un corto circuito de realimentación. Por lo tanto sería más probable la supresión adrenal, sin una supresión previa a nivel HP.

La documentación limitada hace difícil determinar la dosis mensual de ETs con precisión. Esta es una limitación bien reconocida en los estudios dermatológicos. Por otra parte, la categorización de los ETs en los diferentes grupos de potencia por su capacidad de escaldar la piel es problemático porque esta evaluación es subjetiva. Además, la potencia tal como se determina por la vasoconstricción no es la misma potencia que se determina en base al peso. Esto explica la falta de correlación entre el ET/m2 mensual y los resultados postmetirapona. La evidencia de la bibliografía sugiere que los ETs raramente precipitan SHPA, a menos que se usen agentes muy potentes para tratar un porcentaje significativo del ASC o varios corticosteroides que se administran a través de varias rutas.

La exposición combinada a CCIs y CCOs ha demostrado que aumenta el riesgo de SHPA. La falta de correlación con CCO/m2 acumulado fue por lo tanto inesperado. Esto puede reflejar el tratamiento y la adherencia en la práctica. Los cursos de CCOs se prescriben a menudo en previsión de una exacerbación, pero, en ausencia de un ataque, nunca debería administrarse, o el curso debería acortarse. De esta forma la carga de corticoesteroides es reducida, haciendo que la supresión sea menos probable. 

Un niño con un VEF1/CVF <80% tenía una probabilidad significativamente mayor de desarrollar SHPA que un niño con un VEF1/CVF ≥80%. También había una tendencia en los niños con un puntaje alto de asma a tener una mayor prevalencia de SHPA. Ambos hallazgos fueron inesperados porque un buen control se asocia con mayores dosis supresoras de corticosteroides.
Antes se pensaba que la insuficiencia suprarrenal relativa en niños asmáticos podría contribuir al desarrollo de asma más severo. Una sugerencia alternativa fue que el asma en sí regula hacia abajo la  actividad del EPH por inhibición de la liberación de corticotrofina, posiblemente a través de la mediación de la interleucina-6 y el factor de necrosis tumoral-α. También se describieron una gran variación interindividual en la respuesta adrenal a la ACTH, la biodisponibilidad reducida de los glucocorticoides, y los mecanismos de transducción de señal alterados.
Conclusiones
Dos tercios de los niños tratados con corticosteroides en las unidades de alergia pueden tener un grado de disfunción del EPH.
La SHP puede ocurrir a dosis equivalentes a las dosis diarias de producción de cortisol.
El uso de ENs, además de CCIs, es un predictor significativo de SHPA. Las dosis acumulativas de corticosteroides no son predictivas. El IMC alto y la baja adherencia a los CCIs y ENs protegen contra la SHPA. El VEF1/CVF bajo puede ser predictivo de SHPA independientemente del efecto supresor de los corticosteroides.

Por lo tanto, los autores recomiendan que en cada niño asmático con un IMC bajo, que se trate con CCIs y ENs, y tengo buena adherencia al tratamiento, debe evaluarse su función del EPH.
Aunque es deseable, una evaluación antes del comienzo del tratamiento no es factible debido a que el médico de atención primaria inicia invariablemente el tratamiento con CCI en la presentación. Cada esfuerzo, sin embargo, debería hacerse para determinar el nivel de adhesión a los corticosteroides.
Se requiere investigación adicional para identificar factores genéticos que pueden predecir o proteger de la SHPA.
Comentario: El presente estudio destaca la importancia de la evaluación del eje hipotálamo- hipofisario-adrenal en algunos pacientes asmáticos que reciben tratamiento crónico con diferentes tipos de esteroides. Es necesario tener presente cuales son los factores de riesgo conocidos para desarrollar supresión del eje por el tratamiento para considerarlo en su seguimiento y ser cautos en la asociación de diferentes formas de corticoides en estos pacientes.  

