miércoles, 31 de octubre de 2018

Insuficiencia suprarrenal

Insuficiencia suprarrenal
Epidemiología, mecanismos causales, fisiopatología; manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento. Una enfermedad que suele pasar desapercibida por largo tiempo.Autor: Dres. Evangelia Charmandari, Nicolas C Nicolaides, George P Chrousos Lancet 2014; 383: 2152–67
Introducción
La insuficiencia suprarrenal (IS) es un trastorno que puede causar la muerte, provocado por la insuficiencia suprarrenal primaria (ISP) o la enfermedad suprarrenal secundaria a la alteración del eje hipotálamo-hipofisario. Es la manifestación clínica de la deficiente producción o acción de los glucocorticoides, con o sin deficiencia de mineralocorticoides y andrógenos suprarrenales.
Manifestaciones clínicas
Independientemente de la causa, la IS ha sido fatal hasta el año1949, cuando fue sintetizado por primera vez el cortisol y se pudo comenzar a hacer el tratamiento de reemplazo de los glucocorticoides. Sin embargo, a pesar de este avance, el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes sigue siendo problemático.

Epidemiología

Según el mecanismo subyacente, la IS se clasifica en primaria, secundaria o terciaria.
  • La insuficiencia suprarrenal primaria(ISP) resulta de la enfermedad intrínseca de la corteza suprarrenal.
     
  • La IS central, es el conjunto de las insuficiencias secundaria y terciaria, está causada por el deterioro de la producción o de la acción de la corticotrofina (ACTH).
     
  • La IS secundaria está causada por la enfermedad de la hipófisis que obstaculiza la liberación de ACTH o por la incapacidad de las glándulas suprarrenales para responder a esa hormona.
     
  • La IS terciaria resulta de la alteración hipotalámica de la síntesis o la acción de la hormona liberadora de ACTH, la vasopresina arginina o ambas, la que a su vez inhibe la secreción de ACTH.
Hacia fines del siglo XX, la prevalencia de la ISP crónica en Europa se duplicó y actualmente se estima en 4,4-4,6 casos nuevos por millón por año. Durante la primera mitad del siglo XX, la causa más común de ISP fue la tuberculosis pero en la actualidad son más comunes las enfermedades autoinmunes.
El aumento de la frecuencia de ISP en las últimas décadas, asociado la declinación de la prevalencia de la tuberculosis indica que hay más casos de IS autoinmune. En una serie de 615 pacientes con enfermedad de Addison estudiados entre 1969 y 2009, el 82% correspondió a la forma autoinmune; el 9% a casos relacionados con la tuberculosis y alrededor del 8% a otras causas. La ISP ocurre con más frecuencia en las mujeres y puede presentarse a cualquier edad, aunque predomina entre los 30 y los 50 años.

La frecuencia de las diversas formas de ISP en los niños difiere sustancialmente de la población adulta. En los niños, son más comunes las formas genéticas. En una serie de casos de 103 niños con enfermedad de Addison, observados durante 20 años (1981–2001), la causa más frecuente fue la hiperplasia suprarrenal congénita (72%); otras alteraciones genéticas eran responsables de otro 6% mientras que la enfermedad autoinmune fue diagnosticada solamente en el 13% de los casos.

La IS secundaria es más común que la ISP y su prevalencia ha sido estimada en 150–280 por millón de personas y afecta con más frecuencia a las mujeres.
La edad pico en el momento del diagnóstico es la sexta década de la vida. Una revisión sistemática y metaanálisis de prevalencias de hipopituitarismo en pacientes adultos que recibieron irradiación craneana por tumores no hipofisarios mostró una prevalencia puntual de cualquier grado de hipopituitarismo de 0,66 y una prevalencia de deficiencia de ACTH de 0,.22.
La causa más común de IS terciaria es la administración prolongada de glucocorticoides exógenos, que conduce a la supresión prolongada de la secreción hipotalámica de la hormona liberadora de ACTH.

Mecanismos causales

Insuficiencia suprarrenal primaria
En los países desarrollados, el 80–90% de los casos de ISP están ocasionados por la adrenalitis autoinmune, la cual puede ser aislada (40%) o formar parte del síndrome de poliendocrinopatía autoinmune (SPEA) (60%).
La enfermedad de Addison autoinmune se caracteriza por la destrucción de la corteza suprarrenal por mecanismos inmunológicos mediados por células. En el 85% de los pacientes con ISP idiopática se detectan anticuerpos contra el esteroide 21-hnidroxilasa pero esa detección es muy rara en las otras causas. Por otra parte, en la enfermedad de Addison autoinmune se han identificado otros antígenos, como el esteroide 17α-hidroxilasa y la enzima de escisión de la cadena lateral del colesterol. El mismo hallazgo ocurre en la insuficiencia ovárica primaria.
Las células T y la inmunidad celular también tienen un papel importante en la patogénesis de la enfermedad de Addison autoinmune y la generación de autoanticuerpos puede ser secundaria a la destrucción tisular. Por otra parte, se han identificado varios genes que confieren susceptibilidad a la enfermedad de Addison autoinmune.

La ISP también puede presentarse en el contexto del síndrome depoliendocrinopatía autoinmune (SPEA), cuyos tipos 1 y 2 tienen una base genética. Los anticuerpos contra el interferón-ω  y el interferón-α son sensibles y específicos de ese síndrome; el análisis de las mutaciones genéticas confirma el diagnóstico en el 95% de los casos.
El SPEA tipo 2 se caracteriza por la IS autoinmune y la enfermedad tiroidea autoinmune, con o sin diabetes tipo 1; es más prevalente que el tipo 1. Suele asociarse con otras enfermedades autoinmunes, afecta más comúnmente a los hombres y generalmente se presenta en la cuarta década de la vida.
El SPEA tipo 4 es un síndrome raro que se caracteriza por la asociación de la enfermedad de Addison autoinmune con uno o más componentes menores de otras enfermedades autoinmunes (por ej., hipogonadismo, gastritis atrófica, anemia perniciosa, enfermedad celíaca, miastenia grave, vitíligo, alopecia e hipofisitis) pero está excluido el componente mayor del SPEA tipo 1 y 2 (candidiasis crónica, hipoparatiroidismo, enfermedad tiroidea autoinmune y diabetes tipo 1).

Existen otras causas de IS como las infecciosas, la inducción por fármacos, varias mutaciones genéticas entre las que se puede mencionar a la adrenoleucodistrofia, la cual presenta trastornos neurológicos provocados por la desmielinización de la sustancia blanca y las manifestaciones de la ISP, que se presentan en la infancia o la niñez.
Las dos formas principales de adrenoleucodistrofia son la forma cerebral (50% de los casos; se manifiesta en la primera infancia con una rápida progresión) y la adrenomieloneuropatía (35% de los casos, de comienzo en la primera infancia con lenta progresión), en la cual la desmielinización está restringida a la médula espinal y los nervios periféricos. Dado que la manifestación inicial puede ser la IS, hay que sospechar la adrenoleucodistrofia en los varones jóvenes con IS.

Síndrome antifosfolípido: En ocasiones, la ISP se presenta en forma aguda como consecuencia de una hemorragia suprarrenal bilateral en pacientes con síndrome antifosfolípidos. Se caracteriza por trombosis arterial y venosa recurrente, complicaciones gestacionales y autoanticuerpos antifosfolípidos. Puede presentarse aislada o manifestarse en el contexto de trastornos del tejido conectivo o malignos.

Niños: En los niños, la causa más común de ISP es la hiperplasia suprarrenal congénita, un grupo de trastornos recesivos autosómicos ocasionados por la deficiencia de una de las enzimas necesarias para la síntesis del cortisol en la corteza suprarrenal. La forma más común es la clásica deficiencia de 21-hidroxilasa, la que se caracteriza por la poca síntesis de glucocorticoides y en muchos casos de mineralocorticoides, hiperandrogenismo suprarrenal y alteración del desarrollo y funcionamiento de la médula suprarrenal. Existen otras formas más raras por deficiencia de otras hidroxilasas y enzimas (3β-hidroxiesteroide deshidrogenasa o P450 óxido reductasa).

Insuficiencia suprarrenal central
La IS secundaria es provocada por cualquier proceso que afecte a la hipófisis e interfiera con la secreción de ACTH. La deficiencia de ACTH puede ser aislada o estar asociada a las deficiencias de otras hormonas hipofisarias. La IS secundaria asilada puede estar causada por un proceso autoimmune, y con frecuencia se asocia a otros trastornos endocrinos autoinmunes (tiroiditis, diabetes tipo 1). La deficiencia de ACTH también puede tener su origen en mutaciones genéticas.

La IS terciaria resulta de procesos que afectan al hipotálamo e interfieren la secreción de la hormona liberadora de ACTH, la vasopresina arginina o ambas. La causa más común de supresión del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal es la administración prolongada de dosis elevadas de glucocorticoides. Para lograr la recuperación total de dicho eje, en la mayoría de los casos se requiere la lenta disminución de las dosis de glucocorticoides durante 9–12 meses.
La IS terciaria también ocurre en pacientes que se han recuperado del síndrome de Cushing, ya que las concentraciones persistentemente elevadas de cortisol previas al tratamiento inhiben al eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, de la misma manera que lo hacen los glucocorticosteroides exógenos.
Por último, los fármacos como la mifepristona, un antagonista del receptor de glucocorticoides, los antipsicóticos y los antidepresivos causan resistencia tisular, debido al deterioro de la señal de transducción de glucocorticoides.

