martes, 30 de abril de 2019

Síndrome Nefrótico y Linfoma de Hodgkin. Reporte de dos casos.


Síndrome Nefrótico y Linfoma de Hodgkin. Reporte de dos casos.

Rev Med Hered v.22 n.4 Lima oct./dic. 2011

 
NTRODUCCIÓN

El síndrome nefrótico (SN) es un trastorno que se caracteriza por proteinuria masiva y persistente, hipercolesterolemia, hipoalbuminemia y otras manifestaciones secundarias a la proteinuria masiva, como consecuencia de una lesión que altera la barrera de filtración glomerular.
Puede ser primaria o secundaria. Las primarias son producidas por una variedad de glomerulonefritis (GN) en las cuales no se conoce la causa de la enfermedad, siendo las más frecuentes la enfermedad de cambios mínimos (ECM), la glomeruloesclerosis focal y segmentaria (GEFS) y la GN membranoproliferativa (GNMP) (1,2,3). En las secundarias, el compromiso renal ocurre como parte de una enfermedad sistémica como: colagenopatías (Lupus eritematoso sistémico, Poliarteritis nodosa, etc.), infecciones (VIH, hepatitis B y C, paludismo, etc.), intoxicaciones (bismuto, mercuriales, sales de oro, etc.) y algunas veces en neoplasias: tumor de Wilms, neuroblastoma, leucemia y linfoma tanto Hodgkin como no Hodgkin (4).
Son pocos los reportes en pediatría sobre la relación entre el síndrome nefrótico (SN) y los tumores malignos, habiéndose descrito por primera vez en 1922 (5,6). Hoy se sabe que en las neoplasias sólidas como los carcinomas, el SN suele corresponder, desde el punto de vista anatomopatológico, a una glomerulonefritis membranosa (GM), mientras que en las neoplasias hematológicas, el patrón histopatológico que predomina es la ECM, asociada con mayor frecuencia al linfoma de Hodgkin; en el linfoma no Hodgkin las lesiones renales son diversas y complejas (7,8). En vista de la poca información sobre el tema, reportamos dos casos de síndrome nefrótico asociado a linfoma Hodgkin en niños.
Caso clínico 1
Varón de 7 años, con historia de 9 meses de edema generalizado. Al ingreso tenía presión arterial: 110/60 mm Hg y anasarca. Los exámenes de laboratorio mostraron: Hematocrito 37%, plaquetas 700 000, urea 15,5 mg/dl, creatinina 0,4mg/dl, colesterol 500 mg/dl, triglicéridos 370 mg/dl; proteinuria: 53,3mg/m2/h, y depuración de creatinina en 146 ml/min x 1,73m2. El examen de orina mostró proteinuria 500 mg/dl y el sedimento era normal. Con el diagnóstico de síndrome nefrótico, recibió terapia con prednisona 60 mg/m2/d por 3 meses con buena respuesta.
Cuatro meses después fue hospitalizado por presentar celulitis en el lado derecho de la cara. En dicha hospitalización se encontró una masa mediastinal en la radiografía de tórax; ante la sospecha de TBC ganglionar se inició tratamiento específico, recibiéndolo hasta la fase dos del esquema 1.
Un mes después presentó recaída del síndrome nefrótico, lo que motivó su hospitalización, iniciando corticoterapia. Al examen clínico se le encontró un ganglio supraclavicular, realizándose la biopsia ganglionar, siendo el informe Linfoma de Hodgkin clásico. Luego de la quimioterapia hubo remisión de la enfermedad hematológica y de la enfermedad renal, esta última luego de un año de tratamiento.
Caso clínico 2
Varón de 5 años con historia de un mes de edema palpebral y orinas espumosas. Al examen tenía presión arterial 110/70 mm Hg. Los exámenes de laboratorio mostraron: Hematocrito 32% plaquetas 307 000, VSG 52 mm/hora, urea 24 mg/dl, creatinina 0,7mg/dl, colesterol 227,4 mg/dl, C3 180 mg/dl, proteinuria 188 mg/m2/h. El examen de orina sólo mostró proteinuria (+); En la radiografía de tórax se observó un nódulo pulmonar solitario y el PPD era de 15mm. Además se encontró Arco Quinto negativo.
Se inició tratamiento antituberculoso (que se descontinuó luego de 20 días, posterior a la biopsia, permaneciendo con isoniacida), se realizó una biopsia pulmonar a "cielo abierto" y de un ganglio supraclavicular ( Figura 1) cuyo resultado fue linfoma de Hodgkin celularidad mixta. Recibió quimioterapia, remitiendo el cuadro hematológico. La enfermedad renal remitió a los 6 meses.
DISCUSIÓN
Los linfomas representan aproximadamente el 15% de las neoplasias pediátricas y se ubican en el tercer lugar en frecuencia luego de las leucemias y los tumores cerebrales malignos. En EEUU la frecuencia de linfoma es 3% en niños menores de 5 años y 24% en edades entre 15 y 19 años, mientras que en España la incidencia de linfoma es 15% (9).
En un estudio realizado en Cuzco, se encontró que el linfoma de Hodgkin representó el 6,7% de las neoplasias hematológicas (10). Los linfomas pueden ser de dos tipos: No Hodgkin y Hodgkin. El linfoma no Hodgkin es más frecuente en los niños más pequeños mientras que el linfoma Hodgkin lo es en adolescentes. El linfoma de Hodgkin representa el 30-40% de todos los linfomas (11); se caracteriza por el aumento de volumen de los ganglios linfáticos supraclavicular o cervical, usualmente poco dolorosos y de consistencia firme, encontrándose en el 60% compromiso intratorácico (masa mediastinal). Además pueden presentar fiebre, pérdida de peso, sudoración nocturna, prurito, y otras como, dolor abdominal, ictericia, edema periférico, dolor óseo, signos de compresión medular, obstrucción ureteral y síndrome nefrótico.
Los tumores pueden causar síndromes paraneoplásicos, estos son raros y pueden ser el primer signo o la sintomatología principal de la enfermedad.
Se ha reportado hematuria o proteinuria en pacientes con tumores y en necropsias, se ha encontrado 17-30% de pacientes con neoplasias con cambios glomerulares menores. Los reportes en pediatría son raros (12). La proteinuria puede ser detectada en pacientes con cáncer, sin embargo, el síndrome nefrótico es raro. El SN puede preceder, coincidir o seguir al diagnóstico de la enfermedad neoplásica. Richmond et al, estudiaron 696 pacientes con linfoma y médula ósea y encontraron que el compromiso renal en la enfermedad de Hodgkin era 13% (13). La incidencia de SN en linfoma de Hodgkin es 0,4% y suele coincidir con el diagnóstico o precederlo por meses o años; en ocasiones es el síntoma debut o se asocia a las recaídas, ya que la corticoterapia puede enmascarar la aparición florida del mismo (14,15).
En tumores sólidos, el SN es con frecuencia secundario, siendo el patrón histopatológico de una glomerulonefritis membranosa, mientras que en neoplasias hematológicas, el patrón predominante suele corresponder a enfermedad de cambios mínimos; pero se ha reportado otras alteraciones renales, como e la glomeruloesclerosis focal y segmentaria (GEFS) que siendo corticoresistente, remite con quimioterapia (16).
Cuando el SN se asocia a la enfermedad de Hodgkin, la lesión más común suele ser la de cambios mínimos, seguida de GEFS, mesangioproliferativa, membranosa, membranoproliferativa o por depósito de complejos inmunes. Los pacientes con linfoma de Hodgkin variedad celularidad mixta son más propensos a desarrollar nefropatía por cambios mínimos (9,17).
Cuando un SN es dependiente o resistente a corticoides debe sospecharse de enfermedad de Hodgkin concomitante (18).
Con relación a la fisiopatología del SN en el curso de un linfoma, algunos autores mencionan ciertos factores de riesgo como: Historia familiar de enfermedad de Hodgkin, infección por Ebstein Barr, estado socioeconómico, contactos sociales, trasplante renal y cardiaco (19). Los mecanismos por los que se produce un SN en un paciente con linfoma son especulativos, sin embargo se ha intentado explicar por desórdenes de los linfocitos T, vía procesos mediados por linfoquinas, por depósito de complejos inmunes, compuestos en parte por antígenos asociados al tumor, que causan depósitos subepiteliales en el glomérulo, por coagulación intravascular o amiloidosis. Así la función de las células T alteradas se asocia a: permeabilidad glomerular alterada por citoquinas, glomeruloesclerosis, sobreexpresión de pronto-oncogenes (20).
Ninguno de los dos casos tuvo biopsia renal, sin embargo al iniciar tratamiento por la enfermedad de fondo mejoró el cuadro renal, lo cual apoya la asociación con enfermedad de cambios mínimos. En los últimos controles realizados, ambos pacientes sino tenían evidencia de alteración renal.
Por todo esto en aquellos niños que cursan con síndrome nefrótico con episodios de recaídas, corticoresistencia, corticodependencia, y masas se debe sospechar no sólo en procesos infecciosos sino también en alguna enfermedad linfoproliferativa; de allí la importancia de reportar estos dos casos

  

Síndrome nefrótico debido a enfermedad por depósito de cadenas ligeras concomitante con amiloidosis AL extrarrenal

Síndrome nefrótico debido a enfermedad por depósito de cadenas ligeras concomitante con amiloidosis AL extrarrenal