♦ Resumen y comentario objetivo: Dra Alejandra Coarasa

Síndrome de superposición asma / EPOC

Síndrome de superposición asma / EPOC
El asma y la EPOC, antes consideradas como enfermedades diferentes, son enfermedades heterogéneas y con frecuencia se superponen.Autor: Dirkje S. Postma, M.D., Ph.D., and Klaus F. Rabe Fuente: The New England Journal of Medicine The Asthma–COPD Overlap Syndrome
Resumen
El término “síndrome de superposición asma–EPOC” (SAOC) se emplea cuando el paciente tiene características clínicas tanto de asma como de EPOC. En especial en pacientes ancianos, las manifestaciones del asma y la EPOC pueden ser muy similares.
Aún no hay estudios que consideren al SAOC como una entidad. Los autores de este trabajo de revisión creen que es prematuro recomendar la designación de SAOC como una entidad mórbida. Son necesarias más investigaciones para caracterizar mejor a los pacientes y obtener una definición estandarizada de SAOC basada sobre los marcadores que mejor pronostiquen la respuesta terapéutica en cada paciente.

Introducción

Aproximadamente 1 de cada 12 personas en todo el mundo sufre asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).Estas dos entidades, que antes se consideraban como dos enfermedades diferentes, actualmente se reconocen como enfermedades heterogéneas y a menudo superpuestas. El término “síndrome de superposición asma–EPOC” (SAOC) (o ACOS por las sigas del inglés) se emplea cuando una persona tiene características clínicas tanto de asma como de EPOC.
El asma es una enfermedad inflamatoria que afecta las grandes y pequeñas vías aéreas. Aparece durante la infancia, a menudo acompañada de alergias, aunque hay un subgrupo en el que comienza durante la edad adulta. Los pacientes con asma sufren episodios de disnea, opresión en el pecho, tos y sibilancias debido a la obstrucción generalizada de las vías respiratorias y la disminución del flujo espiratorio y del volumen espiratorio máximo en 1 segundo (VEM1) que habitualmente revierte por completo después del episodio.
"El término “síndrome de superposición asma–EPOC” se emplea cuando una persona tiene características clínicas tanto de asma como de EPOC"
La obstrucción de las vías respiratorias se produce por espasmo del músculo liso, aunque el moco y los infiltrados inflamatorios también contribuyen. La hiperreactividad bronquial, es decir el aumento de la respuesta broncoconstrictora a los estímulos inhalados, es una característica clave del asma, pero no es lo suficientemente específica como para determinar el diagnóstico.
La EPOC también es una enfermedad inflamatoria de las vías respiratorias, que afecta en especial la pequeña vía aérea. La EPOC en general se vuelve sintomática, con disnea, en los mayores de 40 - 45 años y con frecuencia se asocia con tos crónica, flema, sibilancias o una combinación de éstas. La obstrucción de las vías respiratorias se produce por contracción del músculo liso, depósito de moco, degradación tisular o una combinación de estos, con pérdida de la retracción elástica del pulmón, que genera el cierre de las vías respiratorias.
La EPOC, que es progresiva en muchos pacientes, es causada principalmente por el tabaquismo, aunque también la pueden causar el tabaquismo pasivo, la polución ambiental y ciertas exposiciones laborales.
La inflamación de las vías respiratorias es diferente en el asma y en la EPOC. El asma se caracteriza sobre todo por inflamación a predominio de eosinófilos e inflamación que afecta a los linfocitos T auxiliares tipo 2 (Th2).
La EPOC se caracteriza sobre todo por inflamación con abundancia de neutrófilos e inflamación que afecta a los linfocitos CD8. En especial en pacientes ancianos, las manifestaciones del asma y la EPOC pueden ser muy similares. Con el tiempo se desarrolla obstrucción irreversible de las vías respiratorias en algunos pacientes con asma debido a la restructuración de las vías respiratorias, y entonces estos pacientes se asemejan a los que sufren EPOC. En cambio, se puede producir obstrucción de las vías respiratorias reversible en pacientes con EPOC, quienes entonces se asemejarán a los que sufren asma. (Cuadro).
Recientemente, la Global Initiative for Asthma (GINA) y la Global Initiative for Chronic Obstructive Lung Disease (GOLD) publicaron un documento conjunto ( www . ginasthma . org/ local/ uploads/ files/ ACOS_2015 . pdf o www . goldcopd . org/ uploads/ users/ files/GOLD_ACOS_2015 . pdf) que describe al SAOC como una entidad clínica y propone que los médicos reúnan las características del asma y la EPOC que describen al paciente y comparen la cantidad de características que apoyan cada diagnóstico.
En la práctica, si se hallan tres o más características de asma o de EPOC, se sugiere ese diagnóstico; si los números de una y otra son similares, se debe considerar el diagnóstico de SAOC. Las variables importantes son la edad de inicio, las características del comienzo y el curso de los síntomas, los antecedentes personales o familiares, la limitación variable o persistente del flujo aéreo, la función pulmonar entre los síntomas y la distensión pulmonar grave.
Se estima que el SAOC está presente en el 15 - 45% de la población con enfermedad obstructiva de las vías respiratorias y su prevalencia aumenta con la edad. A pesar de esto, no se han efectuado estudios prospectivos doble ciego sobre el tratamiento de estos tipos de pacientes. Es así como no se sabe cuál es el tratamiento más eficaz para los pacientes con SAOC .
En esta revisión, los autores intentan responder dos preguntas: cómo se determina en un paciente el diagnóstico de asma, EPOC o SAOC y qué tratamiento deben recibir los pacientes con SAOC. No hay respuestas basadas en la evidencia para estas preguntas, ya que aún no hay estudios que consideren al SAOC como una entidad.
Cuadro. Cuatro ejemplos de pacientes con obstrucción de las vías respiratorias*