Fisiopatología y presentación clínica
La corteza suprarrenal tiene 3 zonasdiferentes, las cuales secretan varias hormonas, bajo el control directo de mecanismos de retroalimentación bien conocidos.
La aldosterona es sintetizada en la zona más externa, la zona glomerular. Su secreción está sobre todo regulada por el sistema renina-angiotensina y las concentraciones de potasio extracelular. Por lo tanto, no está alterada en la IS secundaria o terciaria.
La secreción de cortisol de la zona fasciculada está principalmente regulada por la ACTH, la cual es liberada de la hipófisis anterior en respuesta a la hormona liberadora de ACTH y la vasopresina arginina. En las personas sanas, la secreción de cortisol es pulsátil y las concentraciones del cortisol circulante fluctúan naturalmente en forma circadiana, con concentraciones más elevadas a la mañana (06:00–08:00 horas) y más bajas alrededor de la medianoche.
Los andrógenos suprarrenales dehidroepiandrosterona y sulfato éster de dehidroepiandorsterona son sintetizados en la zona reticular, más interna. La dehidroepiandrosterona y su sulfato tienen un patrón particular: están relacionados con la edad en el período neonatal las concentraciones son muy elevadas y luego declinan hasta valores muy bajos durante los primeros meses de vida; posteriormente comienzan a aumentar continuamente entre los 6 y los 10 años, lo que se denomina adrenarquia. Las concentraciones máximas de esas dos hormonas se alcanzan durante la tercera década de la vida; luego declinan sostenidamente desde la quinta década (adrenopausia) hasta que alrededor de los 70 años disminuyen un 10–20% el valor de la concentración máxima. La disminución del sulfato de dehidroepidandrosterona relacionada con la edad no refleja la pérdida general de la secreción adrenocortical porque las concentraciones de cortisol incluso aumentan ligeramente con la edad.

Manifestaciones clínicas
Las manifestaciones clínicas de la ISP se deben a la deficiencia de todas las hormonas adrenocorticales (aldosterona, cortisol, andrógenos); también pueden observarse signos de otras condiciones autoinmunes concurrentes. La mayoría de los síntomas son inespecíficos y pueden retrasar el diagnóstico y el tratamiento.
En los niños con IS puede haber hipoglucemia y un mal control de la glucosa; en los pacientes con diabetes tipo 1 aparece la necesidad de reducir la dosis total diaria de insulina.
Un signo específico de ISP crónica que no aparece en la ISP aguda es la hiperpigmentación, la cual afecta sobre todo las áreas de piel sujetas a presión (codos, nudillos, pliegues palmares, labios, mucosa oral). Está causada por la estimulación de los receptores cutáneos de la melanocortina-1 debido a las elevadas concentraciones de ACTH circulante.
El período preclínico puede durar muchos años a partir de la detección de los primeros cambios metabólicos, aun en presencia de títulos elevados de autoanticuerpos específicos y concentraciones muy elevadas de ACTH.
En la IS autoinmune, la primera zona afectada por la destrucción inmunitaria suele ser la zona glomerular, quizás debido a que es más delgada que las otras dos zonas, o porque es más vulnerable al ataque autoinmune. Este cuadro explicaría el primer período de la IS caracterizado por una elevada actividad de la renina plasmática y concentraciones bajas de aldosterona, seguido por una fase de deficiencia progresiva de glucocorticoides, inicialmente con una respuesta inadecuada al estímulo estresante y luego por una fase de insuficiencia manifiesta con concentraciones bajas de cortisol basal.

Las manifestaciones clínicas de la IS secundaria o terciaria resultan solamente de la insuficiencia de glucocorticoides (la secreción de aldosterona y andrógenos suprarrenales está preservada); sin embargo, también puede haber signos de un trastorno primario subyacente.
La hiperpigmentación no está presente porque la secreción de ACTH no está aumentada; secundariamente, puede haber hiponatremia y expansión de volumen debidas al aumento inapropiado de la secreción de vasopresina arginina.
También podría haber síntomas y signos de deficiencia de otras hormonas de la hipófisis anterior. La primera presentación de la IS podría ser una crisis suprarrenal con peligro de muerte. Las manifestaciones clínicas incluyen:
  • vómitos
  • dolor abdominal
  • mialgias
  • artralgias
  • hipotensión grave
  • shock hipovolémico.
La presentación aguda puede ser precipitada por un estrés fisiológico como la cirugía, el trauma o una infección intercurrente.

Diagnóstico de la insuficiencia suprarrenal
Para el diagnóstico de IS existen 3 objetivos principales a confirmar:
  1. La secreción inapropiadamente baja de cortisol.
  2. La distinción entre IS primaria o central.
  3. La identificación de los procesos patológicos subyacentes.
Cualquiera sea la causa, el diagnóstico de IS depende enteramente de demostrar que la secreción de cortisol está inapropiadamente baja. Todas las pruebas de estimulación actuales miden la concentración total de cortisol, la cual está relacionada estrechamente con el cortisol libre biológicamente activo, pero quizás no sea ésta toda la situación.
Las concentraciones elevadas de globulina ligada al cortisol en las pacientes que reciben estrógenos orales durante el embarazo pueden provocar resultados normales falsos. Por el contrario, en los pacientes con cirrosis, las concentraciones de globulina ligada al cortisol son bajas y pueden dar lugar a resultados anormales falsos. La medición de las concentraciones séricas de cortisol libre puede ofrecer información adicional, aunque en general, los análisis disponibles, como la concentración de cortisol salival, podrían ser una alternativa útil.

En las personas sanas, las concentraciones séricas de cortisol son más elevadas a la mañana temprano (100–200 μg/L). Una concentración sérica de cortisol baja (<30 μg/L) en una muestra de sangre a la mañana temprano es un fuerte indicador d IS. Por el contrario, en la mayoría de los pacientes, una concentración sérica de cortisol matinal >150 μg/L supone una respuesta normal del cortisol sérico a la hipoglucemia inducida por la insulina, o a una prueba de ACTH corta. La medición simultánea de las concentraciones de cortisol y ACTH identifica a la mayoría de los casos de ISP.

Del mismo modo, la concentración de cortisol salival >5,8 μg/L a las 08:00 horas excluye la IS, mientras que un valor <1,8 μg/L indica una alta probabilidad de IS. Esta prueba se ha utilizado como prueba de detección para la IS pero no ha sido completamente validada como prueba diagnóstica.
La medición de las concentraciones de cortisol libre en la orina no es útil para el diagnóstico de IS, principalmente porque los niveles más bajos del rango no son contributivos.
En general, la medición de la concentración de ACTH plasmática basal distingue la ISP de la IS central. La medición simultánea de la concentración de cortisol sérico basal y de la ACTH plasmática puede confirmar el diagnóstico de IS y establecer su causa.
En las personas sanas, las concentraciones de ACTH a las 08:00 horas son de 20–52 ng/L.
En la ISP, la concentración de ACTH plasmática a las 08:00 horas es elevada y se asocia con concentraciones o elevadas o mayor actividad de la renina plasmática, concentraciones bajas de aldosterona, hiponatremia e hiperpotasemia.
Por el contrario, en la IS secundaria o terciaria, la concentración de ACTH plasmática es baja o normal baja y las concentraciones plasmáticas de renina y aldosterona suelen estar inalteradas, pero luego de una duración muy prolongada de deficiencia de ACTH aparece una deficiencia de mineralocorticoides. Habitualmente, las primeras concentraciones que aumentan en la IS autoinmune son las de la renina plasmática seguidas por el aumento de la concentración de ACTH y el descenso de la concentración de aldosterona.

La IS se caracteriza por la deficiencia de andrógenos suprarrenales. En los pacientes con ISP o central, las concentraciones séricas de dehidroepiandrosterona y su sulfato son bajas, pero estas características facilitan el diagnóstico solamente en los pacientes <40 años, debido a la fisiología y a la declinación de los andrógenos suprarrenales relacionadas con la edad.
En general, la IS se diagnostica mediante la prueba de ACTH con dosis estándar, la cual es segura, confiable y precisa.
Por medio de esta prueba se estimulan las glándulas suprarrenales con dosis farmacológicas (250 μg) de ACTH 1-24 exógena, la cual tiene toda la potencia biológica del aminoácido-39 de la ACTH. Se administra por vía intravenosa o intramuscular y se miden las concentraciones de cortisol sérico al comienzo y a los 30 y 60 minutos después de la administración. La concentración pico normal de cortisol es >180 μg/L. La prueba de ACTH con dosis estándar no debe ser usada durante las primeras 4–6 semanas después de un insulto hipotalámico o hipofisario porque la corteza suprarrenal podría todavía estar respondiendo adecuadamente a la administración de la ACTH exógena y dar un resultado normal falso.

Debido a que algunos pacientes con IS pueden tener una respuesta de cortisol normal a la prueba con dosis estándar de estimulación, dado que la dosis farmacológica de la hormona es suficiente para suscitar una respuesta, se han investigado pruebas con dosis más bajas (1 µg/L o 500 mg/1,73 m2)  para aumentar  la sensibilidad. Esta prueba puede ser más sensible y específica que la prueba estándar. Pero hay detalles técnicos que pueden influir en su precisión. Por lo tanto, la prueba se reservará para los pacientes con ISP o IS central de reciente comienzo (4-6 semanas de duración).
La estimulación prolongada con ACTH exógena se usa para diferenciar la IS primaria, secundaria y terciaria. En la ISP, las glándulas suprarrenales no responden a la ACTH, mientras que en las otras dos, la respuesta aparece luego de períodos más prolongados de estimulación con ACTH. La prueba implica la administración de  250 μg de ACTH por infusión intravenosa durante 24 horas, 2 o 3 días consecutivos, y se mide la concentración de cortisol sérico y de cortisol en la orina de 24 horas, como así la concentración de 17-hidroxicorticoide, antes y después de la infusión.