Rev Med Hered vol.27 no.3 Lima jul. 2016

INTRODUCCIÓN
El estudio del síndrome nefrótico (SN) es complejo porque obedece a muchas causas, no existe una prueba definitiva y el diagnóstico causal se hace en base a un conjunto de datos. No contar con los resultados de los exámenes puede retrasar el diagnóstico (1).
Se presenta el caso de un paciente con SN debido a una nefropatía por el depósito de cadenas ligeras (CL) y con evidencia de amiloidosis extrarrenal.
PRESENTACIÓN DEL CASO
Varón de 58 años, natural y procedente de Lima.Con dos meses de enfermedad, de inicio insidioso y curso progresivo. Empezó con edema vespertino de ambos pies y edema palpebral matutino. El edema se incrementó, por lo que fue hospitalizado. El apetito estaba disminuido, la orina era espumosa y de volumen disminuido. Peso incrementado en 8 Kg.
Como antecedentes refería, tuberculosis (TB) pulmonar en 1971, con tratamiento completo; operado por pterigion en 1974; operado por peritonitis debida a apendicitis en 1999 y diagnóstico de psoriasis leve en 2007 tratada con clobetasol.
El examen físico mostró: PA 110/70 mm Hg, FC 76 latidos/min, FR 17 respiraciones/min, temperatura corporal 36,5 °C; edema blando de miembros inferiores; pulmones con hipoventilación basal, ruidos cardiacos normales. El abdomen era blando y con leve ascitis; examen urológico sin alteraciones y el examen neurológico mostró un paciente lúcido; pares craneales normales, motilidad y sensibilidad normales.
Los exámenes de laboratorio mostraron: Hematocrito 44%, hemoglobina 14,2 g/dl; VCM 88,8 µ3; leucocitos 6,220 /µl (neutrófilos 57 %, abastonados 0%, linfocitos 30%, eosinófilos 4%, monocitos 9%, basófilos 1%); plaquetas 325 x 103/µl; glucosa 4,61 mmol/l; urea 20,6 mmol/l; creatinina 212,16 µmol/l; ácido úrico 310,49 mmol/l; albúmina 2,0 g/dl; globulinas 2,3 g/dl; bilirrubina total 3,42 µmol/l; colesterol total 103,74 mmol/l; triglicéridos 4,72 mmol/l; AST 32 U/l; ALT 31 U/l; fosfatasa alcalina 135 U/l; sodio 136 mmol/l; potasio 4 mmol/l; Cloro 95,2 mmol/l; calcio ionizado 0,53 mmol/l. Tiempo de protrombina 13,4 seg. (88%), INR 1,13. Proteína C reactiva 0,42 mg/dl.
El examen de orina reveló: densidad 1,010; pH 5,0; sangre 1+, proteínas 3+; sedimento urinario con leucocitos 10 a 20 por campo y hematíes 2 a 5 por campo; el urocultivo fue negativo. La proteinuria en 24 horas fue 4,44 g, 12,2 g y 6,06 g y la depuración de creatinina 29,6 ml/min/1,73 m2. La determinación de anticuerpos antinucleares fue 1/50 patrón moteado; el anti-DNA nativo negativo, complemento C3 114 mg/dl, C4 46 mg/dl; IgM 240 mg/dl; ß2- microglobulina 9,2 mg/l; VIH (Elisa) no reactivo y HBsAg y HCV negativos.
La inmunoelectroforesis de proteínas (IEF) mostró marcada hipoalbuminemia, aumento de alfa-2, beta-1 y gamma-globulinas con la presencia de pequeña banda monoclonal y la inmunofijación en suero, Banda monoclonal de IgM tipo kappa.
La biopsia de mucosa oral reveló: Glándula salival menor con algunos focos de infiltrado linfoide y material hialino a nivel intersticial y la membrana basal de los conductos inter e intraacinar, fue Rojo de Congo alcalino positivo y Rojo de Congo pre tratado con permanganato de potasio positivo (Figura 1).

La radiografía de tórax fue normal y la ecografía abdominal mostró hepatomegalia moderada y esteatosis, litiasis múltiple vesicular, leve ascitis, y riñones de tamaño y morfología normales. La tomografía (TAC) detórax reveló leve derrame pleural bilateral, atelectasias basales, y ausencia de adenopatías. La TAC abdominal mostró leve hepatomegalia difusa, ascitis y ausencia de adenopatías, y la ecocardiografía, paredes y cavidades cardíacas normales.
El informe del estudio de médula ósea fue: celularidad 40%; relación M/E 3:1; cantidad y maduración adecuadas de las tres series; ausencia de blastos, linfocitos presentes y plasmocitos menos del 5%. La biopsia de hueso mostró médula ósea con celularidad del 25% respecto del tejido graso; presencia de las tres series con maduración adecuada, relación M/E normal y sin plasmocitosis significativa.
La biopsia renal mostró 14 glomérulos con expansión mesangial leve y asas capilares normales (Figura 2), y uno globalmente esclerosado; túbulos con degeneración turbia, con algunos cilindros hialinos no fracturados y atrofia tubular leve; intersticio con leve infiltrado linfoide y vasos sanguíneos sin alteraciones. Las tinciones con Rojo de Congo fueron negativas. La inmunofluorescencia (IF) detectó escasos depósitos de IgM y C3 en el mesangio y CL kappa 2+ a nivel mesangial y CL lambda (-). La inmunohistoquímica (IH) para CL kappa y lambda dio un resultado semejante al de IF (Figura 3).

DISCUSIÓN
El síndrome nefrótico en adultos se define por una proteinuria masiva (mayor de 3,5g/24 h) y persistente. El plan de trabajo consiste en descartar causas secundarias que ocasionen el síndrome y en caso de no encontrarse se asume que hay una glomerulonefritis (GN) primaria, siendo necesario realizar una biopsia renal para llegar al diagnóstico.
Las causas primarias constituyen el 70% de los casos de SN en adultos. En nuestro medio, las principales causas de SN primario son la GN membrano-proliferativa y la glomerulosclerosis focal y segmentaria (2).
Siguiendo con el plan de trabajo, de las causas secundarias, la diabetes mellitus y el lupus eritematoso sistémico fueron descartados por la ausencia de mayores manifestaciones clínicas y de resultados concluyentes en los exámenes auxiliares. Se consideró la amiloidosis secundaria (de tipo AA) a tuberculosis (TB) pulmonar pero el antecedente era muy lejano y no había enfermedad activa por lo que también se alejaba dicho diagnóstico. La amiloidosis secundaria en TB pulmonar suele ocurrir en las formas crónicas o recurrentes pero también se ha descrito en los casos de corta duración y con el tratamiento (3).
En nuestro medio, se recurre a la biopsia de mucosa oral para descartar amiloidosis secundaria. La mucosa oral es un lugar para biopsias que ayudan en el diagnóstico de amiloidosis sistémica aunque la sensibilidad de la prueba no ha sido definida (4,5). En nuestro caso, en la mucosa oral se halló amiloide de tipo AL según las tinciones de Rojo de Congo, alcalino y pre-tratada con permanganato de potasio que fueron positivas (Figura 1 y figura 2).
El hallazgo de amiloide AL en la mucosa oral nos llevó a estudiar el suero, hallándose una banda monoclonal de IgM tipo kappa pero no se pudo determinar la cantidad de CL libres en sangre. En la biopsia renal, la presencia de depósitos de CL de tipo kappa en el mesangio hizo el diagnóstico de enfermedad por depósito de cadenas ligeras (EDCL).
La EDCL es una enfermedad sistémica muy rara que consiste en el depósito no fibrilar de componentes de las CL tipo kappa o lambda en las membranas basales en los tejidos corporales. Es la forma clínica más común de las enfermedades por depósito de inmunoglobulinas monoclonales (80% de los casos) (6).
En el riñón, los depósitos de CL ocurren a nivel de la membrana basal de los glomérulos, túbulos y vasos capilares, en el mesangio y en el intersticio, produciendo a menudo una glomerulopatía esclerosante nodular (6,7).Los nódulos son una mezcla de CL y proteína mesangial con un aspecto muy semejante a los de Kimmelstiel-Wilson (8,9).
En contraste con la amiloidosis, los depósitos de las cadenas ligeras no son fibrilares y, por ende, son Rojo de Congo negativo. La mayoría de CL monoclonales en la EDCL son de tipo kappa (8).
Inicialmente la EDCL fue descrita por RE Randall en 1976 (10); suele afectar más a los varones y se presenta en la 5ª y 7ª década de la vida, aunque puede verse en menor edad (11). La EDCL es producida por una gamapatía monoclonal: mieloma múltiple, gamapatía monoclonal de significado indeterminado, macroglobulinemia de Waldeström y linfomas. Hasta en un tercio de los casos no se encuentra una discrasia plasmocitaria al momento del diagnóstico, como ocurrió en nuestro paciente.
El principal compromiso de la EDCL es a nivel renal y se manifiesta como proteinuria, insuficiencia renal,hematuria o hipertensión arterial (11).
La IEF en suero y el dosaje de CL libres en el suero deben ser la primera línea para el estudio de las discrasias de células plasmáticas (12). El dosaje de CL libres también es útil para el seguimiento. La cuantificación de CL libres en orina es importante si en el suero es negativo. No obstante, la prueba definitiva es demostrar CL en la inmunofluorescencia del tejido renal (13).
El tratamiento de la EDLC consiste en controlar la enfermedad de fondo, lo cual requiere de quimioterapia y trasplante de células madre; el objetivo es retardar la progresión hacia enfermedad renal crónica terminal. Las opciones incluyen bortezomib + ciclofosfamida + dexametasona; lenalidomida; ciclofosfamida + dexametasona; talidomida y melfalan. Bortezomib representa una estrategia terapéutica promisoria cuando se emplea tempranamente (13). La plasmaféresis, como adyuvante, con reposición de albúmina puede ser útil para la eliminación de paraproteínas y mejorar la albuminemia (14). Nuestro paciente recibió talidomida, ciclofosfamida más dexametasona. Después de ocho semanas, eledema había disminuido y la función renal se había normalizado.
La EDCL tiene una sobrevida de 18 meses a cinco años y son indicadores de mal pronóstico la edad avanzada, el diagnóstico de mieloma múltiple, la enfermedad renal crónica severa y el compromisocardiaco o hepático.
Hay muy pocos casos reportados de la coexistencia de EDCL y amiloidosis AL (10). Al parecer, se trata de expresiones diferentes de un mismo desorden de una clona de células plasmáticas. En nuestro caso se halló EDCL en el riñón y amiloidosis por CL fuera del riñón, en la mucosa oral, a juzgar por las tinciones con Rojo de Congo, sin descartar amiloidosis en otros órganos. Esto demuestra que no necesariamente existe una correlación perfecta entre la biopsia de mucosa oral, como suele recomendarse, y la biopsia renal para el diagnóstico de amiloidosis renal. Así mismo, demuestra que pueden coexistir la EDCL y la amiloidosis AL en un mismo paciente, siendo muy pocos los casos reportados en la literatura (10,15). Las CL pueden depositarse en los tejidos con un patrón fibrilar (como en la amiloidosis AL) y no fibrilar (o no amiloide, como en la EDCL), lo que depende de la inmunoglobulina y del tejido (15). Se ha descrito la nefropatía por la coexistencia de depósito de CL, amiloidosis AL y cilindruria de CL (15).
El inicio del tratamiento quimioterápico a pesar de no encontrarse el desorden de células plasmáticas en nuestro paciente, fue una decisión necesaria para frenar la progresión de la enfermedad.
En conclusión, el diagnóstico etiológico del síndrome nefrótico requiere de una combinación de exámenes y biopsia renal, como fue este caso debido a la enfermedad por depósito de cadenas ligeras concomitante con amiloidosis AL extrarrenal.