*El “asma fácil” y la “EPOC fácil” son los extremos del asma y la EPOC que se reconocen fácilmente. Los dos pacientes con SAOC tienen edad similar y ambos sufren atopía. A pesar de no ser fumador, el paciente con SAOC proveniente del asma tiene obstrucción de las vías aéreas irreversible, acompañada de disnea crónica y exacerbaciones de las sibilancias y la hiperreactividad bronquial. El paciente con SAOC proveniente de la EPOC tiene cierta reversibilidad de la obstrucción de las vías aéreas tras el empleo de broncodilatadores, disnea crónica y exacerbaciones de las sibilancias, que pueden estar acompañadas o no por hiperreactividad. En ambos pacientes con SAOC, no se puede distinguir con facilidad por su fenotipo si el síndrome proviene del asma o de la EPOC.

Obstrucción progresiva de las vías respiratorias:
El pulmón humano crece continuamente hasta la tercera década de la vida. Esto conduce al aumento de los volúmenes pulmonares y la mejor función pulmonar, según las mediciones del VEM1. A partir del comienzo de la edad adulta, el VEM1 disminuye aproximadamente 25 - 50 ml por año. En pacientes con enfermedad obstructiva de las vías respiratorias la disminución puede ser mayor — hasta 80 ml por año en algunos pacientes con asma y hasta 150 ml por año en algunos pacientes con EPOC. Sin embargo, no hay evidencia convincente de que la velocidad de disminución del VEM1 se pueda emplear para distinguir entre el asma y la EPOC.
La tendencia mundial al aumento de la expectativa de vida aumenta la mediana de edad de la población con asma. Esto aumenta la probabilidad de superposición con la EPOC, definida por el VEM1; la prevalencia estimada de SAOC depende mucho de la edad. Las poblaciones con antecedentes de asma que pueden tener SAOC son pacientes con asma de larga data y los que sufren asma grave.