Ante la sospecha de IS secundaria, otra opción para confirmar el diagnóstico es hacer la prueba de tolerancia a la insulina, particularmente en los pacientes con sospecha de deficiencia de ACTH de reciente comienzo. Esta prueba investiga la integridad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y es ampliamente aceptada como el estándar de oro. Por otra parte, tiene la ventaja de evaluar la reserva de hormona de crecimiento. No obstante, no se debe hacer en los pacientes con enfermedad cardiovascular o antecedente de convulsiones y requiere una supervisión muy estrecha. Se administran 0,10–0,15 U/kg de insulina para inducir hipoglucemia y luego medir las concentraciones de cortisol cada 30 minutos, durante al menos 120 minutos.

La prueba de la hormona liberadora de ACTH evalúa la reserva de ACTH hipofisaria. Esta prueba puede ser útil para distinguir la IS secundaria de la terciaria, aunque esta diferenciación raramente es importante para el tratamiento y requiere la administración intravenosa de la hormona liberadora de ACTH a una dosis de 1 μg/kg (hasta un máximo de 100 μg) y la medición de las concentraciones de cortisol sérico y de ACTH plasmática basal, cada 15 minutos hasta 1 hora después de la estimulación y luego, cada 30 minutos hasta las 2 horas.
En los pacientes con IS secundaria no hay respuesta a la ACTH o es muy escasa, mientras que en los pacientes con IS terciaria hay una respuesta exagerada y prolongada a esa hormona.
Los autores llaman la atención de que ninguna de esas pruebas dinámicas, incluyendo el test de tolerancia a la insulina, clasifica correctamente a los pacientes con IS.
La IS secundaria leve puede pasar desapercibida y los individuos sanos pueden mostrar respuestas ligeramente anormales. Por lo tanto, es muy importante el criterio clínico, y los pacientes con síntomas persistentes sugestivos de IS deben volver a evaluarse.

El diagnóstico de IS autoinmune se basa en el hallazgo de autoanticuerposcontra la corteza suprarrenal, sin agrandamiento de las suprarrenales en la radiografía (tamaño normal o pequeño) y la presencia de otras enfermedades autoinmunes, con la exclusión de las otras causas conocidas de IS.
En más del 90% de los pacientes con adrenalitis autoinmunes de reciente comienzo se hallan autoanticuerpos anti corteza suprarrenal, o anti 21-hidroxilasa. Por otra parte, en algunos pacientes hay autoanticuerpos contra otras enzimas esteroideogénicas (P450scc, P450c17) y contra las células productoras de esteroides, los que pueden ser marcadores predictivos de insuficiencia ovárica primaria.
En los pacientes varones con enfermedad de Addison aislada y sin autoanticuerpos, se deben medir las concentraciones plasmáticas de los ácidos grasos de cadena muy larga, para excluir la adrenoleucodistrofia ligada a X.

Los pacientes sin una enfermedad autoinmune ni autoanticuerpos deben ser estudiados mediante una tomografía computarizada (TC) de las glándulas suprarrenales. En los países en desarrollo y poblaciones de inmigrantes, un diagnóstico diferencial es la adrenalitis tuberculosa.
En las primeras etapas, la TC muestra la hiperplasia de las glándulas suprarrenales, y en los estadios posteriores de la enfermedad calcificaciones irregulares. Otras causas más raras de IS que pueden ser detectadas mediante la TC suprarrenal son el linfoma suprarrenal bilateral, las metástasissuprarrenales o la infiltración suprarrenal ((sarcoidosis, amiloidosis, hemocromatosis).
Ante la sospecha de IS central, están indicadas las imágenes por Resonancia Magnética de las regiones hipotalámica e hipofisaria, ya que pueden revelar adenomas hipofisarios, craneofaringiomas, meningiomas, metástasis e infiltración sarcoidótica, histiocitosis de células de Langerhans u otras enfermedades granulomatosas.
Las imágenes no son necesarias en presencia de anticuerpos contra la corteza suprarrenal.

Tratamiento
La IS puede poner en peligro la vida. El tratamiento debe iniciarse tan pronto como se confirma el diagnóstico o más pronto aún si el paciente presenta en crisis suprarrenal.
Prevención y manejo de la insuficiencia suprarenal
 
Insuficiencia suprarrenal aguda 

Remplazo con glucocorticoides 

•Rehidratación rápida con infusiones de solución salina fisiológica con monitoreo cardíaco continuo. Inyectar 100 mg de hidrocortisona intravenosa, seguida de 100-200 mg de hidrocortisona en glucosa al 5% mediante infusión intravenosa continua (o, hidrocortisona por vía intramuscular/6 horas, en dosis de 50-100 mg, según la edad y la superficie corporal).

Remplazo de mineralocorticoides 

• Necesario solo en la ISP.
• No es necesario si la dosis de hidrocortisona es >50 mg/24 horas.

Remplazo de andrógenos suprarrenales 
• No se requiere

Insuficiencia suprarrenal crónica

Remplazo de glucocorticoide 
• ISP: comenzar con hidrocortisona, 20-25 mg/24 horas.

• IS secundaria: 15- 20 mg de hidrocortisona en 24 h; si las concentraciones de cortisol en respuesta a la prueba de ACTH están en el límite inferior normal bajo, considerar la administración de 10 mg de hidrocortisona/día o usar solamente las dosis de estrés bajo un estrecho monitoreo.

• La hidrocortisona debe ser dividida en 3 dosis y administrar los 2/3 o la mitad de la dosis diaria total a la mañana temprano.

• Asesorar a los pacientes y familiares sobre la administración de hidrocortisona en dosis de estrés.

• El monitoreo incluye la detección de signos de reemplazo de glucocorticoides bajo (pérdida de peso, fatiga, náuseas, mialgia, falta de energía) o excesivo (aumento de peso, la obesidad central, estrías, osteopenia y osteoporosis, intolerancia a la glucosa, hipertensión).

Remplazo de mineralocorticoides 
• Necesario solo en la ISP.

• No es necesario si la dosis diaria de hidrocortisona es > 50 mg.

• Comenzar con 100 mcg de fludrocortisona (50-250 mcg/día) en dosis única a la mañana temprano, junto con la hidrocortisona.

• El monitoreo incluye evaluar al paciente para detectar signos de remplazo de mineralocorticoides insuficiente (hipotensión ortostática >20 mm Hg, pérdida de peso, deshidratación, hiponatremia, aumento de la actividad de la renina plasmática) o excesivo (aumento de peso, hipertensión arterial, hipernatremia, actividad de la renina plasmática suprimida).

• La hidrocortisona debe ser dividida en 3 dosis, con 2/3 o la mitad de la dosis diaria total administrada a la mañana.

• Asesorar a los pacientes y familiares sobre la administración de hidrocortisona en dosis de estrés.

• El monitoreo debe incluir la evaluación del paciente para detectar signos de remplazo de glucocorticoides deficiente (pérdida de peso, fatiga, náuseas, mialgia, falta de energía) o excesivo (aumento de peso, la obesidad central, estrías, la osteopenia y la osteoporosis, la tolerancia a la glucosa, hipertensión).

Remplazo de andrógenos suprarrenales 

• Está indicado en los pacientes con alteración de su bienestar y estado de ánimo pesar de la terapia de reemplazo con glucocorticoides y mineralocorticoides óptima, o en mujeres con síntomas y signos de insuficiencia de andrógenos suprarrenales.

• Comenzar con una dosis única 25-50 mg de dehidroepiandrosterona a la mañana.

•El monitoreo durante el tratamiento de las mujeres incluye la medición de las concentraciones de testosterona sérica y de globulina unida a las hormonas sexuales (para calcular el índice de andrógenos libres). En ambos sexos se debe medir el sulfato de dehidroepiandrosterona sérico y monitorear las concentraciones de androstendiona (24 horas después de la dosis precedente de carga de dehidroepiandrosterona).

Requisitos adicionales de monitoreo

• Seguimiento regular en consultorio externo de endocrinología clínica cada 6 meses.

• En la ISP autoinmune, preguntar acerca de los síntomas y signos de otros trastornos autoinmunes y hacer las pruebas pertinentes cada 6-12 meses.

• Comprobar el brazalete de emergencia o la tarjeta de esteroides y actualizar según sea necesario.

• Asegurarse de que el paciente o la familia (para los niños) estén informados acerca del uso de  las dosis de estrés de lahidrocortisona y la cobertura que proporciona el kit de autoinyección de emergencia de hidrocortisona.

• Preguntar sobre otros medicamentos que pueden inducir  las enzimas hepáticas implicadas en el metabolismo del cortisol (por ej., rifampicina, mitotano, anticonvulsivos) o inhibirlas (por (por ej., los antirretrovirales) y ajustar la dosis de hidrocortisona según necesidad.