Calcificaciones pulmonares asociadas a insuficiencia renal crónica

Calcificaciones pulmonares asociadas a insuficiencia renal crónica
Archivos de Bronconeumologia
Vol. 43. Núm. 6.
páginas 297-353 (Junio 2007
Introducción
Las calcificaciones pulmonares son depósitos de calcio en el pulmón que se asocian a diversas enfermedades y situaciones que predisponen a su aparición. Pueden presentarse de 2 formas: metastásica y distrófica. La primera corresponde al depósito de calcio sobre tejido pulmonar sano, y la segunda, sobre tejido pulmonar lesionado. La causa más frecuente de calcificación metastásica es, con diferencia, la insuficiencia renal crónica, sobre todo si requiere tratamiento con hemodiálisis1. Dada la baja prevalencia de esta enfermedad, su patogenia es aún desconocida. La mayoría de las veces cursa de manera asintomática, pero en ocasiones puede acompañarse de disnea, desde a grandes hasta a mínimos esfuerzos, e incluso insuficiencia respiratoria crónica. Es característico que el trastorno funcional evolucione hasta producir una alteración ventilatoria de carácter restrictivo, con hipoxemia y disminución de la transferencia al monóxido de carbono (CO), aunque no siempre es así (como en el caso que presentamos, en el cual la alteración ventilatoria fue de tipo obstructivo y la presión arterial de oxígeno se encontraba dentro de los márgenes de referencia). La radiografía de tórax es muy inespecífica y en numerosas ocasiones puede ser normal. Otras veces, muestra distintos patrones, desde un infiltrado alveolar hasta un patrón nodulillar difuso bilateral. En muchas de estas ocasiones las imágenes se confunden con las de otras enfermedades como, por ejemplo, el edema pulmonar o la neumonía. La tomografía axial computarizada (TAC) de alta resolución muestra 3 patrones típicos: múltiples nódulos calcificados de distribución difusa o limitada; infiltrados mal definidos (grownd glass), o áreas de consolidación densas. Según Chan et al, la gammagrafía con 99mTc-MDP (difosfonato de metileno) podría ser la técnica con mayor sensibilidad para detectar calcificaciones pulmonares. Además, presenta la ventaja de evaluar las calcificaciones que pueda haber en otros órganos. El tratamiento irá dirigido a corregir las causas que predisponen el depósito de calcio en el pulmón como, por ejemplo, la hipercalcemia o la hiperfosfatemia, el trasplante renal o el tratamiento del hiperparatiroidismo, entre otras.
Presentamos el caso de una paciente con insuficiencia renal crónica, que había requerido hemodiálisis y finalmente trasplante renal 10 años antes, y que consultó a neumología para valorar la enfermedad pulmonar (patrón nodulillar bilateral) y el riesgo quirúrgico ante la necesidad de realizar un segundo trasplante renal.
Observación clínica
Mujer de 63 años, con antecedentes de talasemia menor, artopatía gotosa e insuficiencia renal crónica no filiada (nefropatía gotosa frente a nefritis intersticial hipopotasémica e ingesta de regaliz), que en 1992 inició tratamiento con hemodiálisis y en 1993 requirió trasplante renal. También precisó paratiroidectomía subtotal por hiperparatiroidismo terciario. Presentaba fibrilación auricular paroxística, en tratamiento con amiodarona. Una ecocardiografía realizada en mayo de 2003 mostró un ventrículo izquierdo no dilatado, con hipertrofia concéntrica, esclerosis valvular importante con insuficiencia mitral, insuficiencia tricuspídea y doble lesión aórtica moderadas. La presión arterial pulmonar era de 40 mmHg. En el año 2000, a raíz de un preoperatorio de cataratas, se evidenció en la radiografía de tórax un patrón nodulillar bilateral y se estableció el diagnóstico de fibrosis pulmonar no filiada.
La paciente ingresó en varias ocasiones por descompensación respiratoria secundaria a infección bronquial. Clínicamente presentaba disnea a esfuerzos moderados. En la actualidad presentaba nefropatía crónica del trasplante, por lo que se planteó un nuevo trasplante y se consultó a neumología para valorar la enfermedad pulmonar y el riesgo quirúrgico secundario. La radiografía de tórax mostraba un patrón nodulillar difuso bilateral, sin pérdida de volumen pulmonar (fig. 1). La exploración funcional respiratoria puso de manifiesto una limitación moderada al flujo aéreo e intensa reducción de la transferencia al CO. La capacidad vital forzada (FVC) era de 2,20 l (un 74% del valor de referencia [VR]), el volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1) de 1,37 l (63% del VR), el cociente FEV1/FVC del 62%, la capacidad residual funcional del 88% del VR, el volumen residual del 110% del VR, la capacidad pulmonar total del 91% del VR, la capacidad de difusión de CO (DLCO) del 41% del VR y DLCO/volumen alveolar del 46% del VR. Los valores de la gasometría arterial en reposo fueron: presión arterial de oxígeno (PaO2) de 82 mmHg, presión arterial de anhídrido carbónico (PaCO2) de 45 mmHg, pH de 7,41 y bicarbonato de 27 mEq/l. La TAC torácica demostró múltiples calcificaciones distribuidas en partes blandas de forma difusa, principalmente localizadas en el tejido subcutáneo; adenopatías calcificadas en la región traqueobronquial izquierda; calcificaciones aórticas y de anillo valvular mitral, y múltiples calcificaciones vasculares arteriales. En el parénquima pulmonar se evidenciaron múltiples infiltrados en vidrio deslustrado y de distribución centrolobulillar, que afectaban difusamente y de forma extensa ambos campos pulmonares (fig. 2). Todos estos hallazgos eran muy indicativos de calcificaciones metastásicas en relación con el hiperparatiroidismo terciario, secundario a la insuficiencia renal crónica.
Fig. 1. Radiografía de tórax de una paciente con calcificaciones pulmonares asociadas a insuficiencia renal crónica. Se observa un patrón nodulillar difuso bilateral.
Fig. 2. Tomografía axial computarizada de tórax que muestra la presencia de múltiples infiltrados en vidrio deslustrado y distribución centrolobulillar, indicativos de calcificaciones metastásicas.
Discusión
Las calcificaciones pulmonares metastásicas, como ya hemos comentado, se relacionan con determinadas enfermedades y situaciones que predisponen a su aparición. Entre dichas enfermedades se diferencian las de etiología benigna (insuficiencia renal crónica en hemodiálisis, trasplante hepático ortotópico, hiperparatiroidismo, ya sea primario, secundario o terciario; administración exógena de calcio y vitamina D, hipervitaminosis D, osteopetrosis y enfermedad de Paget) y las de etiología maligna (carcinoma de paratiroides, mieloma múltiple, linfoma o leucemia, carcinoma escamoso de hipofaringe, sarcoma sinovial, cáncer de mama y coriocarcinoma) (tabla I). Entre las situaciones que predisponen a la formación de calcificaciones pulmonares figuran la hipercalcemia y los ambientes alcalinos, aunque aquéllas no suelen aparecer cuando estas situaciones se presentan de forma aislada.
En la hipercalcemia no hay una correlación entre las concentraciones de calcio sérico y las calcificaciones. Incluso con cifras normales de calcio, cuando existe alguna alteración de base en su metabolismo, puede haber calcificaciones. Por otro lado, las sales de calcio precipitan en ambientes alcalinos. Los órganos que son más susceptibles a presentar calcificaciones, como el estómago, los riñones, el corazón o los pulmones, segregan radicales libres de hidrógeno y se crea entonces un ambiente tisular alcalino. También en el caso de los pulmones el pH sanguíneo es más alcalino que el de otros órganos, debido al intercambio de anhídrido carbónico. El hecho de que la calcificación se produzca sobre todo en los ápices pulmonares, (ya que esta localización permite una relación ventilación/perfusión mayor y, por consiguiente, también mayor PaO2, menor PaCO2 y pH relativamente más elevado) ha sido comentado por Chon et al1, y también por otros autores4,5 en su revisión sobre el tema.
Como ya se ha comentado, la enfermedad renal crónica que ha necesitado hemodiálisis es la enfermedad que con mayor frecuencia se relaciona con la presencia de calcificaciones metastásicas pulmonares1-3. En el caso presentado había, a lo largo de la enfermedad, 4 factores que predisponen a esta situación: a) la acidosis, que aparece en ocasiones en la insuficiencia renal, aumenta la resorción de calcio y fosfato del hueso, con el aumento de sus concentraciones en sangre; b) el hiperparatiroidismo secundario (y posteriormente terciario) aumenta también la resorción ósea de calcio y fosfato; c) la alcalosis intermitente, que se acompaña en cada sesión de hemodiálisis, y d) la disminución de la filtración glomerular de fosfato también contribuye al aumento del producto calcio-fosfato en la sangre. Todo esto, junto con las exploraciones complementarias realizadas, apoya el diagnóstico de calcificaciones pulmonares asociadas a insuficiencia renal crónica y no a fibrosis pulmonar de etiología no filiada, como se había etiquetado anteriormente la enfermedad pulmonar de nuestra paciente.
Lo que motivó la consulta al servicio de neumología era el riesgo quirúrgico de esta paciente ante un segundo trasplante. En este caso, es cierto que el riesgo quirúrgico está aumentado, pero al mismo tiempo el tratamiento más apropiado es la corrección de la nefropatía crónica del trasplante: un nuevo trasplante renal.
Por último, queremos mencionar la singularidad de este caso. Es una enfermedad poco frecuente, pero que debería considerarse ante la presencia de cualquiera de las enfermedades antes citadas. Nos gustaría recordar también que, cuando la sospechemos, aunque la radiografía de tórax sea normal, si el paciente presenta síntomas respiratorios debería realizarse una TAC de alta resolución torácica o una gammagrafía con 99mTc-MDP porque, como ya hemos dicho, la radiografía puede ser normal en numerosas ocasiones aun en presencia de enfermedad.