Hiperrreactividad bronquial:
La hiperreactividad bronquial se considera como patognomónica del asma. No es parte de la definición de asma, porque no distingue concluyentemente el asma de la EPOC. La hiperreactividad bronquial se origina por numerosos factores, como el diámetro reducido de las vías aéreas, el aumento del grosor de la pared de las vías aéreas, el aumento de la masa muscular lisa y el aumento de la reactividad del músculo liso, el aumento de la vascularidad peribronquial, la pérdida de la retracción elástica del pulmón, la inflamación de las vías aéreas, la lesión del epitelio y el aumento de la actividad neurogénica.
En pacientes con asma hay evidencia de que el grado de hiperreactividad bronquial se relaciona con la inflamación eosinófila subyacente y alteraciones fenotípicas y funcionales del músculo liso de las vías aéreas, alteración de la respuesta glucocorticoide, y disfunción de la pequeña vía aérea. Es discutible si la hiperreactividad bronquial se asocia con la disminución acelerada del VEM1 en pacientes con asma, pero estudios mostraron que la hiperreactividad bronquial disminuyó mucho tras 3 meses de tratamiento con glucocorticoides inhalados, que no es el caso en pacientes con EPOC.
La hiperreactividad bronquial también es un factor de riesgo para el desarrollo de EPOC. Su frecuencia entre pacientes con EPOC es del 60%, y puede aparecer incluso en pacientes con enfermedad leve. Un estudio mostró hiperreactividad bronquial en el 90% de los pacientes con EPOC sin antecedentes de asma. Un estudio reciente mostró que la hiperreactividad bronquial más intensa se asocia con mayor volumen residual (una medida del atrapamiento aéreo relacionado con disfunción de la pequeña vía aérea) en la EPOC.
Además, la hiperreactividad bronquial se asocia con inflamación de las vías respiratorias  — es decir, mayores valores de neutrófilos, macrófagos y linfocitos en el esputo y en las muestras de biopsia bronquial y mayores valores de linfocitos CD8 y eosinófilos en los tejidos pulmonares periféricos — en pacientes con EPOC. Antes se pensaba que la asociación de aumento de eosinófilos con hiperreactividad bronquial se limitaba sólo al asma.
¿Cuáles son las consecuencias clínicas de la hiperreactividad bronquial en la EPOC?
Estudios mostraron que la disminución del VEM1 se acelera en pacientes con EPOC que tienen hiperreactividad bronquial y que la disminución es mayor aún en los fumadores. Así, la asociación de la hiperreactividad bronquial con la evolución de los cambios de la función pulmonar y con la respuesta a los glucocorticoides inhalados difiere entre la EPOC y el asma.
La hiperreactividad bronquial es un factor de riesgo de muerte por EPOC en la población general. Por ello, la hiperreactividad bronquial es un marcador de enfermedad más grave tanto en el asma como en la EPOC, pero no hay datos suficientes para indicar beneficios alejados con la reducción de la hiperreactividad bronquial, y, de ser así, cómo lograr esto en pacientes que sufren tanto asma como EPOC.

Reversibilidad de la obstrucción de las vías respiratorias:

La reversibilidad de la obstrucción de las vías respiratorias tras la inhalación de un broncodilatador como el albuterol es patognomónica del asma temprana y se la considera como criterio para diferenciar el asma de la EPOC. La reversibilidad puede disminuir o incluso desaparecer con el asma de larga data. Es bien sabido que la función pulmonar se puede normalizar tras la inhalación de broncodilatadores o tras el empleo de glucocorticoides inhalados en formas de asma más leves. En cambio, en el asma más grave, la reversibilidad puede ser limitada; es decir que la falta de reversibilidad total no descarta el diagnóstico de asma.
Con frecuencia también hay reversibilidad de la obstrucción de las vías respiratorias en la EPOC; en dos estudios, se observó reversibilidad en hasta el 44%de los pacientes en uno y el 50% en el otro. 

La atopía en el asma y en la EPOC:
La atopía es un factor de riesgo para el asma y la mayoría de las personas con asma son atópicas. El asma alérgica generalmente responde al tratamiento con glucocorticoides inhalados. Los pacientes con EPOC también pueden ser atópicos e incluso es un factor de riesgo para el desarrollo de EPOC. Dos estudios que investigaron la presencia de atopía en cohortes de personas con EPOC mostraron prevalencias del 18% y el 30%, respectivamente.
The European Respiratory Society Study on Chronic Obstructive Pulmonary Disease (EUROSCOP) es un estudio prospectivo aleatorizado, controlado, de la eficacia a largo plazo, de los glucocorticoides inhalados en la EPOC de leve a moderada. Este estudio mostró que aproximadamente el 18% de los pacientes eran atópicos.
La atopía no se asoció significativamente con la gravedad basal de la obstrucción de las vías respiratorias o la velocidad de la diminución del VEM1, pero sí con tos y flemas en los pacientes que recibían placebo. Los pacientes con atopía que recibieron budesonida tuvieron menos de estos síntomas que aquéllos sin atopía. Esta observación coincide con los resultados de un estudio anterior que sugirió que los pacientes con EPOC que sufren atopía son los que más se benefician con los glucocorticoides. 