Prevención de la crisis suprarrenal

• Los pacientes deben llevar un brazalete de alerta médica y una tarjeta indicando que están en tratamiento prolongado con esteroides.

• Los pacientes que han recibido tratamiento con glucocorticoides exógenos durante más de 2-3 semanas no deben interrumpir abruptamente dicho tratamiento.

• Los pacientes deben recibir un kit de autoinyección de hidrocortisona de emergencia y entrenamiento sobre cómo y cuándo usarlo.

• Los pacientes deben saber que cuando sufren enfermedades intercurrentes deben duplicar o triplicar las dosis de hidrocortisona y solicitar la asistencia médica inmediata para el diagnóstico y tratamiento de dicha enfermedad, si es necesario. Consultar en el servicio de urgencias más cercano si hay vómitos persistentes y no pueden tolerar el tratamiento con hidrocortisona oral; y para informar al personal médico sobre la necesidad del ingreso precoz al hospital para el tratamiento parenteral con hidrocortisona, en caso de una enfermedad grave o cirugía.
Una parte muy importante del manejo de la IS crónica es la educación del paciente y su familia, quienes necesitan conocer la importancia de la terapia de reemplazo para toda la vida, la necesidad de aumentar la dosis usual de corticosteroides durante el estrés y de notificar al equipo médico si el paciente está por ser sometido a un procedimiento quirúrgico.
Por otra parte, ellos siempre deben tener a su alcance inyecciones de hidrocortisona y saber cómo y cuándo administrarla. Los pacientes con IS deben ser tratados con hidrocortisona (o cortisona cuando no  hay disponibilidad de acetato de hidrocortisona), que es la opción más fisiológica para el reemplazo glucocorticoide. La dosis diaria recomendada de hidrocortisona es 10–12 mg/m²; puede darse en 2-3 dosis administrando la mitad o los dos tercios de la dosis total diaria a la mañana.
En los pacientes con tratamiento prolongado con hidrocortisona se pueden observar descensos leves de la densidad mineral ósea. Hay que evitar los glucocorticoides sintéticos de acción prolongada como la prednisona y la dexametasona porque la larga duración de su acción puede provocar signos de exceso crónico de glucocorticoides.
Últimamente se han desarrollado preparaciones de hidrocortisona de liberación retardada y sostenida que están bajo investigación clínica. Estas formulaciones brindan concentraciones de cortisol más estables a lo largo de los días y reproducen la elevación fisiológica del cortisol en las primeras horas de la mañana, después de la ingesta oral de la preparación al acostarse. También se ha desarrollado un comprimido de hidrocortisona de liberación dual de una sola toma diaria para obtener un perfil de exposición al cortisol sérico con un ritmo circadiano más fisiológico.
Comparado con el enfoque tradicional, el tratamiento con esta preparación mejoró los factores de riesgo cardiovasculares, el metabolismo de la glucosa y la calidad de vida, todo lo cual puede ayudar a mejorar el resultado en los pacientes con IS.
En ausencia de variables objetivas para evaluar si la terapia de reemplazo es adecuada, el médico tiene que confiar principalmente en los síntomas y signos que indican que el reemplazo de glucocorticoides es bajo o excesivo, para optar por titular apropiadamente la dosis y prevenir una morbilidad significativa.
Durante enfermedades o procedimientos quirúrgicos menores, la dosis de glucocorticoide puede aumentarse hasta triplicar la dosis usual de mantenimiento. Durante la enfermedad o cirugía mayor, dicho aumento podría llegar a 10 veces, para evitar la crisis suprarrenal.

En la ISP es necesaria la terapia de reemplazo mineralocorticoide, para prevenir la pérdida de sodio, la depleción de volumen intravascular y la hiperpotasemia. Se administra en forma de glucocortisona (9-α-fluorohidrocortisona), en una dosis de 0,05–0,20 mg/día, a la mañana. La dosis de fluorocortisona es monitoreada individualmente mediante el control de la presión arterial, la natremia y la potasemia, como así de las concentraciones de la actividad de la renina plasmática. La dosis de mineralocorticoide tendría que ser aumentada en el verano, especialmente si los pacientes están expuestos a temperaturas >29°C. En la IS secundaria o terciaria no es necesario el reemplazo de mineralocorticoides, pero sí podrían serlo en las deficiencias de la hipófisis anterior.

En las mujeres, la corteza suprarrenal es la fuente principal de producción de andrógenos, como hidroepiandrosterona y su sulfato. En los pacientes adultos, niños y adolescentes con IS, el tratamiento con dehidroepiandrosterona mejora el humor y la sensación de bienestar general.
El reemplazo de la dehidroepiandrosterona está indicado en los pacientes cuyo bienestar está muy alterado a pesar de recibir las dosis óptimas de reemplazo de glucocorticoides y mineralocorticoides. Una sola dosis oral de 25-50 mg a la mañana es suficiente para mantener las concentraciones séricas dentro de los límites normales.
La vigilancia terapéutica incluye la medición de las concentraciones séricas del sulfato de dehidroepiandrosterona (valor objetivo: la media del rango normal para las personas jóvenes sanas) y las mujeres deben saber que deben informar cualquier efecto androgénico.

El objetivo terapéutico de la hiperplasia suprarrenal congénita clásica no solo es proveer un reemplazo adecuado de glucocorticoides y mineralocorticoides para evitar la crisis suprarrenal sino también suprimir la secreción excesiva de ACTH de la hipófisis anterior, con el fin de disminuir el exceso de producción de andrógenos suprarrenales.
En la niñez, para el control satisfactorio de la secreción de andrógenos suprarrenales se administran 10–15 mg/m² de hidrocortisona diaria en 3 dosis pero en el período neonatal podrían requerirse dosis más elevadas. Dado que estas dosis superan los niveles de la secreción fisiológica de cortisol, los pacientes deben ser monitoreados cuidadosamente para detectar signos del síndrome de Cushing.
La eficacia terapéutica se evalúa mediante la velocidad del crecimiento, la maduración esquelética, la ganancia de peso y la concentración sérica de 17-hidroxiprogesterona y androstendiona a las 08:00 horas. En los pacientes con hiperplasia suprarrenal clásica con alteración de la secreción de aldosterona está indicado el reemplazo mineralocorticoide.

La crisis suprarrenal es una emergencia que puede provocar la muerte y ocurre frecuentemente en los pacientes con IS que reciben terapia de reemplazo estándar, y requiere el tratamiento inmediato. El manejo inicial de la crisis suprarrenal es tratar la hipotensión y revertir las anormalidades electrolíticas y la deficiencia de cortisol.
El tratamiento consiste en la administración inmediata de 100 mg de hidrocortisona y la rehidratación rápida con solución fisiológica normal con monitoreo cardíaco continuo, seguida de 100–200 mg de hidrocortisona en glucosa al 5% durante 24 horas, por infusión intravenosa continua; como alternativa, la hidrocortisona puede darse por inyección intravenosa o intramuscular, cada 6 horas, en dosis de 40-100 mg, dependiendo de la edad y el área de la superficie corporal.
En la ISP, si el paciente recibe ≥50 mg diarios de hidrocortisona, se puede suspender o reducir el reemplazo de mineralocorticoide, porque esa dosis es equivalente a 0,1 mg de fludrocortisona. Una vez que el paciente se ha estabilizado, el tratamiento con glucocorticoides intravenosos se puede ir disminuyendo durante los días siguientes y ser sustituido por una dosis de mantenimiento oral.

Diagnóstico especial y condiciones terapéuticas

Insuficiencia suprarrenal en pacientes críticos
La IS es común en los pacientes críticamente enfermos y se informa cada vez más en la sepsis, la neumonía grave, el síndrome de distrés respiratorio del adulto, el trauma, la infección por el VIH o después del tratamiento con etomidato.
También puede asociarse con el daño estructural de la glándula suprarrenal, la hipófisis o el hipotálamo. Sin embargo, muchos pacientes críticamente enfermos desarrollan una insuficiencia del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal reversible.
El mecanismo fisiopatológico que lleva a la IS en el curso de una enfermedad crítica no está bien establecido. No obstante, se mencionan la disminución de la secreción de cortisol y la alteración de la señal de transducción de los glucocorticoides. Se ha postulado que las citocinas proinflamatorias podrían competir con la ACTH en sus receptores o inducirían la resistencia tisular a los glucocorticoides.

En ausencia de glucocorticoides, sus receptores están principalmente en el citoplasma integrando un complejo con las proteínas del shock térmico y las inmunofilinas. Una vez producida la unión de los ligandos, los receptores son sometidos a cambios en su conformación y se separan de las proteínas chaperonas para moverse dentro de los núcleos donde se unen a elementos de la respuesta glucocorticoide negativa o positiva, en las regiones promotoras de genes antiinflamatorios o proinflamatorios.
Por lo tanto, el receptor de glucocorticoides puede inhibir la expresión de genes proinflamatorios, independientemente de la unión del ADN, por la interacción física con el factor de transcripción p65, una subunidad del factor nuclear ƙB. Los glucocorticoides pueden inducir efectos antinflamatorios a través de vías no genómoicas. Los receptores de glucocorticoides unidos a la membrana pueden activar las vías de las cinasas en cuestión de minutos.
La activación de la vía MAPK provoca la inhibición de la fosfolipasa citosólica A2α, mientras que la fosfatidilinositol 3-cinasa activada induce la óxido nítrico sintetasa endotelial y la producción subsiguiente de óxido nítrico. Por otra parte, los glucocorticoides pueden perjudicar la señalización de los receptores de las células T mediante la inhibición no genómica de la cinasa relacionada con el concogen FYN-y, la proteína tirosinacinasa específica de los linfocitos en el receptor de glucocorticoides.