Insuficiencia renal crónica en pacientes nefrectomizados por cáncer renal, frecuencia y factores asociados

Insuficiencia renal crónica en pacientes nefrectomizados por cáncer renal, frecuencia y factores asociados
Revista Mexicana de Urologia
Vol. 72. Núm. 1.
páginas 1-44 (Enero 2012

INTRODUCCIÓN
Por muchos años, la nefrectomía radical se consideró el tratamiento de elección de los tumores renales corticales, los avances en imagenología han incrementado la detección de tumores renales asintomáticos, hasta en un 73%.1 Actualmente, el 50% de los pacientes con tumores resecables quirúrgicamente, se presentan sin síntomas.2 En los pacientes con tumores renales T1, se encuentra indicado realizar nefrectomía parcial cuando esta es posible.
Diversos grupos han intentado describir las consecuencias sobre la función renal, en los pacientes sometidos a nefrectomía. Este procedimiento de forma parcial, tiene como objetivo el control del cáncer renal, y además preservar tejido renal, para disminuir la posibilidad de deterioro en la función renal.3
Estudios previos han demostrado un incremento en insuficiencia renal, definido como una concentración sérica de creatinina mayor a 2 mg/dL, en los pacientes que se someten a nefrectomía radical, comparado con los sometidos a nefrectomía parcial.4 Estos estudios tienen sus limitaciones, debido a que la creatinina sérica es una medición inadecuada de la función renal, puesto que clínicamente existe una disminución relevante de la función renal, con concentraciones séricas de creatinina < 2 mg/dL.
El seguimiento a largo tiempo, de pacientes nefrectomizados por trasplante renal, demuestra que una función renal normal puede ser mantenida por un riñón solitario. Sin embargo, el paciente de trasplante renal difiere significativamente de los pacientes con cáncer renal, debido a que estos son seleccionados para minimizar comorbilidades como hipertensión arterial sistémica (HAS), diabetes mellitus (DM) y tabaquismo, tales factores conocidos, que incrementan el riesgo de insuficiencia renal.5
Las guías actuales definen la enfermedad renal crónica, mediante la estimación de la tasa de filtración glomerular (eTFG) < 60 mL/min/1.73 m2.6 Estudios experimentales han demostrado que tras la reducción de la masa renal, se produce el desarrollo de la hiperfiltración, para evitar el descenso del filtrado glomerular (vasodilatación preglomerular, aumento del flujo plasmático por la nefrona y aumento de la presión intracapilar glomerular).7
Las principales consecuencias de la enfermedad renal son: pérdida de la función que conduce a falla renal,8 lo cual puede ocasionar patologías tales como HAS, anemia, malnutrición y reducción en la calidad de vida, así como incremento en el riesgo de enfermedad cardiovascular y mayor mortalidad.9,10 Datos de grandes series, han demostrado que en el seguimiento a largo plazo, el riesgo de desarrollar insuficiencia renal crónica se encuentra incrementado en aquellos pacientes sometidos a nefrectomía radical, en comparación con los sometidos a nefrectomía parcial.11
El presente estudio busca determinar la presencia de insuficiencia renal en pacientes nefrectomizados por cáncer renal, e identificar aquellos factores asociados, en el desarrollo de enfermedad renal crónica en estos pacientes.
¡ö MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un estudio retrospectivo, observacional. Se analizaron pacientes sometidos a nefrectomía radical o parcial, por cáncer renal desde el primero de enero del 2006 al 31 de diciembre del 2010, en el Hospital General "Dr. Manuel Gea González". La función renal basal se determinó mediante el cálculo de la eTFG, utilizando la ecuación modified diet renal disease(MDRD) (186 x creatinina sérica en mg/dL x 1.154 x edad en años x 0.203 x 0.742, si es mujer), de manera preoperatoria y después de 90 días de la cirugía. Se catalogó como presencia de insuficiencia renal crónica, un valor menor a 60 mL/min/1.73 m2, de acuerdo a lo establecido por la clasificación National Kidney Foundation/Kidney Disease Outcomes Quality Initiative(KDOQI),6 que cataloga la insuficiencia renal crónica en cinco estadios:
Estadio I: 90 mL/min/1.73 m2.
Estadio II: 60-89 mL/min/ 1.73 m2.
Estadio III: 30-59 mL/min/1.73 m2.
Estadio IV: 15-29 mL/min/1.73 m2.
Estadio V: <15 mL/min/1.73 m2.
Se excluyeron del estudio, aquellos pacientes que previo al tratamiento quirúrgico, presentaron una eTFG <60 mL/min/1.73 m2. Se realizó análisis multivariado de Cox, para determinar si las variables como HAS, DM, tabaquismo, IMC o sexo, eran factores de riesgo para desarrollar insuficiencia renal crónica.
Para el cálculo estadístico utilizamos el paquete de software para Windows Stata/SE versión 9.1, StataCorp LP. El estudio fue aceptado por el comité de ética de nuestra Institución.
¡öRESULTADOS
Se sometieron 52 pacientes a nefrectomía radical ó parcial, entre el primero de enero del 2006, al 31 de Diciembre del 2010. Del total de pacientes, 52 presentaron una eTFG <60 mL/min/1.73 m2previo a recibir el tratamiento quirúrgico, por lo cual fueron excluidos cinco. De los 47 pacientes restantes (Tabla 1), 29 (61%) fueron hombres y 18 (39%) mujeres. Cuatro pacientes (8.5%), se sometieron a nefrectomía parcial y 43 a nefrectomía radical. Once pacientes (23%) con DM, 25 (53%) portadores de HAS y 19 (40%), con el antecedente de tabaquismo. Se encontró la presencia de obesidad (IMC 3 30) en ocho pacientes. Se observó que posterior al tratamiento quirúrgico, 11 pacientes (23.4%) (Tabla 2), presentaron un deterioro de la función renal por debajo de 60 mL/ min/1.73 m2, de estos seis eran hombres y cinco mujeres. Dos pacientes presentaron obesidad (IMC >30), seis pacientes eran portadores de HAS, tres tenían DM y cinco tenían antecedente de tabaquismo, de los cuales solamente uno, requirió de tratamiento sustitutivo de la función renal (diálisis peritoneal), por encontrarse en estadio V. Sin deterioro de la función renal, en ningún paciente sometido a nefrectomía parcial.
En el análisis estadístico encontramos que la nefrectomía radical presentaba un hazard ratio (HR) de uno con intervalo de confianza (IC) 95% de 0336- 2.8275.
No se encontraron factores relacionados, con el desarrollo de insuficiencia renal crónica con significado estadístico en este estudio, al relacionar edad, IMC, DM, HAS, tabaquismo, sexo o nefrectomía parcial o radical, en análisis multivariado de Cox (Tabla 3).
¡ö DISCUSIÓN De los pacientes analizados, encontramos la presencia de un 23% de pacientes con deterioro de la función renal, que coincide con lo reportado en las grandes series internacionales. Ningún paciente sometido a nefrectomía parcial, presentó deterioro en la función renal posquirúrgica, que de acuerdo a lo señalado por Sorbellini y colaboradores11 es lo esperado, puesto que está comprobado que la nefrectomía radical es un factor de riesgo independiente, para el desarrollo de insuficiencia renal crónica.12 Así lo demostró Huang y colaboradores quien encontró en 26% de los pacientes, daño renal crónico.4 Aquellos pacientes que antes de la cirugía tienen una eTFG >60 mL/min/1.73 m2 y que se someten a nefrectomía radical, tienen una disminución de la eTFG significativa.
La presencia de daño renal crónico, se observó de manera más frecuente en aquellos pacientes que eran portadores de HAS. No obstante, la HR de uno con IC 95% de .5197-1.9238, no demostró significado estadístico como lo reportado por Klarenbach y colaboradores.13
De nuestra población, 22 (44%) pacientes eran mayores de 50 años, encontrando que siete pacientes desarrollaron daño renal crónico, coincidiendo con lo reportado por Hwang y colaboradores,14 quienes encontraron mayor presencia de daño renal crónico, conforme avanzaba la edad y pasaba el tiempo de la cirugía.
Actualmente, está bien demostrado que la nefrectomía parcial tiene la misma eficacia en el control oncológico de los tumores renales T1, que la nefrectomía radical. Además, ofrece el beneficio de preservar tejido renal funcional.
Debido al tamaño de nuestra muestra, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas.
¡ö CONCLUSIONES
En el presente estudio, se demostró que aquellos pacientes sometidos a nefrectomía radical por cáncer renal, tienen una tasa elevada de insuficiencia renal crónica. Por lo cual, es necesario tener en cuenta las comorbilidades existentes previas al tratamiento quirúrgico, así como tratarlas posterior al manejo quirúrgico, con el fin de evitar la aparición de insuficiencia renal crónica. En los tumores T1, la nefrectomía parcial es el tratamiento indicado cuando esta es posible.

Correspondencia: Dr. Francisco García-Salcido. 

Diagnóstico diferencial de la insuficiencia renal aguda

Diagnóstico diferencial de la insuficiencia renal aguda
Nefroplus

INTRODUCCIÓN


El fracaso renal agudo (FRA) es un síndrome clínico, secundario a múltiples etiologías, que se caracteriza por un deterioro brusco de la función renal, cuya expresión común es un aumento de la concentración de los productos nitrogenados en sangre, con/sin disminución del volumen urinario.

Ante todo deterioro de la función renal, debemos poder distinguir ante qué tipo de insuficiencia renal nos encontramos, y al mismo tiempo, intentar descubrir su etiología. Para ello, nos apoyaremos en tres actuaciones básicas1:

1. La realización de una historia clínica detallada que incluya la anamnesis de los antecedentes personales.

2. Una exploración física minuciosa.

3. La utilización de las diferentes pruebas diagnósticas complementarias de forma escalonada en función de su eficacia e inocuidad para el enfermo.

Es importante recordar que el fracaso renal agudo en múltiples ocasiones es multifactorial, especialmente aquel que se desarrolla en el ámbito hospitalario. Y, además, es un proceso dinámico y puede evolucionar de un estadio a otro más grave.

Debemos abordar el diagnóstico diferencial del FRA desde cuatro puntos de vista (tabla 1):

1. Diagnóstico sindrómico, ¿deterioro agudo o crónico?

2. Diagnóstico funcional, ¿cuánto se ha deteriorado la función renal?

3. Diagnóstico fisiopatológico, ¿prerrenal, parenquimatoso u obstructivo?

4. Diagnóstico etiológico, ¿qué causa lo produce?


DIAGNÓSTICO SINDRÓMICO


Un aspecto importante en la evaluación del paciente con enfermedad renal es conocer la duración la enfermedad, de tal forma que conociendo ésta, el diagnóstico diferencial puede limitarse con frecuencia. Habitualmente, cuando la elevación de productos nitrogenados o bien las alteraciones en los parámetros urinarios se desarrollan en el plazo de horas o días estaremos ante un proceso agudo; si la evidencia de enfermedad renal se extiende a varias semanas representa un proceso rápidamente progresivo (subagudo) y, por último, cuando es conocido desde meses o años llevará un curso crónico, pero que puede asociarse con exacerbaciones agudas.