Inflamación de las vías respiratorias en el asma y EPOC:
Se acepta que el asma típicamente tiene un patrón de inflamación eosinófílo y de citocinas producidas por las Th2, mientras la inflamación neutrófila domina en la EPOC. Pacientes con asma que sufren enfermedad grave o de inicio tardío o infecciones crónicas o que fuman también pueden mostrar inflamación neutrófila y células CD8 en las vías aéreas, mientras que antes se creía que ambas eran patognomónicas de la EPOC. Debido a que el número de neutrófilos en las vías respiratorias aumenta con la edad, este patrón inflamatorio puede simular EPOC en personas ancianas con asma.
Datos recientes sugieren que el reclutamiento de eosinófilos depende de varias vías que no son la clásica vía de Th2 — vías que implican las células linfoideas innatas tipo 2, la interleucina-33, la GATA-3 y los receptores para CRTH2. Es importante observar que la ausencia de eosinofilia y la falta de respuesta a los glucocorticoides inhalados en un paciente no descartan el asma.
La expresión genética distintiva de inflamación de Th2 se puede hallar también en la EPOC. Por ejemplo, la interleucina-13 (una citocina Th2) se expresó en más células T en el líquido de lavado broncoalveolar en pacientes con EPOC que en aquéllos sin EPOC. En un subgrupo de pacientes con EPOC, la expresión genética distintiva de inflamación de Th2 aumentó en muestras de biopsia de las paredes de las vías aéreas, igual que en los pacientes con asma.
Estas características de la expresión del gen se asociaron también con inflamación eosinofílica en la EPOC. El perfil Th2, sin embargo, no se asoció con una respuesta del VEM1 a los glucocorticoides inhalados, como en el asma, sino con la disminución de la relación volumen residual/capacidad pulmonar total, un marcador de hiperinsuflación.
En el 15 - 40% de los pacientes con EPOC estable se hallan eosinófilos en el esputo, el lavado broncoalveolar y el tejido pulmonar. La activación de los eosinófilos se asocia con la gravedad de la enfermedad. Los eosinófilos también pueden aumentar en el esputo de los pacientes con exacerbaciones de la EPOC. En el estudio ECLIPSE, el 37,4% de los 1483 pacientes con EPOC tuvieron eosinofilia persistente en sangre (>2%) durante 3 años de seguimiento.
En otro estudio, los pacientes con EPOC que tenían mayor eosinofilia, aunque la mayoría dentro de lo normal, mantuvieron los valores de VEM1 durante el seguimiento, mientras que aquéllos con valores de eosinófilos menores tuvieron disminuciones aceleradas en el VEM1 posbroncodilatador.
Los pacientes con asma o EPOC que tienen eosinofilia en el esputo tienen mejor respuesta a los glucocorticoides inhalados que aquéllos sin eosinofilia. El tratamiento con glucocorticoides inhalados para reducir la eosinofilia en pacientes con EPOC previene las exacerbaciones y las hospitalizaciones y los glucocorticoides son eficaces para tratar las exacerbaciones que se acompañan con eosinofilia. Estos datos sugieren que la inflamación eosinófila en sangre, esputo o tejido pulmonar significa un endotipo de EPOC con enfermedad más grave, que se refleja en las exacerbaciones, pero menos grave cuando se la evalúa según la disminución del VEM1.

Oxido nítrico exhalado en el asma:
El óxido nítrico exhalado (FeNO) puede ser útil para el diagnóstico de asma. Los valores de FeNO son menores en fumadores que en no fumadores y por eso las determinaciones de FeNO no son tan útiles para diferenciar el asma de la EPOC. Las cifras de FeNO se asocian con eosinofilia en esputo y sangre en el asma; no se sabe si esto es así en la EPOC. Aunque los valores de FeNO en pacientes con asma pueden disminuir notablemente tras el tratamiento con glucocorticoides inhalados, algunos pacientes tienen aumentos persistentes a pesar de este tratamiento. En estos casos puede haber vías operativas distintas a la clásica vía de los Th2.

¿Es el SAOC importante para la práctica médica?
Aunque las superposiciones entre asma y EPOC constituyen una realidad, los documentos GINA y GOLD no proporcionaron una definición específica de SAOC y afirmaron que es necesaria más evidencia sobre “fenotipos clínicos y mecanismos subyacentes”. El peligro de considerar que el SAOC es una entidad mórbida es que se pueden borronear los límites entre asma y EPOC, porque no existen investigaciones que estudien específicamente la población con SAOC, o que puede generar sobretratamiento, en especial con glucocorticoides inhalados.
Otro problema es que se aplican diferentes definiciones de SAOC en diversos estudios. Se impiden así conclusiones firmes sobre la gravedad, el tratamiento y el pronóstico del mismo. Por eso es casi imposible determinar el tratamiento más eficaz para cada paciente. Los autores sugieren la caracterización fenotípica exhaustiva de cada paciente antes de incluirlos en los estudios.