Además de la sepsis por sí misma, los medicamentos usados durante su tratamiento pueden interferir en la síntesis de glucocorticoides y la señal de transducción. Por otra parte, la alteración del flujo sanguíneo de la hipófisis distal pude provocar isquemia o necrosis hipofisaria, mientras que la creciente acumulación de óxido nítrico, superóxido o, neuropéptidos o prostaglandinas centrales puede contribuir al descenso de la secreción de hormonas hipotálamo-hipofisarias en los pacientes con sepsis.

Un estudio multidisciplinario de pacientes críticos concluyó que en este contexto, el diagnóstico se confirma cuan el cortisol sérico total es <90 μg/L luego de la administración de 250 μg de ACTH,  o por una medición al azar de cortisol total <100 μg/L.
Para el shock séptico se recomienda la administración de 200 mg de hidrocortisona diarios, divididos en 4 dosis o en infusión continua de of 240 mg/día (10 mg/h) durante al menos 7 días la. Para los pacientes con el síndrome de disstrés respiratorio del adulto precoz grave se recomienda la metilprednisolona, en dosis de 1 mg/kg/día durante al menos 14 días. El papel del tratamiento glucocorticoide en otros pacientes críticamente enfermos no ha sido del todo estudiado.

Disfunción tiroidea

En los pacientes con IS e hipertiroidismo no tratado, la dosis de glucocorticoides de reemplazo debe ser 2-3 veces superior a la usual, con el fin de compensar la mayor depuración de cortisol que ocurre en el hipertiroidismo. Por otra parte, para prevenir la crisis suprarrenal, la terapia de reemplazo con tiroxina en el hipotiroidismo debe comenzar luego de haber excluido o tratado la IS.

Embarazo 


La IS en el embarazo es bastante rara pero si no se diagnostica y trata oportunamente puede provocar una gran morbilidad y también la muerte, tanto de la madre como del feto. El embarazo es un estado fisiológico de exceso de glucocorticoides y se asocia con concentraciones elevadas de globulina ligada al cortisol, al cortisol libre y a la progesterona, especialmente en las últimas semanas de gestación.
Las pacientes con IS en el embarazo deben ser tratadas con 12–15 mg/m² de hidrocortisona diarios, divididos en 3 dosis desiguales, la más concentrada a la mañana. Al comienzo del trabajo de parto, la dosis diaria de hidrocortisona se aumenta al doble o al triple o se administra una dosis parenteral de 50–100 mg, la cual puede ser administrada durante la segunda etapa del trabajo de parto. Si el parto es por cesárea, la hidrocortisona se debe administrar por vía intravenosa en dosis de 100 mg/6 horas, para luego ir disminuyendo en las 48 horas siguientes.

Interacciones medicamentosas

Los anticonvulsivos como la fenitoína, el fenobarbital y la carbamazepina estimulan el citocromo P450 3A4 y de esta manera estimulan las enzimas hepáticas y provocan un metabolismo acelerado de los glucocorticoides, con reducción de su efecto. Por el contrario, los fármacos antirretrovirales, como el ritonavir, inhiben la actividad del citocromo P3A y provocan un retardo en el metabolismo de los glucocorticoides y el consiguiente aumento de su concentración.
♦ Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti

Síndrome hiperosmolar hiperglucémico

Síndrome hiperosmolar hiperglucémico
La tasa de mortalidad es de hasta el 20%, muy superior a la de los pacientes con acidosis diabética.
Autor: Pasquel FJ, Umpierrez JE Fuente: Diabetes Care 2014;37:3124–3131 Hyperosmolar hyperglycemic state: A historic review of the clinical presentation, diagnosis, and treatment
Resumen
  1. El síndrome hiperosmolar hiperglucémico (SHH) es la urgencia hiperglucémica más grave en pacientes con diabetes tipo 2. El primer caso se describió en la década de 1880.
     
  2. Los criterios diagnósticos actuales para el SHH son: glucemia >600 m g/ dl y aumento de la osmolalidad plasmática efectiva >320 mOsm/kg en ausencia de cetoacidosis. La incidencia de SHH es < 1% de los ingresos hospitalarios de pacientes con diabetes. La mortalidad es del 10 - 20%.
     
  3. El síndrome hiperosmolar hiperglucémico (SHH) se caracteriza por hiperglucemia, hiperosmolaridad y deshidratación intensas en ausencia de cetaoacidosis.
     
  4. Se estima que la incidencia del SHH es de aproximadamente el 1% de las hospitalizaciones de los pacientes con diabetes y en la mayoría de los casos se trata de personas diabéticas de edad avanzada, aunque también se puede presentar en niños y en adultos jóvenes.
     
  5. La tasa de mortalidad es del 20%, muy superior a la de los pacientes con acidosis diabética.
     
  6. El pronóstico depende de la gravedad de la deshidratación, la presencia de enfermedades concomitantes y la edad avanzada.
     
  7. El tratamiento del SHH consiste en reemplazar la deficiencia de líquidos y corregir la hiperosmolaridad, la hiperglucemia y las alteraciones electrolíticas, así como tratar la enfermedad de base que precipitó la descompensación metabólica.
Antecedentes históricos
El SHH recibió escasa atención y su mecanismo era poco conocido hasta los trabajos de Graeff y Lips y de Sament y Schwartz en 1957. Estos autores informaron que la hiperglucemia grave producía diuresis osmótica, poliuria y déficit progresivo de agua. Evaluaron la relevancia de determinar los valores de sodio y de cloro para estimar la hipertonía extracelular y la deshidratación celular y propusieron que se debería tratar a los pacientes con hiperglucemia intensa y en coma diabético con abundancia de líquidos y dosis bajas de insulina.

Fisiopatología
El SHH se caracteriza por un aumento extremo de la glucemia e hiperosmolaridad sin cetosis significativa. Este desequilibrio metabólico es el resultado de factores sinérgicos que incluyen la deficiencia de insulina, el aumento de hormonas contrarreguladoras (glucagón, catecolaminas, cortisol, y hormona de crecimiento).
La hiperglucemia es consecuencia del aumento de la gluconeogénesis hepática, la conversión acelerada del glucógeno a glucosa (glucogenólisis) y la utilización inadecuada de la glucosa por los tejidos, especialmente el músculo.
Se produce un gradiente osmolar que extrae el agua de las células, la filtración glomerular aumenta, causando glucosuria y diuresis osmótica. La glucosuria inicial previene el desarrollo de hiperglucemia intensa, pero la diuresis osmótica continua produce hipovolemia que reduce la filtración glomerular y empeora la hiperglucemia.
En el SHH hay mayor concentración de insulina hepática y circulante, así como valores menores de glucagón que en los pacientes con cetoacidosis. La mayor proporción de insulina/glucagón circulante previene la cetogénesis y la cetoacidosis.
La intensa hiperglucemia se asocia con un gran estado inflamatorio, caracterizado por aumento de las citocinas proinflamatorias (factor-gama de necrosis tumoral, la interleucina (IL)b, IL6 e IL8) y las especies reactivas del oxígeno con aumento del estrés oxidativo que produce lipoperoxidación de las membranas celulares. Este fenómeno se revierte rápidamente en respuesta a la administración de insulina y la normalización de la glucemia.

Factores precipitantes
El SHH se produce especialmente en pacientes diabéticos de edad avanzada, en parte debido a que los ancianos tienen alterada la sensación de sed.
•    Infección: es la causa más frecuente de SHH, especialmente la neumonía y las infecciones de las vías urinarias.

•    Enfermedades clínicas subyacentes: accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, traumatismos.

•    Medicamentos: glucocorticoides, diuréticos tiacídicos, difenilhidantoína, beta bloqueantes y los antipsicóticos atípicos.

•    En niños y adolescentes, las causas desencadenantes más frecuentes son enfermedades de los sistemas circulatorio, nervioso y genitourinario. Algunos niños con diabetes tipo 1 que consumieron bebidas con alto contenido de hidratos de carbono para calmar la sed pueden sufrir hiperglucemia intensa.

Criterios diagnósticos del SHH
La definición moderna y los criterios diagnósticos para el SHH provinieron de series de casos informados por Gerich et al. y Arieff y Carroll en 1971. Los criterios diagnósticos de estos últimos son:
•    Glucemia > 600 mg/dl.
•    Osmolaridad plasmática total > 350 mOsm/l.
•    Reacción de acetona sérica de 0 a 2++ cuando el suero se diluye 1:1 con agua.
La elección de glucemia > 600 mg/dl se basó en que por encima de ese valor la osmolalidad plasmática > 350 mOsm/kg.
Los criterios diagnósticos actuales aconsejados por la American Diabetes Association (ADA) y las recomendaciones internacionales son:
•    Glucemia 600 m g /dl
•    Osmolaridad plasmática efectiva 320 mOs m /l
•    Ausencia de cetoacidosis significativa
En general aparecen síntomas de encefalopatía cuando los valores de sodio son >160 mEq/l y los de osmolalidad calculada total y efectiva son > 340 y 320 mOsm/kg, respectivamente.