La etiología del FRA es muy amplia y debemos considerar que su distribución puede variar con la región geográfica e incluso con el tipo de hospital. En el estudio de Madrid (GEFRAM), en el que se evaluaron 748 casos de FRA en 13 hospitales, las causas más frecuentes fueron: necrosis tubular aguda en el 45%, prerrenal en el 21%, enfermedad crónica agudizada en el 13% (principalmente por necrosis tubular aguda o enfermedad prerrenal) y obstructiva en el 10% de los casos2. En otro estudio, realizado en 5 unidades de cuidados intensivos en Estados Unidos: Program to Improve Care in Acute Renal Disease (PICARD), incluyen a 618 pacientes, siendo las principales causas de FRA: necrosis tubular aguda (isquémica y tóxica), en torno al 70%, prerrenal en el 16%, y la patología obstructiva representó apenas el 1% de los casos3. Se han realizado pocos estudios sobre la etiología del FRA en pacientes con enfermedad renal crónica. En un estudio retrospectivo, realizado sobre 104 casos de enfermedad renal crónica en China, las causas del FRA se atribuyeron a necrosis tubular aguda/nefritis intersticial por fármacos en el 36% de los casos y a enfermedad prerrenal en el 24%. La necesidad de diálisis, el antecedente de hipertensión y los niveles más elevados de creatinina sérica fueron factores predictores independientes de escasa recuperación renal4.

Por todo ello, ante un paciente con elevación de los productos nitrogenados en sangre, la primera pregunta que debemos plantearnos es si nos encontramos ante un caso de insuficiencia renal crónica o de FRA. La distinción entre estas dos situaciones, en ocasiones, resulta difícil.

Inicialmente, deberemos averiguar la posible existencia de controles analíticos previos de la función renal obtenidos en controles rutinarios, o bien por procesos patológicos anteriores, que nos permitan conocer si el deterioro actual es agudo o crónico, así como conocer antecedentes personales o familiares de enfermedad renal u otras enfermedades sistémicas con afectación renal frecuente (p. ej., diabetes). Por otro lado, los controles analíticos posteriores serán muy orientativos: en casos de FRA el incremento diario de la creatinina sérica debe ser mayor a 0,3 mg/dl/día, mientras que en la insuficiencia renal crónica los valores de creatinina continuarán siendo constantes.

En ausencia de datos previos de la función renal, la existencia de síntomas como anorexia, astenia, calambres, náuseas, vómitos matutinos, poliuria, nicturia, etc., de larga evolución, orientan hacia un proceso crónico. El tinte urocromo prácticamente descarta el FRA. La anemia bien tolerada, la hipocalcemia, la hiperfosforemia y la acidosis metabólica no justificadas por otros motivos indican habitualmente un proceso crónico, aunque no hay que olvidar que estas alteraciones analíticas también pueden observarse en un paciente con FRA5.

Con todas las consideraciones previas, la distinción entre enfermedad renal aguda o crónica puede seguir siendo incierta. Necesitamos del apoyo de otras pruebas complementarias, así como de la observación de la evolución clínica del paciente.

FASES DEL FRACASO RENAL AGUDO

La forma más severa de FRA es la necrosis tubular aguda (NTA) y se caracteriza por la lesión subletal y letal de las células tubulares, principalmente en las porciones distales del túbulo proximal y en la porción ascendente gruesa del asa de Henle. En la fisiopatología de la isquemia renal aguda están implicados factores hemodinámicos, lesión tubular y procesos inflamatorios.

Clásicamente, el FRA isquémico se ha dividido en tres fases: iniciación, mantenimiento y recuperación. Recientemente Sutton et al. han establecido una fase de extensión de vital importancia en la fisiopatología del FRA6. Con ello se reconocen cinco estadios fisiopatológicos en el curso de la NTA (figura 1):

1. Agresión hemodinámica o tóxica (prerrenal, en inglés). Realmente podemos considerar que forma un continuo con la fase de iniciación. Ocurre cuando disminuye el flujo sanguíneo renal, pero se mantiene la integridad celular.

2. Fase de iniciación. Aparece cuando el descenso del flujo sanguíneo renal provoca una depleción de ATP. Se produce la lesión de la célula tubular epitelial (pérdida de microvilli, exfoliación, etc.).

3. Fase de extensión. Se caracteriza por la persistencia de la hipoxia y la repuesta inflamatoria, ambos eventos más pronunciados en la unión corticomedular. Es en esta fase en la que la disfunción de la célula endotelial desempeña un papel fundamental: alteración de la permeabilidad, estado procoagulante, alteración en la regulación de las células proinflamatorias, liberación de citoquinas, etc. Se produce muerte celular: necrosis y apoptosis.

4. Fase de mantenimiento. En ella, las células comienzan a repararse: desdiferenciación, migración, apoptosis, proliferación en un intento de mantener la integridad celular y tubular.

5. Fase de recuperación. Se mantiene la diferenciación celular y se restablece la polaridad epitelial.

DIAGNÓSTICO FUNCIONAL

No existe una definición universal de insuficiencia renal aguda. En general, todas las definiciones de insuficiencia renal aguda subrayan el carácter inmediato del deterioro funcional renal y la importancia del descenso brusco del filtrado glomerular y/o la elevación de los productos nitrogenados en sangre, como marcador universal de la insuficiencia renal aguda independiente de su etiología7.

El conocimiento de que el funcionamiento renal requiere tres premisas: una perfusión sanguínea adecuada, la integridad del parénquima renal y la permeabilidad de las vías excretoras, nos permite clasificar la insuficiencia renal aguda, dependiendo del elemento funcional alterado, como prerrenal si lo que falla es la perfusión renal; parenquimatosa, si la alteración se produce en las estructuras renales, y obstructiva o posrenal si el flujo urinario está obstruido. Esta clasificación ha sido utilizada de modo universal en los últimos 50 años y continúa vigente en la actualidad, además ha servido de base para la mayoría de los estudios epidemiológicos realizados en este período8.

Desde un punto de vista operativo, cada autor utiliza una definición particular para identificar el grupo de enfermos que incluye en su estudio (definición instrumental)7. Estas definiciones varían desde considerar el valor absoluto de creatinina sérica, el incremento de ésta, la determinación del filtrado glomerular o el volumen de diuresis. En ocasiones sólo se estudian situaciones particulares, como enfermos ingresados en la UCI o sólo los tratados con técnicas dialíticas.

Ante esta disparidad de criterios, en la última década se han formado diferentes grupos de estudio como Acute Dialysis Quality Initiative (ADQI) y de redes de trabajo como Acute Kidney Injury Network (AKIN) para desarrollar recomendaciones consensuadas y guías clínicas basadas en la evidencia sobre el tratamiento y prevención de la insuficiencia renal aguda. Reconocen la necesidad de unificar la definición del FRA, pero hasta la fecha sólo han consensuado diferentes clasificaciones funcionales.

Por su universalidad, bajo coste y frecuencia de uso, la determinación de creatinina ha sido el patrón utilizado para la práctica clínica en el diagnóstico y tratamiento de la insuficiencia renal aguda. Sin embargo, adolece de varios inconvenientes: se eleva cuando el filtrado glomerular ha descendido a la mitad; su concentración se ve muy influida por los cambios en la masa muscular, por el aumento de la secreción tubular en presencia de deterioro funcional  y por numerosos factores extrarrenales como peso corporal, raza, edad, sexo, etc. En resumen, el filtrado glomerular por el aclaramiento de creatinina no parece una herramienta exacta en situaciones metabólicas inestables como las que acompañan a la insuficiencia renal aguda. Sin embargo, los datos de Herrera et al., que utilizan aclaramientos de creatinina realizados en 2 horas en enfermos críticos, es sencillo y puede ser de utilidad9.

Los inconvenientes referidos asociados con el empleo uso de la creatinina posiblemente condicionan el retraso en el diagnóstico precoz de la alteración renal aguda, de forma que cuando ésta se detecta nos encontramos en una fase de daño establecido, particularmente en la forma más grave de FRA, que es la NTA. Tratando de solventar esta situación, gracias a los avances tecnológicos, proteómica, genómica y una nueva consideración fisiopatológica establecida por Sutton et al., el interés por el desarrollo y utilización de nuevos biomarcadores con mayor sensibilidad, especificidad, capacidad pronóstica, localización del daño producido y monitorización de la respuesta al tratamiento se ha disparado en los últimos años.

En resumen, debemos encontrar una o varias sustancias que en el ámbito del FRA cumplan con la definición de biomarcador: «una característica capaz de ser medida de forma objetiva y evaluada como indicador de procesos biológicos normales, o de las respuestas farmacológicas a un tratamiento»10. Las características ideales de un marcador de FRA se resumen en la tabla 211.

Avanzando en este enfoque, varios autores han propuesto el desarrollo de biomarcadores de fase, que conceptualmente hacen referencia a sustancias de un tejido que se liberan en un momento específico con respecto al tiempo en que se produce la lesión12,13. De esta forma, podemos distinguir cuatro tipos de biomarcadores dependiendo de la fase en la que se detecten:

1. Fase 1 o prelesiva: el marcador servirá para identificar sujetos en riesgo.

2. Fase 2 o lesiva precoz: el marcador servirá para identificar la aparición de la lesión.

3. Fase 3 o lesión tardía: servirán para monitorizar la evolución de la lesión y su reparación (3a) y para evaluar la función (3b).

4. Fase 4 o de recuperación: el marcador se utilizará con fines pronósticos.

CLASIFICACIÓN FUNCIONAL DE LA INSUFICIENCIA RENAL AGUDA

Sistema RIFLE

Se desarrolló durante la Segunda Conferencia de Consenso de ADQI celebrada en Vicenza en 200214. RIFLE es el acrónimo de las palabras inglesas correspondientes a riesgo (risk), daño (injury), fallo (failure), pérdida prolongada de función renal (loss) y fallo final e irreversible de la función renal (end). Por tanto, incluye tres etapas de lesión renal y gravedad creciente (risk-injury-failure) y dos de pronóstico clínico (loss-end).