Tratamiento actual del asma y la EPOC
Los documentos GINA y GOLD proporcionan planes terapéuticos bien definidos para los casos claros de asma y EPOC. Por ejemplo, para el paciente con asma “fácil” (véase Cuadro arriba), se recomienda un enfoque escalonado sobre la base de la gravedad de la enfermedad, con el objetivo de mejorarla y de controlar el riesgo a futuro. Los pilares del tratamiento son los glucocorticoides inhalados junto con broncodilatadores, en especial beta-agonistas de acción corta y beta- agonistas de acción prolongada (BAAP). Los antagonistas de los receptores de leucotrieno son otra alternativa cuando la enfermedad es más leve.
Para el asma alérgica grave con valores apropiados de IgE, el tratamiento anti-IgE es una opción aprobada. En estudios controlados se mostró que los antagonistas muscarínicos de acción prolongada (AMAP) son útiles y ahora se los incluye en el tratamiento del asma grave, pero no están aprobados por la Food and Drug Administration para estos casos.
Para el paciente con EPOC “fácil” (véase Cuadro ), también se recomienda un enfoque escalonado, con el objetivo de disminuir los síntomas y las exacerbaciones y reconocer la importancia de las enfermedades coexistentes. Lo principal es el cese del tabaquismo y el empleo de BAAP y AMAP. La función de los glucocorticoides inhalados se discute desde hace años y se limita a los pacientes con enfermedad más grave y a los que sufren exacerbaciones frecuentes.

Pacientes con asma y signos simultáneos de EPOC:
Dada la falta de estudios de intervención aleatorizados sobre el SAOC, es difícil proporcionar orientación sobre el tratamiento para pacientes con el síndrome (Cuadro). Los autores opinan que el tratamiento con glucocorticoides inhalados se debe continuar en pacientes con asma de larga data aunque aparezca un componente de obstrucción irreversible de las vías aéreas; los modificadores del leucotrieno pueden ser valiosos en los pacientes con atopía.
El tratamiento combinado con un BAAP y un AMAP es un enfoque razonable para pacientes con asma o EPOC más grave o con enfermedades superpuestas. No obstante, dado el debate actual sobre la seguridad de los BAAP en personas con asma, cualquier sospecha de un componente asmático debe impulsar el empleo de glucocorticoides inhalados.

Pacientes con EPOC y signos de asma simultánea
Tradicionalmente, la EPOC se caracteriza por antecedentes de tabaquismo, obstrucción persistente y progresiva de las vías respiratorias, falta de reversibilidad de la obstrucción e infiltración neutrofílica en las vías respiratorias. Ahora se sabe que se puede hallar reversibilidad, eosinofilia e hiperreactividad bronquial en pacientes con EPOC.
Los autores opinan que para los pacientes que tienen alguna de estas características tipo asma podrían ser útiles los glucocorticoides inhalados. Este enfoque se debería evaluar en grandes estudios de eficacia con estudio exhaustivo de los fenotipos al inicio. También se necesitan otros parámetros de resultados, ya que los pacientes con EPOC y signos simultáneos de asma quizás no tengan cambios de fácil medición en el VEM1 en respuesta al tratamiento y en un período breve.

Conclusiones
Ya en 1961, una “hipótesis holandesa,” presentada por Orie y colegas, reconocía los problemas para diferenciar entre asma y EPOC. En esta hipótesis pionera se sugería que la expresión clínica del asma y la EPOC en adultos depende de la edad, el sexo y los factores ambientales.
Sobre la base de la información presentada en esta revisión, los autores creen que es prematuro recomendar la designación de SAOC como una entidad en atención primaria o por especialistas. Son necesarias más investigaciones para caracterizar mejor a los pacientes y obtener una definición estandarizada de SAOC basada sobre los marcadores que mejor pronostiquen la respuesta terapéutica en cada paciente. Sugieren que los profesionales sanitarios tengan una historia clínica con mediciones objetivas de cada paciente, que incluya los síntomas, las exacerbaciones, la función pulmonar y la respuesta a los tratamientos. Esperan que estos datos de observación, junto con datos de los estudios a futuro, proporcionen orientación para tratar a pacientes con supuesta superposición de asma y EPOC.
Traducción y resumen objetivo: Dr. Ricardo Ferreira