Evolución del tratamiento del SHH
Antes del descubrimiento de la insulina el coma diabético se consideraba inevitable y mortal, ya que era muy raro que una persona con diabetes viviera más de unos pocos meses tras un episodio de coma diabético. Después del descubrimiento de la insulina en 1922, el coma diabético fue infrecuente y se trataba al principio con dosis de insulina de 20 a 100 unidades subcutáneas cada 30 minutos y se controlaba por la glucosuria.
En la década de 1940 la dosis total de insulina para el tratamiento del coma en el SHH fue un bolo inicial de 200 a 400 unidades intravenosas.
A partir de 1950 la mayoría de los especialistas recomendaron un bolo inicial de 20 a 80 unidades por vía intramuscular o intravenosa, seguida de la misma dosis cada 1 a 2 horas. Es decir que los pacientes con SHH necesitan dosis menores de insulina que los pacientes con cetoacidosis diabética.
A partir de 1973 para los pacientes con coma por SHH las dosis se redujeron a 16 ± 2 unidades seguidas de 5 o 10 unidades por vía intravenosa o intramuscular cada hora.
Se reconoció la importancia de la hidratación y el reemplazo de los electrolitos. La solución fisiológica (0,9% de cloruro de sodio) se recomienda en dosis de 15-20 ml/kg durante las primeras 1-2 horas, seguidos de 250–500 ml/h hasta la desaparición de la crisis hiperglucémica. El reemplazo de líquidos disminuye la glucemia en 75-100 mg/h, debido a la reducción de las hormonas contra- regulatorias y el mejoramiento de la perfusión renal.
Muchos pacientes con SHH tienen valores altos de potasio por el pasaje de potasio desde el compartimiento intracelular al plasma. Por lo tanto, se recomienda administrar potasio cuando los valores son < 5,5 mEq/l.
Otra complicación del SHH es el edema cerebral como resultado de un gradiente osmótico entre el cerebro y el plasma. Si bien este fenómeno se detectó en animales, pero no en seres humanos, se recomienda mantener los valores de glucemia en 300 mg/dl para evitar el edema cerebral.

Investigaciones a futuro
Restan varios interrogantes sin resolver sobre la patogenia y el tratamiento del SHH, para los que serían necesarios estudios prospectivos. Uno de los principales es la causa de la ausencia de cetoacidosis en los pacientes con SHH en relación con los que tienen acidosis diabética.
Se necesitan nuevas investigaciones para determinar la importancia de los marcadores inflamatorios y del estrés oxidativo, así como la evolución de los pacientes con crisis hiperglucémicas. El mejor conocimiento de estos mecanismos aportará información útil para reducir las altas tasas de trombosis y morbilidad cardiovascular asociadas con estas crisis.
Se ha detectado un aumento de SHH en niños y adolescentes y son necesarios programas para su detección precoz y su tratamiento para reducir esta complicación en la población pediátrica.
Es necesario establecer la verdadera tasa de edema cerebral en el SHH mediante estudios prospectivos bien diseñados. Asimismo, se debe resolver la controversia sobre el empleo de anticoagulantes, ya que no hay estudios al respecto.
Se necesitan estudios prospectivos para determinar estrategias eficaces para la administración de insulina y la rehidratación, así como para determinar las cifras convenientes de glucemia durante la administración intravenosa de insulina y durante la transición a insulina subcutánea en pacientes con SHH. 
*Resumen objetivo Dr. Ricardo Ferreira

Cetoacidosis diabética en adultos

Cetoacidosis diabética en adultos
La cetoacidosis diabética es un estado metabólico extremo causado por la deficiencia de insulina, especialmente en la diabetes tipo 1 y es posible prevenirla con la buena educación del paciente.Autor: Shivani Misra, Nick S. Oliver. Diabetic ketoacidosis in adults. BMJ 2015;351:h5660
¿Qué es la cetoacidosis diabetica?
La cetoacidosis diabetica (CAD) es un estado metabólico extremo causado por la deficiencia de insulina. La degradación de los ácidos grasos (lipólisis) produce cuerpos cetónicos (cetogénesis), los cuales son acíclicos. La acidosis ocurre cuando los niveles de cetonas exceden la capacidad de buffer del cuerpo.
Lo que se debe saber
• La CAD es una complicación frecuente, grave y prevenible de la diabetes tipo 1, con una mortalidad del 5,3%. Puede también ocurrir en pacientes con otros tipos de diabetes.

• Puede ser la primera presentación de la diabetes. (aproximadamente el 6% de los casos).

• El diagnóstico no siempre es evidente y debe ser considerado en cualquier persona con diabetes que no se encuentra bien.

• El diagnóstico se basa en criterios bioquímicos. Sin embargo, no siempre la hiperglucemia puede está presente y la cetonemia baja (<3mmol/l o 17,45 mg/dl) no siempre excluye la CAD.

• El tratamiento inmediato consiste en líquidos intravenosos, insulina y K, con un cuidadoso control de la glucemia y la potasemia para evitar la hipoglucemia y la hipopotasemia.

• El conocimiento del tipo de diabetes en el momento de la CAD no afecta el tratamiento inmediato, y a todos los pacientes con CAD se les debe aconsejar continuar con la insulina después del alta.

• Manejo subsiguiente debería centrarse en la educación del paciente y apoyo para evitar la recurrencia.

• Los pacientes deben ser manejados por un equipo multidisciplinario de especialistas durante y después de un episodio de la CAD.
¿Es común la cetoacidosis?
Los datos de la auditoría del Reino Unido de la diabetes a nivel nacional muestran una incidencia cruda de 3,6% en las personas con diabetes tipo 1. En el Reino Unido, anualmente, casi el 4% de las personas con diabetes tipo 1 experimenta CAD, siendo el número de episodios de CAD de 4,8/100 pacientes/año; casi el 6% de los casos de CAD ocurre en adultos con diabetes tipo 1 de reciente comienzo, mientras que el 8% de los episodios se produce en los pacientes hospitalizados que no experimentaron CAD al comienzo de la enfermedad.
¿Cómo se presenta la CAD?
En general, la CAD se desarrolla rápidamente, dentro de las 24 horas. Es típica la aparición de poliuria y polidipsia junto con vómitos, deshidratación y, si es grave, un estado mental alterado, incluyendo el coma.
Signos y síntomas de CAD
• Poliuria
• polidipsia
• Pérdida de peso
• Náuseas y vómitos
• Debilidad y letargo
• Estado mental alterado
• Respiración Kussmaul (hiperventilación profunda característica)
• Aliento cetónico (olor a manzana o pera)
Los signos provocados por la causa subyacente también pueden estar presentes, por ejemplo, los de la infección. El dolor abdominal es un síntoma común de la CAD y puede ser parte del episodio agudo o, con menor frecuencia, representar a la causa subyacente. La CAD debe ser considerada en cualquier diabético (tipo 1 o tipo 2.que desarrolle una enfermedad.
¿Cómo se diagnostica la CAD?
En general, la CAD se diagnostica por la presencia de hiperglucemia, acidosis y cetosis. Sin embargo, puede no haber hiperglucemia (cetoacidosis euglucémica) y la cetonemia puede estar baja (<17,44 mg/dl), y aun así no siempre se puede excluir el diagnóstico. Por lo tanto, el criterio clínico sigue siendo esencial. Las guías difieren en cuanto a los umbrales bioquímicos exactos para el diagnóstico.
Glucosa
La Joint British Diabetes Societies (JBDS) (Junta Británica de Sociedades de Diabetes) recomienda un valor de corte para la glucosa >200 mg /dl. El valor de corte más elevado que recomienda la American Diabetes Association (ADA) (>252,70 mg/dl) 7 puede fallar en la identificación de la cetoacidosis euglucémica.
Cetonas
A poco consenso internacional sobre cómo se debe evaluar el punto de corte de las cetonas, o si las cetonas deben ser monitoreadas para resolver la CAD. La evidencia a favor de un umbral diagnóstico específico para la CAD mediante el uso del 3-hidroxibutirato también es difícil de evaluar.
Los estudios de observación más recientes muestran una variación en los niveles de 3-hidroxibutirato, lo que significa que al utilizar un valor de corte de 17,45 mg/dl aparece el riesgo de perder a los pacientes que tienen valores inferiores. Tomados en conjunto, estos  datos significan que un valor de cetona < 17,45 mg/dl no puede excluir siempre el diagnóstico de CAD y deben tomarse en cuenta otras variables y criterios clínicos.
¿Cuál es el enfoque principal para el manejo de la CAD?
La base del tratamiento es vigilar cuidadosamente el aporte de líquidos e insulina por vía intravenosa. Los líquidos corrigen la hiperglucemia, la deshidratación y el desequilibrio electrolítico como la hipopotasemia. La insulina disminuye los niveles de glucosa y suprime la cetogénesis. Este enfoque, junto con el tratamiento de la causa precipitante y la educación adecuada del paciente antes del alta tiene muchas probabilidades de dar buenos resultados.
Líquidos intravenosos
Habitualmente, el líquido de elección inicial es la solución salina al 0,9%, a pesar de la pérdida de líquidos hipotónicos, ya que restaura el volumen intravascular, al mismo tiempo que evita un cambio rápido de la osmolaridad extracelular.
La administración posterior de líquidos depende del estado hemodinámico del paciente y de la guía que se está siguiendo, con la recomendación de la ADA, de infundir solución salina al 0,45%si el nivel de sodio es normal o elevado y la recomendación de la JBDS que recomienda el uso de solución salina al 0,9% en infusión continua.
La evidencia de ensayos aleatorizados para orientar la elección de líquidos  es limitada. El riesgo de acidosis metabólica hiperclorémica por el uso continuado de solución salina al 0,9% ha motivado que en algunos estudios utilicen soluciones de electrolitos isotónicas.
¿Qué precipita la CAD?
• Es posible que no haya un precipitante obvio, por ej., diabetes propensa a la CAD (una forma atípica de la diabetes tipo 2), en la que la CAD es la condición de presentación, pero más tarde, se puede discontinuar la insulina.