Los parámetros utilizados para estratificar la lesión renal aguda son descensos porcentuales del filtrado glomerular, elevaciones relativas de la creatinina sérica con respecto a un valor basal y el descenso de la diuresis (tabla 3). Tiene en cuenta la presencia de insuficiencia renal crónica previa, así aquellos pacientes con valores de creatinina sérica >4 mg/dl son considerados en estadio F, siempre que el aumento haya sido de, al menos, 0,5 mg/dl.

Para clasificar a un paciente se debe utilizar el peor criterio (creatinina, filtrado glomerular o diuresis) que le sitúe en un mayor estadio de gravedad. El período de tiempo considerado para evaluar los cambios es de 7 días.

Esta clasificación ha demostrado ser útil para diagnosticar la insuficiencia renal aguda y clasificar a los pacientes según su gravedad funcional, pero también ha demostrado su correlación como marcador pronóstico. En una revisión sistemática15 que incluían a más de 71.000 pacientes, se han encontrado 13 estudios que comparan la mortalidad de los pacientes sin y con FRA estimado por el sistema RIFLE. La mortalidad fue del 6,95 y del 31,2%, respectivamente. Cuando analizan el riesgo relativo respecto a los enfermos que no desarrollaron FRA, éste aumentó con la gravedad en la escala RIFLE (R = 2,40; I = 4,15; F = 6,15). Resultados similares se han publicado en España (R = 2,77; I = 3,7; F = 3,52)16.

Clasificación AKIN

Es una modificación del sistema RIFLE, propuesta por la Acute Kidney Injury Network17. Se fundamenta en la aparición de nuevos datos epidemiológicos que demuestran un incremento del 80% en el riesgo de mortalidad con cambios tan mínimos en la concentración de creatinina sérica como de 0,3 a 0,5 mg/dl18. En lugar de utilizar las letras de un acrónimo emplean un sistema de estadios funcionales identificados por números que se corresponden con los tres primeros estadios del RIFLE (tabla 4).

Por tanto, sólo hay dos diferencias entre ambos sistemas: la clasificación AKIN incluye en su estadio 1 pequeños incrementos de la creatinina sérica (0,3 mg/dl) y los cambios observados en la función renal deben producirse en 48 horas. 

Añaden dos premisas:

1. Los criterios diagnósticos únicamente deben aplicarse después de optimizar el estado de volemia del paciente.

2. Cuando sólo consideremos la oliguria como criterio diagnóstico, previamente se debe descartar la existencia de uropatía obstructiva.

Cinética de la creatinina

Recientemente se ha cuestionado el empleo de cambios porcentuales de la creatinina en el diagnóstico de insuficiencia renal aguda. Es conocida la relación inversa entre filtrado glomerular y creatinina, pudiendo estimar la elevación de la segunda en función del descenso de la primera, siendo independiente de la función renal basal de la que se parta.

Utilizando un modelo matemático de cinética de la creatinina, Waikar y Bonventre demuestran que los cambios absolutos de la creatinina son capaces de detectar cualquier descenso de la tasa de filtrado glomerular antes que los cambios porcentuales, especialmente en pacientes con enfermedad renal crónica previa19.

Proponen una clasificación que contempla también tres estadios (tabla 5) basados en cambios absolutos fácilmente recordables (0,3, 0,5, 1 y 1,5 mg/dl) en dos intervalos de tiempo definidos (24 y 48 horas). Cada estadio se corresponde con un descenso aproximado del aclaramiento de creatinina: estadio 1, 19-39%; estadio 2, 30-57%; estadio 3, 49-68%.

BIOMARCADORES

Cistatina C

Es un inhibidor de las cisteín proteasas.  Es una proteína de bajo peso molecular (13 kD) y carga positiva que se sintetiza y se libera a la sangre de forma relativamente constante por todas las células nucleadas. Se filtra libremente en el glomérulo, se reabsorbe completamente en el túbulo proximal y no es secretada. Los niveles de cistatina no están modificados por la edad, sexo, raza o masa muscular. Es mejor predictor de función glomerular que la creatinina sérica en pacientes con enfermedad renal crónica20.

En el contexto de insuficiencia renal aguda se ha usado en la detección precoz en pacientes críticos. Algunos autores encuentran que un incremento del 50% en la cistatina C sérica predice 1-2 días antes la aparición de insuficiencia renal aguda que la elevación de la creatinina sérica21.

Gelatinasa asociada con lipocalina del neutrófilo (N-GAL)

Es una proteína de 25 kD conocida como siderocalina o lipocalina 2. Habitualmente se expresa a niveles bajos en varios tejidos humanos como riñón, pulmón, estómago y colon. Pertenece a la familia de las lipocalinas. En general son proteínas de pequeño tamaño que tienen la capacidad de unirse a pequeñas moléculas hidrófobas y transportarlas al interior de la célula22. Su expresión está fundamentalmente inducida por el daño epitelial.

N-GAL está emergiendo como un importante biomarcador en la detección precoz de lesión renal aguda tanto isquémica como tóxica, por su rápida expresión y detección en orina. La medición de N-GAL puede verse influida por numerosas variables, como la enfermedad renal previa e infecciones sistémicas y del tracto urinario.

Kidney Injury Molecule (KIM-1)

Es una glicoproteína transmembrana tipo 1 perteneciente a la familia de las inmunoglobulinas, altamente expresada en las células del túbulo proximal tras el daño isquémico o tóxico en modelos animales de FRA23, que puede detectarse en orina a las pocas horas. Por tanto, no es detectable en tejido sano.

Su papel principal se ecnuentra, sin duda, en el diagnóstico diferencial de la necrosis tubular aguda de origen isquémico y secundaria a determinados  tóxicos como el cis-platino frente a otros tipos de insuficiencia renal aguda (prerrenal, nefropatía por contraste) o enfermedad renal crónica24, dada su localización específica. Su uso puede venir limitado porque tarda de 12-24 horas en detectarse en orina tras la agresión.

Interleukina 18 (IL-18)

Es una citoquina proinflamatoria mediadora de la inflamación de numerosos órganos. Se induce en el túbulo proximal en respuesta a la isquemia, y se detecta en orina a las pocas horas de la agresión. Sería un biomarcador de diagnóstico precoz, sería de utilidad en el diagnóstico diferencial y tendría valor pronóstico en pacientes con insuficiencia renal aguda. La IL-18 es más específica de necrosis tubular aguda isquémica que de otras formas de necrosis tubular. No se ha visto afectada por la insuficiencia renal prerrenal, la enfermedad renal crónica o la infección del tracto urinario25.

DIAGNÓSTICO FISIOPATOLÓGICO

Las causas principales de FRA se dividen en tres categorías (figura 2)26.

Los pasos que deben seguirse ante la constatación de la elevación de los productos nitrogenados se recogen en la tabla 65.

La primera prueba diagnóstica que debe realizarse en todo paciente con deterioro de la función renal es una ecografía abdominal para descartar la existencia de un FRA obstructivo. Además, nos ofrecerá información sobre la morfología renal. Así, la evidencia de unos riñones disminuidos de tamaño nos hará sospechar la existencia de una enfermedad renal crónica (aunque ésta puede cursar con riñones normales e incluso aumentados de tamaño: amiloidosis, poliquistosis, etc.).

El siguiente paso será saber si nos encontramos ante un FRA prerrenal o parenquimatoso. La disminución del volumen circulante, por pérdidas extracorporales (hemorragia, diarrea, diuréticos, etc.), o por redistribución del líquido extracelular (estados edematosos, pancreatitis, etc.) o bien clínica de hipoperfusión renal (insuficiencia cardíaca y shock) nos harán pensar en un origen prerrenal. En estas situaciones pueden observarse hipotensión arterial, ortostatismo y taquicardia. En la exploración podremos apreciar signo del pliegue, sequedad de mucosas e hipotonicidad ocular, aunque su ausencia no descarta una disminución del volumen circulante, a veces sólo apreciable con la medida de la presión venosa central o de la presión capilar pulmonar (estarán disminuidas), o bien valorando la respuesta diurética a la expansión de volumen tras la administración de líquidos intravenosos.

En el FRA prerrenal, como se mantiene la integridad celular y tubular, la función renal mejorará cuando lo haga la causa que lo condiciona. Una vez pautado el tratamiento adecuado si no hay aumento de diuresis y/o descenso de productos nitrogenados, estaremos ante una NTA de origen isquémico.

Si descartamos el origen hemodinámico del FRA, deberemos indagar sobre el antecedente de realización reciente de pruebas diagnósticas (con contraste yodado), administración de nuevos fármacos, hábitos tóxicos (drogas, alcohol, etc.), o el uso de productos de herbolario, por ejemplo, para descartar una etiología medicamentosa y/o tóxica.

Debemos excluir otras causas de FRA parenquimatoso. Sospecharemos enfermedad tromboembólica fundamentalmente en personas mayores, con antecedentes de arterioesclerosis o de patología cardíaca potencialmente embolígena. Cualquier fármaco, con independencia de la dosis, puede dar lugar a una reacción de hipersensibilidad y nos llevará a la sospecha de una nefritis túbulo-intersticial aguda (NTIA), en especial si se acompaña de fiebre, artralgias y exantema morbiliforme. Las NTIA también pueden ser secundarias a infecciones y a enfermedades sistémicas. Las enfermedades glomerulares pueden cursar con FRA si son agudas o si siendo crónicas sufren una exacerbación, especialmente tras un brote extracapilar. En aquellas enfermedades glomerulares que cursan con hematuria (como la nefropatía IgA) el origen del FRA viene determinado por el efecto tóxico directo de los hematíes sobre el epitelio tubular. Si, además, el paciente presenta síntomas sistémicos (anorexia, fiebre, pérdida de peso, artralgias, dolores óseos, hemoptisis, etc.) se sospechará la existencia de una enfermedad glomerular secundaria a enfermedad sistémica: conectivopatías, neoplasias, vasculitis, etc. En un paciente afectado de FRA es fundamental el análisis de orina. La existencia de proteinuria moderada-severa es más frecuente en el FRA parenquimatoso secundario a glomerulonefritis, vasculitis, enfermedades sistémicas y NTIA. El sedimento en la NTA puede mostrar cilindros granulosos y/o hialinos de coloración parduzca debido a detritos celulares del epitelio tubular y la presencia de proteína de Tamm-Horsfall. Un sedimento más activo con diversos cilindros, hematuria y leucocitaria orienta hacia otras formas de FRA parenquimatoso. La eosinofiluria es típica de la NTIA inducida por fármacos.