• Infección

• Suspensión de la insulina, ya sea no intencional o deliberada. Una variedad de factores puede contribuir a la omisión deliberada de la insulina: temor al aumento de peso o a la hipoglucemia, barreras financieras y factores psicológicos, como la fobia a las agujas y, el estrés.

• Insulina inadecuada.

• Enfermedad cardiovascular: por ej., derrame cerebral o infarto de miocardio.

• Tratamientos farmacológicos: esteroides, tiazidas, inhibidores del cotransportador-2 de Na-glucosa
• Considerar el diagnóstico en cualquier paciente diabéttico enfermo.
Suplementos de potasio
La hipopotasemia es una complicación grave de la CAD y potencialmente fatal. Todas las guías recomiendan el reemplazo del potasio después el primer litro de líquido infundido (o en el primer litro si ya hay hipopotasemia). La JBDS recomienda el monitoreo del potasio a la hora y las dos horas posteriores a la admisión y cada dos horas a partir de entonces.
Bicarbonato
Se recomienda la administración sistemática de bicarbonato pero debe hacerse solamente bajo la supervisión de un especialista en tratar pacientes con acidosis grave (pH <7) en los que los efectos de la acidemia sobre la contractilidad miocárdica y el gasto cardíaco pueden poner en peligro la vida. Incluso en estos pacientes los beneficios no son claros. Uno de los efectos nocivos puede ser la exacerbación de la hipopotasemia existente. También puede producirse alcalosis metabólica tardía, con desplazamiento de la curva de disociación de oxígeno hacia la izquierda, favoreciendo más la anoxia tisular.
¿Qué dosis de insulina se debe utilizar?
Tanto la JBDS como la ADA recomiendan una velocidad de infusión basada en el peso, de 0,1 U/kg/hora. No se aconseja administrar solo una dosis inicial de insulina en bolo, sobre la base de los resultados de un ensayo controlado aleatorizado que no halló beneficios.
Las dosis bajas de insulina suprimen adecuadamente la lipólisis (y por tanto la cetogénesis). Con la infusión intravenosa concomitante de líquidos, la glucemia puede normalizarse rápidamente. Sin embargo, la cetoacidosis se corrige en forma más lenta.
En promedio, deben pasar unas 6 horas de tratamiento para que la glucosa disminuya a menos de 255 mg/dl, en comparación con las 12 horas que tarda en corregirse la cetoacidosis. Por lo tanto, la insulina adecuada debe continuarse más allá de la resolución de la hiperglucemia, con el fin de garantizar la eliminación de las cetonas. Esto ha llevado al abandono de la "escala móvil" que titula la insulina según la glucemia para administrar una velocidad de infusión fija de la insulina intravenosa.
¿Cómo se debe monitorear a los pacientes ya controlados?
Algunas de las principales complicaciones de la CAD se relacionan con el tratamiento. La glucemia y la potasemia deben ser estrechamente monitoreadas y el paciente debe ser sometido a revisiones regulares, ya que el exceso de insulina puede provocar hipoglucemia e hipopotasemia y una dosis inadecuadamente baja de insulina puede fallar en suprimir la cetogénesis.
Complicaciones de la CAD en adultos
• Tromboembolismo (la CAD es un estado protrombótico)
• Arritmias y paro cardíaco (secundaria a hiperpotasemia en la presentación)
• Iatrogénica: hipopotasemia, hipoglucemia, edema cerebral (raro en adultos)
La JBDS recomienda implementar un elevado nivel de la atención y contar con un acceso venoso central para las personas con CAD grave: las personas con un trastorno metabólico grave (pH <7,1, bicarbonato <5 mEq/l, cetonas en sangre >34,9 mg/dl o hipopotasemia en la admisión (K+ <3,5 mEq /l), un puntaje de coma de Glasgow reducido o, inestabilidad hemodinámica. Sin embargo, las guías no son prescriptivas y las personas en las edades extremas o con comorbilidades también pueden requerir una atención de mayor nivel. No hay sustitutos para el monitoreo cuidadoso y las modificaciones terapéuticas a medida que el tratamiento del paciente progresa.
La mortalidad por CAD ha mejorado considerablemente pero aún persiste entre el 3% y el 5%.A menudo, la mortalidad se asocia más con la enfermedad precipitante (por ej., enfermedades cardiovasculares o infecciones) y aumenta con la edad.
¿Cuándo se debe pasar a la insulina subcutánea?
Una vez que la CAD se ha resuelto, los pacientes deben pasar al tratamiento con insulina subcutánea. No hay consenso sobre lo el punto final de la CAD basado en los valores bioquímicos la, por lo que se recomienda pasar a la insulina subcutánea cuando los pacientes ya comen y beben. Si los pacientes no comen ni beben pero ya no tienen cetonas en la sangre, se puede hacer una infusión de insulina intravenosa a velocidad variable hasta que la alimentación oral se reanuda.
Fundamentalmente, en estos casos, se debe solapar la insulina intravenosa con la insulina  subcutánea, con el fin de evitar cualquier período de deficiencia de insulina que haga correr el riesgo de una recurrencia de la cetogénesis. Las guías del Reino Unido recomiendan continuar la insulina intravenosa durante al menos 30-60 minutos después de la iniciación de la insulina subcutánea de acción prolongada. Hay evidencia de que en las personas con diabetes tipo 1 establecida, la continuación de la insulina subcutánea de acción prolongada durante toda la internación evita la hiperglucemia de rebote, pero la práctica local puede variar.
El pasaje a la insulina subcutánea se logra mejor con el apoyo de los diabetólogos, quienes siguen las recomendaciones nacionales.
¿Cómo se puede prevenir la cetoacidosis diabética?
Los pacientes con diabetes tipo 1 establecida deben ser asesorados acerca de los factores de riesgo de CAD y cómo automonitorear su glucemia y el nivel de cetonas. Los mensajes en el TweetChat muestran la necesidad que tienen los diabéticos de mejorar su educación respecto de su enfermedad, ya que muchos de ellos no tenían conocimiento de la importancia de analizar las cetonas o la diferencia entre la cetosis y cetoacidosis.
Los programas educativos estructurados ofrecen consejos sobre cómo evitar la omisión de la insulina; recomendaciones para los días de enfermedad, incluyendo el aumento de las dosis de insulina si fuera necesario y, cuándo analizar las cetonas. Se ha demostrado que esto reduce las tasas de CAD. Sin embargo, esos programas no siempre son ofrecidos y su cumplimiento puede ser escaso.
Los pacientes deben recibir asesoramiento para medir sus niveles de cetonas cuando no se sienten bien, ya que así se puede identificar una cetosis incipiente, la cual puede ser tratada aumentando las dosis de insulina; también deben saber cuándo es conveni8ente solicitar atención médica al hallar niveles elevados.
No se ha demostrado que el análisis de la cetonemia sea mejor que el de la cetonuria para prevenir la CAD. Las personas con CAD recurrente pueden tener precipitantes subyacentes y es muy útil el apoyo psicológico. En las personas con riesgo elevado de CAD se deben administrar cautelosamente los inhibidores del cotransportador-2 de Na-glucosa, aunque estas asociaciones todavía están en estudio.
Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti

miércoles, 17 de octubre de 2018

El hipo actuación y tratamiento

El hipo

Tos crónica: diagnóstico en la práctica general

Tos crónica: diagnóstico en la práctica general
Las causas más comunes, los procedimientos de estudio y cómo se puede hacer una “prueba terapéutica” cuando el diagnóstico es incierto.Autor: Dr. Kevin Barraclough BMJ 2009;338:b1218
Presentación del caso
Una mujer de 42 años, fumadora, consulta por padecer tos de 3 meses de antigüedad, que apareció durante una enfermedad con coriza. La tos empeora a la mañana y rara vez produce esputo. No tiene disnea y ha estado tomando un inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) durante 2 años para el tratamiento de su hipertensión.
Problema diagnóstico
La tos crónica se define arbitrariamente como una tos de 8 semanas de duración y es una causa frecuente de consulta en el consultorio de atención primaria. 
El problema diagnóstico es diferencias entre las causas comunes de tos crónica —asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, goteo posnasal, enfermedad por reflujo gastroesofágico y tos inducida por fármacos—y no diagnosticar causas raras pero graves de tos.
En atención primaria, a causa de tos crónica suele ser incierta siendo el asma el diagnóstico más común. En un estudio de 78 pacientes adultos, no fumadores, atendidos en el segundo nivel, y con una radiografía de tórax normal, en 73 (94%)  se consideró que la tos estaba causada por una “triada patogénica”, asma, reflujo gastroesofágico y síndrome de goteo posnasal. En 48 pacientes (62%) se halló más de 1 causa. Los estudios realizados por especialistas clínicos, la causa pudo ser establecida en el 89-100% de los casos, haciendo superfluo el diagnóstico popular previo de “tos psicógena”. En los fumadores, la tos crónica es común y también puede ser la presentación de un cuadro de enfermedad pulmonar obstructiva crónica o de carcinoma broncogénico.
Signos de alarma
Tanto en fumadores como en no fumadores ciertos cuadros requieren estudios precoces:
  • Producción copiosa de esputo (lo que indica la presencia de bronquiectasias).
     