Existen diferentes índices urinarios que nos pueden ayudar en la distinción entre FRA prerrenal y NTA. Cuando el sodio urinario sea inferior a 20 mmol/l, la osmolaridad urinaria mayor de 500 mOsm/l, la excreción fraccional de sodio (EFNa) menor del 1% y el cociente urinario/plasmático de la urea superior a 10 nos indica un origen prerrenal del FRA (tabla 7). La EFNa es el índice con mayor sensibilidad y especificidad, en general se considera que valores inferiores a 1 sugieren un origen prerrenal y los superiores a 2 se verían en la NTA. Existen excepciones a esta regla, el uso de diuréticos, la insuficiencia renal crónica, la bicarbonaturia, la glucosuria y en la enfermedad de Addison pueden aparecer valores de EFNa superiores a 2 en situaciones de fracaso prerrenal. Y, por el contrario, en las NTA secundarias a mioglobina, hemoglobina y contrastes yodados, la EFNa en muchas ocasiones es inferior a 1. Por ello algunos autores promueven que la excreción fraccional de urea <35% es un índice más fidedigno de FRA prerrenal27. En los casos excepcionales en los que se sospeche una oclusión total bilateral de las arterias renales o bien unilateral en pacientes con riñón único anatómico o funcional, si de forma precoz se puede analizar la orina (ya que rápidamente el paciente queda en anuria) observaremos que las concentraciones urinarias (sodio, creatinina, etc.) son similares a las plasmáticas28.

Completaremos el estudio con la solicitud de diferentes determinaciones sanguíneas más selectivas si sospechamos FRA en el seno de enfermedades sistémicas (pruebas inmunológicas, serologías, marcadores tumorales, entre otras). Ante la sospecha de una causa vascular del FRA se realizará una ecografía-Doppler, y posterior angio-TC o estudios angiográficos convencionales si fueran necesarios, evaluando el riesgo-beneficio por la toxicidad añadida del contraste. En la NTA, con el Doppler evidenciamos un aumento de la resistencia y disminución del flujo arterialen las arterias interlobares, que revierte durante la fase de recuperación. Se procederá a la realización de TC principalmente en los cuadros obstructivos para visualización completa de uréteres y posibilidad de definir la causa de la obstrucción. La biopsia renal se valorará ante la sospecha de enfermedades glomerulares primarias o secundarias, NTIA y en el FRA de más de 2 semanas de evolución.

El diagnóstico de NTA sigue siendo un diagnóstico de exclusión (figura 3).

DIAGNÓSTICO ETIOLÓGICO

Fracaso renal agudo prerrenal

El FRA aparece como consecuencia de multitud de procesos que conduzcan a la disminución de la perfusión renal (tabla 8)17,29,30:

Hipovolemia verdadera

La depleción de volumen intravascular verdadera puede ser secundaria a pérdidas sanguíneas (hemorragia traumática, quirúrgica, digestiva, o del posparto), pérdidas digestivas (diarrea, vómitos, laxantes, abundante débito por sonda nasogástrica), pérdidas renales (diuréticos, diuresis osmótica, diabetes insípida, insuficiencia suprarrenal aguda), aumento de las pérdidas insensibles (fiebre, quemaduras, taquipnea) o incluso la escasa ingesta de alimentos (ancianos, enfermedades neurológicas degenerativas). La depleción del volumen intravascular puede ocurrir también como consecuencia de su paso al espacio intersticial como sucede en el síndrome nefrótico, la malnutrición, la pancreatitis, la peritonitis o el síndrome por aplastamiento.

Hipovolemia efectiva

La disminución del volumen circulante eficaz con volumen intravascular conservado o incluso aumentado puede aparecer en el seno de patologías cardíacas (insuficiencia cardíaca, arritmias, taponamiento cardíaco), patologías pulmonares que afectan al gasto cardíaco (TEP, HTP) o fenómenos que produzcan vasodilatación sistémica y alteración de la permeabilidad vascular (hepatopatía, sepsis, shock anafiláctico, hipoxemia, síndrome de hiperestimulación ovárica y fármacos como la IL-2 o el IFN)31-34.

Vasoconstricción renal

La caída de la perfusión renal se puede producir como consecuencia de la vasoconstricción directa de la circulación renal. Esto ocurre en procesos como el síndrome hepatorrenal, la sepsis, el uso de sustancias alfaadrenérgicas y la hipercalcemia.

Alteración de las respuestas adaptativas renales

Los mecanismo que intentan compensar la disminución de la presión de perfusión renal mediante la vasodilatación de la arteria aferente y la vasoconstricción de la arteria eferente se pueden ver interferidos a uno u otro nivel o a ambos. La causa fundamental es el uso de fármacos, siendo éstos un desencadenante cada vez más frecuente de FRA prerrenal.

Antiinflamatorios no esteroideos

Cuando se detecta el descenso de la presión de perfusión renal en la arteria aferente se produce un aumento de la secreción de prostaglandinas. Éstas promueven, entre otros mecanismos compensadores, la dilatación de la arteria aferente a fin de garantizar la presión de filtración glomerular. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) actúan inhibiendo la producción de las prostaglandinas y, por lo tanto, impiden la vasodilatación compensadora de la arteria aferente. Los anticalcineurínicos suponen otro grupo de fármacos que producen la vasoconstricción de la arteriola aferente. En ambos casos (AINE y anticalcineurínicos) la vasoconstricción es reversible tras la retirada del fármaco en la mayoría de ocasiones35.

Inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina y antagonistas de los receptores de la angiotensina II

La acción deletérea de los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA) y de los antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA-II) se produce fundamentalmente en la arteriola eferente. Estos fármacos disminuyen la síntesis y la acción de la angiotensina II. Ésta es la principal responsable de la vasoconstricción de la arteriola eferente en las situaciones de hipovolemia, de manera que el bloqueo de su acción impide que se produzca la vasoconstricción compensadora de la arteria eferente, con lo que desciende la presión de perfusión glomerular y secundariamente disminuye el filtrado glomerular. La suspensión del IECA suele revertir la alteración de la función renal.

FRACASO RENAL AGUDO PARENQUIMATOSO

El fracaso renal agudo parenquimatoso puede definirse como un deterioro brusco de las funciones renales condicionado por la lesión anatómica de las distintas estructuras: glomérulos, túbulos, intersticio y vasos.

Este síndrome engloba, por tanto, enfermedades glomerulares agudas o agudizaciones de enfermedades glomerulares crónicas, las diferentes formas de necrosis tubular aguda, enfermedades túbulo-intersticiales agudas y patología vascular como vasculitis, enfermedad ateroembólica o fenómenos de trombosis vascular que condicionan infarto renal.

NECROSIS TUBULAR AGUDA

Es la causa más frecuente de FRA parenquimatoso en general y de forma específica en los pacientes hospitalizados, tal y como se recoge en un estudio realizado en la comunidad de Madrid2. Obedece al daño estructural de las células tubulares, del componente intersticial y de la microvasculatura renal36. Estas alteraciones están condicionadas fundamentalmente por dos tipos de mecanismos: 

1. Por isquemia prolongada en el caso de la NTA isquémica.

2. Por tóxicos en el caso de NTA nefrotóxica.

La NTA posee una etiología muy diversa y debido a la creciente complejidad y comorbilidad de los pacientes que tratamos, en la mayoría de los casos, es un proceso multifactorial (tabla 9)37.

FORMAS CLÍNICAS DEL FRACASO RENAL AGUDO PARENQUIMATOSO

Necrosis tubular aguda isquémica

La hipoperfusión renal, fundamentalmente en formas severas o prolongadas de isquemia, puede condicionar la NTA. Los pacientes que presentan hipotensión en el seno de cirugías, sangrado o sepsis, presentan riesgo aumentado para desarrollar NTA isquémica, sobre todo en presencia de otras patologías asociadas. También las formas de FRA prerrenal por hipovolemia o disminución del volumen circulante efectivo por insuficiencia cardíaca o hepatopatía, pueden perpetuarse y condicionar una NTA isquémica.

El proceso subyacente de la NTA isquémica se desarrolla en varias fases, que incluyen la alteración de la perfusión renal (prerrenal), la iniciación, la ampliación, el mantenimiento y la reparación. Estas fases tienen como resultado una importante variedad de cambios histológicos como son la pérdida del borde «en cepillo» epitelial y de las células tubulares, dilatación focal del túbulo proximal, presencia de cilindros intratubulares y áreas de regeneración celular que aparecen durante la recuperación funcional. No obstante, es habitual que exista una disociación entre la severidad del fallo renal y los hallazgos histológicos, por lo que factores se han descrito otros factores que pueden influir en el descenso del filtrado glomerular, como son los siguientes38-41:

1. La obstrucción de los túbulos colectores que podría condicionar descenso de filtrado en un número importante de nefronas.

2. La activación del mecanismo de feedback túbulo-glomerular y la consiguiente vasoconstricción arteriolar por el aumento de concentración de cloruro sódico detectado en la mácula densa.

3. La retrodifusión del fluido tubular en el epitelio dañado.

4. Apoptosis en epitelio proximal y distal.

5. Descenso del flujo sanguíneo en los capilares peritubulares por obstrucción por acumulación leucocitaria.

Clínicamente, se diferencia del FRA prerrenal en que la hipoperfusión renal ocasiona daño en las células tubulares y no se produce recuperación tras la reposición de volumen. La NTA es una complicación frecuente en la isquemia severa y puede observarse en pacientes que han sido sometidos a cirugía mayor o en casos de sepsis, fundamentalmente en pacientes mayores con otras comorbilidades como insuficiencia renal crónica previa, diabetes mellitus, arteriosclerosis o desnutrición42.

Necrosis tubular aguda nefrotóxica

El riñón es un órgano muy vascularizado y presenta una gran capacidad de concentración de sustancias tóxicas en el túbulo. Por ello es especialmente vulnerable a la acción tóxica de numerosas sustancias, fármacos y compuestos orgánicos. También es importante destacar la sinergia que existe entre la hipoperfusión renal y la exposición a determinados agentes nefrotóxicos. Además de la NTA nefrotóxica, los fármacos pueden inducir FRA por otros mecanismos (tabla 10).

Nefrotoxicidad por antibióticos  

Los aminoglicósidos son policationes, por lo tanto, presentan una pobre absorción digestiva, una escasa unión a albúmina y una rápida excreción renal mediante filtración glomerular. Producen nefrotoxicidad en el 10-20% de los casos por acumulación en la corteza renal. Se presenta como una NTA no oligúrica entre 7-10 días tras el inicio del tratamiento. En general tiene buen pronóstico, presentando lenta recuperación de función renal, aunque se han descrito casos de nefritis túbulo-intersticial irreversible en pacientes con tratamientos prolongados a altas dosis37,43. Parece que tobramicina es menos nefrotóxica que gentamicina y que estreptomicina es poco nefrotóxica, pero dado el importante riesgo de ototoxidad se utiliza muy poco. De forma experimental, amikacina es la menos nefrotóxica. Para limitar el riesgo de nefotoxicidad se recomienda la administración de los fármacos en una dosis única diaria, a excepción de tobramicina, con la que no se han evidenciado diferencias en cuanto a su acumulación renal en dosis única respecto a infusión continuada.

Las cefalosporinas, la anfotericina B y polimixinas pueden condicionar NTA. La anfotericina B característicamente produce nefrotoxicidad cuando se administra una dosis acumulada por encima de los 2 g. Las formas liposomales de fármaco parece que pueden ser menos nefrotóxicas37.

Otros

Los pigmentos orgánicos como hemoglobina y mioglobina pueden causar FRA. El primer caso se produce en situaciones que condicionen anemia hemolítica como la exposición a ciertos metales, trasfusiones incompatibles o circuitos de circulación extracorpórea. En estas situaciones no suele visualizarse orina sonrosada (ya que el pm de la Hb es de 65.000). En el caso de la rabdomiólisis, tanto el plasma como la orina son sonrosados y es característica la detección de «hemoglobina», en realidad mioglobina, en la tira de orina sin visualización de hematíes en el sedimento. En ambas situaciones deben instaurarse medidas encaminadas a la prevención del FRA como la alcalinización de la orina y el aumento de volumen urinario (mediante expansión de volumen y diurético, si es preciso).

La lista de fármacos nefrotóxicos es larga y en ella se incluyen fármacos inmunusupresores, como el grupo de los anticalcineurínicos; los solventes orgánicos que clásicamente se han empleado en intentos autolíticos; metales, herbicidas o antivirales como el foscarnet.

NEFRITIS TÚBULO-INTERSTICIAL AGUDA

La nefritis túbulo-intersticial aguda (NTIA) se define como la inflamación aguda de los túbulos e intersticio renales. La causa más frecuente de NTIA es farmacológica, con una incidencia de hasta el 71% en algunas series, fundamentalmente la NTIA ligada a antibióticos (hasta en un tercio de los casos), aunque también puede asociarse con trastornos autoinmunes, infecciosos o neoplásicos44.
Las manifestaciones clínicas suelen ser inespecíficas, como náuseas y vómitos o malestar general. La tríada clásica consistente en exantema, fiebre y eosinofilia se presenta sólo en el 10% de los casos. Habitualmente se llega al diagnóstico a través de la historia de exposición a un determinado fármaco (lo que resulta muy complicado en muchas ocasiones, ya que los pacientes suelen estar polimedicados), y a los hallazgos de laboratorio característicos (datos de FRA, eosinofilia, EFNa alrededor del 1% y presencia en el sedimento urinario de leucocitos, hematíes, cilindros leucocitarios y en algunas ocasiones eosinofiluria y manifestaciones similares a las del síndrome de Fanconi)45. El diagnóstico únicamente puede confirmarse mediante biopsia renal, que en ocasiones se retrasa en espera de que la función renal pueda recuperarse tras la suspensión del fármaco, aunque algunos estudios afirman que la instauración precoz de tratamiento con corticoesteroides mejora el pronóstico y se evidencia una mayor recuperación funcional46.

FRACASO RENAL AGUDO VASCULAR

Embolia renal

Se trata de una entidad poco frecuente, pero es importante la realización de un diagnóstico precoz ya que se trata de una entidad con mal pronóstico (con una mortalidad cercana al 30%), y es potencialmente reversible. Cursan con FRA los casos de oclusión completa de las 2 arterias renales y de la arteria en caso de riñón único. Clínicamente se presenta como FRA anúrico, y las concentraciones urinarias de sodio, creatinina y urea se acercan a las concentraciones plasmáticas. En las situaciones de oclusión parcial, puede presentarse deterioro funcional en relación con la zona renal infartada. Pueden asociarse también dolor abdominal en los flancos, periumbilical o en la fosa lumbar, fiebre, náuseas o vómitos47. En la analítica sanguínea suelen evidenciarse datos de citólisis: elevación de LDH, fosfatasa alcalina y GOT. Son útiles para el diagnóstico técnicas como el eco-Doppler y el renograma isotópico, aunque el diagnóstico de certeza se realiza por TC de alta resolución o arteriografía48.

Enfermedad ateroembólica

Es la consecuencia de la liberación de émbolos de colesterol procedentes de placas ateroscleróticas de grandes vasos y se depositan y ocluyen los vasos distales del torrente circulatorio. Como consecuencia de ello se producen manifestaciones clínicas renales, oculares, cerebrales, intestinales, pancreáticas o cutáneas. Suele presentarse como un FRA subagudo con microhematuria, en ocasiones con cilindros hemáticos, leucocituria, eosinofiluria y discreta proteinuria. Además, en la analítica sanguínea puede detectarse consumo de complemento y eosinofilia49. Es importante realizar una historia clínica completa que recoja si el paciente ha tenido antecedentes de manipulación endovascular (cirugía vascular, angiografías o cateterismos cardíacos), habitualmente en las 8 semanas previas, y la confirmación diagnóstica viene dada por la visualización de cristales de colesterol en el análisis histológico de los órganos afectados (generalmente piel, por la menor morbilidad de las biopsias cutáneas) o en los vasos retinianos (placas de Hollenhorst)50.

OTROS

Hay que considerar en el diagnóstico diferencial del FRA parenquimatoso otras entidades como son las siguientes:

1. Microangiopatía trombótica, en la que se produce trombosis arteriolar y capilar como sustrato histológico del espectro clínico que engloba al síndrome hemolítico-urémico (en el que predomina la afectación renal) y a la púrpura trombótica trombocitopénica51.

2. Hipertensión arterial maligna, en la que pueden producirse obliteración y necrosis fibrinoide arteriolar.

3. Glomerulonefritis: suele producirse FRA en el seno de glomerulonefritis proliferativas como las postinfecciosas, que cursan habitualmente como un síndrome nefrítico y suelen tener buen pronóstico, con recuperación funcional completa. Otros cuadros glomerulares pueden cursar como una insuficiencia renal rápidamente progresiva asociada a proteinuria y a hematuria. En el estudio histológico se visualizan semilunas como reflejo del daño severo de las paredes capilares glomerulares52; en este grupo se encuentran las glomerulonefritis mediadas por anticuerpos antimembrana basal glomerular, las mediadas por inmunocomplejos, las formas pauciinmunes y una variante combinante el primer tipo con la forma pauciinmune.

4. Vasculitis sistémica: el FRA en estos casos suele venir dado por la afectación glomerular en forma de glomerulonefritis necrosante con formación de semilunas, necrosis cortical por oclusión arterial (en vasculitis de grandes vasos) o hipertensión acelerada como en el caso de la esclerodermia.

En todos estos cuadros, la confirmación diagnóstica se realizará siempre mediante biopsia renal.

FRACASO RENAL AGUDO OBSTRUCTIVO

Las causas de FRA obstructivo difieren según la edad. En la infancia predominan las anomalías anatómicas, en la edad adulta, la litiasis y en pacientes mayores las causas son la hiperplasia prostática y las neoplasias pelvianas: vejiga, próstata, útero y recto (tabla 11). El FRA obstructivo es más prevalente en pacientes de edad avanzada53.

El origen de la obstrucción puede ser intraluminal, intramural o extraluminal. Entre las causas intraluminales se incluyen la obstrucción intratubular (hematuria, mioglobinuria, cristaluria asociada con fármacos como sulfamidas y aciclovir, etc.) y la obstrucción del tracto urinario por litiasis, coágulos, necrosis papilar o agregados fúngicos. Las causas intramurales son el adenoma prostático, las estenosis ureterales, las anomalías congénitas, tumores y la microvejiga secundaria a tuberculosis o radioterapia.

Las causas extraluminales se deben fundamentalmente a neoplasias y fibrosis retroperitoneal.

La clínica es variable y va a depender del lugar de la obstrucción, de si es completa o parcial, del carácter agudo o crónico de la obstrucción, etc. Es frecuente el dolor debido a la distensión de la vejiga, sistema colector o cápsula renal, aunque suele ser mínimo o ausente en las obstrucciones parciales o en aquellas que se establecen lentamente. El sitio de la obstrucción determinará la localización del dolor.

El volumen urinario es variable. Ante toda anuria brusca o bien si existen períodos alternativos de anuria/poliuria se debe descartar, en primer lugar, un FRA osbtructivo. El flujo urinario normal o incluso elevado no excluye un cuadro obstructivo como origen del FRA.

La ecografía abdominopélvica es la primera prueba diagnóstica que debe realizarse para valorar la morfología y el tamaño renal y prostático, descartar signos que indiquen dilatación de las vías urinarias y litiasis, y valorar la existencia de retenciones agudas de orina o de importantes residuos posmiccionales. Posteriormente, se valora la realización de una TC para tener una mejor definición de la etiología de la obstrucción o bien en aquellos casos que por la clínica sean altamente sospechosos de FRA obstructivo, pero en los que aún no se observa dilatación pielocalicial en la ecografía.

Los índices urinarios son poco específicos en este tipo de FRA, son similares al FRA prerrenal en la etapas iniciales de la obstrucción y se asemejan a los de la NTA cuando se reinstaura la diuresis.
Figura 1. Las cinco fases evolutivas propuestas por Sutton et al. para la necrosis tubular aguda de origen isquémico.
Figura 2. Causas más frecuentes de fracaso renal agudo.
Figura 3. Diagnóstico diferencial ante la sospecha de fracaso renal agudo.
Tabla 1. Enfoque diagnóstico de la insuficiencia renal aguda (IRA)
Tabla 2. Características ideales de un biomarcador de fracaso renal agudo
Tabla 3. Sistema RIFLE
Tabla 4. Clasificación AKIN
Tabla 5. Clasificación cinética (CK)
Tabla 6. Metodología diagnóstica en la insuficiencia renal aguda
Tabla 7. Índices urinarios
Tabla 8. Etiología del fracaso renal agudo prerrenal
Tabla 9. Causas de necrosis tubular aguda
Tabla 10. Mecanismos de necrosis tubular aguda nefrotóxica
Tabla 11. Causas principales de fracaso renal agudo obstructivo