  • Fiebre, sudoración, adelgazamiento, hemoptisis (indicando tuberculosis, linfoma, carcinoma bronquial).
     
  • Disnea intensa con la tos (indicando insuficiencia cardiaca, enfermedad obstructiva de la vía aérea, fibrosis pulmonar).
Aproximación diagnóstica: la prueba terapéutica
Si no hay signos de alarma, la “prueba terapéutica” puede ser una herramienta útil en atención primaria—si el paciente está satisfecho con el resultado del tratamiento, el diagnóstico pasa a tener una importancia secundaria, siempre que no hayan desestimado trastornos graves.  Si el paciente recae al suspender el tratamiento, es más fácil hacer un diagnóstico alternativo e intentar otro tratamiento. En una serie de 131 pacientes atendidos en el segundo nivel con tos crónica inexplicada, este enfoque tuvo una relación costo efectiva mejor que estudios más costosos como la broncoscopia.
Inicialmente, la evaluación debe recabar la información siguiente:
  • Duración y frecuencia de la tos
     
  • Características de la tos: productiva o seca, nocturna, postural o asociada con la ingestión de alimentos.
     
  • Hemoptisis o dolor torácico
     
  • Antecedente de tabaquismo y exposición al polvo
     
  • Uso de IECA
     
  • Signos de alarma—por ejemplo, disnea, sudoración, pérdida de peso
     
  • Ausencia de signos focales torácicos (incluyendo ruidos cardíacos normales
     
  • Resultado de espirometrías o velocidad del pico flujo espiratorio seriadas cuando se sospecha enfermedad pulmonar obstructiva crónica o cuando la primera prueba terapéutica no dio resultado
     
  • Radiografía de tórax si el paciente es fumador o si presenta signos de alarma; considerar también si ha fracasado la primera prueba terapéutica
Método diagnóstico a partir de la “prueba terapéutica”


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Cesación de fumar
Aunque este tópico no tiene relación con el caso aquí presentado, los autores mencionan que los estudios longitudinales muestran que la cesación de fumar reduce la tos (pero, en general, no la resuelve). Los fumadores tienen un riesgo elevado de enfermedad pulmonar obstructiva crónica y cáncer y están indicadas la radiografía de tórax y la espirometría para confirmar o descartar esas enfermedades en los fumadores
Suspensión de los IECA
El tratamiento con IECA produce tos crónica en el 15% de los pacientes. la tos puede comenzar luego de algunos años de tratamiento y suele desparecer en 1 a 4 semanas después de haber suspendido el tratamiento pero puede persistir durante aproximadamente 3 meses.
Estudios necesarios
En atención primaria no siempre están indicados estudios sencillos como la radiografía de tórax, la espirometría y la velocidad del pico flujo espiratorio en los pacientes con tos crónica pero luego de un tratamiento de prueba en los no fumadores hay que tener muy en cuenta los signos de alarma¾asma, empeoramiento con la exposición al polvo o irritantes o, tos recurrente.
Prueba terapéutica para el asma y sus variantes
El asma suele diagnosticarse sobre la base de los síntomas (tos, especialmente nocturna o durante el ejercicio, y disnea) y la presencia de obstrucción reversible de la vía aérea. Sin embargo, puede manifestarse solamente como tos sin reversibilidad de la vía aérea (asma variante tos). Estos pacientes tienen hiperreactividad bronquial en los tests de provocación con metacolina o histamina inhaladas, pero no presentan variación en el pico flujo. Otro grupo se caracteriza por tos con esputo eosinofílico sin hiperreactividad en el test de provocación (bronquitis eosinofílica sin asma). Una buena estrategia es considerar que estas variantes responden a los corticosteroides. Los corticosteroides  inhalados deben ser administrados durante 8 semanas. Cierta evidencia muestra que aunque el asma clásica puede responder ya a las 2 semanas de tratamiento, el asma variante tos y la bronquitis eosinofílica pueden tardar hasta 8 semanas en responder.
El asma puede ser descartada si la realización seriada de la velocidad del pico flujo espiratorio o la espirometría antes y después del tratamiento con broncodilatadores muestra una reversibilidad superior al 20%. Sin embargo, un resultado negativo no descarta el diagnóstico, ya que muchos asmáticos no manifiestan obstrucción reversible de la vía aérea en un momento dado. Un estudio retrospectivo de 590 pacientes con asma asistidos en una clínica de atención terciaria mostró que solo el 9% tenía más del 15% de reversibildiad de la vía aérea. En general, los pacientes con bronquitis eosinofílica no muestran reversibilidad. Por lo tanto, la reversibilidad en la espirometría tiene un 100% de especificidad para el asma pero una baja sensibilidad (posiblemente solo el 9%). El asma y sus variantes son el diagnóstico final en el 20-30% de los pacientes con tos que son derivados para su atención en clínicas de neumonología. La evidencia que indica que la tos crónica por asma es la más común en el consultorio de atención primaria es limitada, lo que puede resultar en un sobre diagnóstico de asma y el error de no reconocer otras causas, como la enfermedad por reflujo gastroesofágico.
Prueba terapéutica con inhibidores de la bomba de protones para el reflujo gastroesofágico
La tos crónica puede ser la única manifestación del reflujo gastroesofágico, el cual puede ser la causa etiológica del 10-40% de los individuos con tos crónica. Esta tos raramente ocurre durante el sueño, es más común al caminar o ponerse de pie y puede estar asociada a dolor de garganta, mientras que la tos que acompaña al asma tiene la característica de empeorar durante la noche. Otra manifestación clínica sugestiva es el ardor retroesternal, el cual suele ser posicional y ocurre unas horas después de comer. En estos casos, la tos aparece al comer o hablar.
Un metaanálisis que incluyó 15 estudios mostró que la respuesta o la falta de respuesta de los síntomas a la prueba terapéutica con inhibidores de la bomba de protones tiene una sensibilidad del 78% y una sensibilidad del 54%, determinadas a través del monitoreo del pH durante 24 horas. Por lo tanto, el 20% de los pacientes con reflujo gastroesofágico comprobado no responde a estos inhibidores, pero se aclara que la mayoría de los estudios del metaanálisis evaluaron los síntomas luego de 2 semanas. Hay escasa evidencia sobre cuál es la duración óptima del tratamiento mientras que los inhibidores de la bomba de protones pueden tardar de 1 a 3 meses en resolver la tos crónica.
Tratamiento de la rinitis, la sinusitis y el goteo posnasal
Cuando se trata del síndrome de goteo postnatal la evidencia no es tan clara. Dicho síndrome carece de un estándar diagnóstico objetivo y clínicamente se sospecha  cuando el paciente relata la sensación de goteo por detrás de su garganta o tiene un deseo recurrente de carraspear. El diagnóstico se refuerza cuando el síntoma responde a los antihistamínicos, los descongestivos o los corticosteroides nasales. Todavía se debate acerca de la medida en que este problema causa tos crónica como así la duración del tratamiento y la dosis requerida.
Sospecha de tos convulsa
En la actualidad, se considera que la infección por Bortadella pertussis es una causa reconocida de tos crónica en adolescentes y adultos, habiéndose comprobado que el 13-32% de los adultos con tos crónica tienen evidencia serológica de haber sufrido tos convulsa recientemente. Sin embargo, en atención primaria, la importancia de este diagnóstico en individuos con tos crónica es dudosa y no se cuenta con una prueba diagnóstica: los antibióticos, si se administran dentro de los 7 días de enfermedad  no afectan su evolución y el 27% de los adultos infectados a los 90 días todavía siguen con tos, sin evidencia de que esa intervención modificara esta evolución.
Análisis del caso
En el caso presentado fue apropiado suspender los IECA y revisar al paciente al cabo de un mes. La tos mejoró pero no desapareció. Como el paciente no es fumador y en ausencia de signos de alarma, se considera que es difícil que sufra una enfermedad grave. La causa posible de la tos puede ser una (o más) de la “triada patogénica”: asma, reflujo gastroesofágico o síndrome de goteo posnasal (tos mientras habla por teléfono). Algunas manifestaciones que hicieron sospechar la presencia de reflujo gastroesofágico (tos cuando habla por teléfono) y la prueba con inhibidores de la bomba de protones 2 veces por día durante 8 semanas resolvieron la tos. Un inconveniente de la prueba terapéutica es que el resultado positivo se haya debido a la remisión espontánea.  La suspensión del tratamiento y la repetición del mismo en el caso de una nueva aparición de la tos aproximan más al diagnóstico presuntivo.
Puntos importantes
  • La tos crónica suele definirse como la tos que persiste más de 8 semanas.
     
  • La tos mejora mucho dentro de las 8 semanas de haber dejado de fumar: en general, la tos causada por IECA se resuelve en 1-4 semanas posteriores a la suspensión del tratamiento.
     
  • La tos crónica inexplicada en adultos suele deberse a una de las enfermedades que componen la “triada patogénica”: asma, reflujo gastroesofágico o goteo posnasal.
     
  • El tratamiento de prueba empírico de 8 semanas es más apropiado como primera intervención que recurrir a los estudios especializados.

♦ Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti. Especialista en Medicina Interna